Expertos en vacunas, epidemiología y salud pública se dieron cita en el Real e Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Sevilla para analizar el presente y futuro de dos infecciones respiratorias que causan miles de hospitalizaciones cada año: el neumococo y el virus respiratorio sincitial (VRS). La jornada «Andalucía Respira Salud: de la vigilancia a la prevención» dejó un mensaje claro: aunque el calendario vacunal actual funciona, hay que seguir ampliándolo y mejorar urgentemente los sistemas de vigilancia epidemiológica para proteger tanto a niños como a adultos.
Los especialistas destacaron que el calendario vacunal de Andalucía y España está funcionando: menos niños ingresan en hospitales por neumonías graves, menos bebés acaban en la UCI por bronquiolitis. Las cifras lo confirman. Pero los ponentes fueron tajantes: «No podemos dormirnos en los laureles», advirtieron. El calendario tiene que ser dinámico, adaptarse a la evidencia científica más reciente e incluir a nuevos grupos de riesgo que todavía quedan desprotegidos.
Otro de los mensajes que resonó con fuerza fue la necesidad urgente de modernizar las herramientas de vigilancia epidemiológica. «No podemos combatir amenazas del siglo XXI con sistemas del siglo XX», señalaron varios expertos. Piden sistemas más sensibles, integrados y, sobre todo, que funcionen en tiempo real para detectar rápidamente nuevos serotipos del neumococo, brotes de VRS o cambios en los patrones de circulación. También reclamaron mejor coordinación entre hospitales, centros de salud y comunidades autónomas para compartir datos y tomar decisiones más informadas.
En cuanto a la situación actual, los datos presentados muestran que el mapa del neumococo está cambiando. Las vacunas han hecho retroceder a algunos serotipos, pero otros están ganando terreno. Los especialistas pusieron el foco en los serotipos predominantes actualmente y en las formas invasoras más graves, las que acaban en sepsis o meningitis. Además, se subrayó un dato especialmente relevante: en neumococo, la carga de enfermedad en el adulto joven de 50 a 60 años se ha igualado a la de las personas de 60 o más, por lo que debemos prestar la misma atención a este grupo y no considerarlo «menos prioritario» solo por su edad.
En el caso del VRS, se analizó la circulación reciente de sus dos subgrupos, A y B, y cómo la pandemia alteró sus patrones habituales. Respecto a los niños, la estrategia ha sido y es un éxito rotundo en las tres temporadas que se lleva inmunizando, con una clara reducción de hospitalizaciones en lactantes. Sin embargo, en adultos queda todo por hacer: el Ministerio de Sanidad ha sacado recomendaciones mínimas solo para pacientes de riesgo, pero en este foro se defendió que incluir la vacunación contra VRS por cohorte de edad generaría mejores coberturas vacunales y, por ende, mejores resultados en salud pública.
Si hay un mensaje que los expertos quisieron dejar claro es este: la vacunación no es solo cosa de niños. A partir de los 50 años, el sistema inmunitario empieza a perder fuelle, las enfermedades crónicas se acumulan y el riesgo de complicaciones graves por neumococo o VRS se dispara. Sin embargo, las tasas de vacunación en adultos siguen siendo muy bajas. «Tenemos que cambiar el chip», insistieron los ponentes. La vacunación del adulto debe integrarse en la práctica clínica habitual, en las consultas de Atención Primaria, en los programas de crónicos. No es una opción, es una necesidad de salud pública.
La jornada «Andalucía Respira Salud» dejó claro que queda mucho por hacer. Los avances son innegables, pero los retos también. Ampliar el calendario, modernizar la vigilancia, proteger a los adultos mayores y a los de mediana edad con alto riesgo. No son deseos, son compromisos que la salud pública debe asumir ya. Como señalaron varios participantes al cierre del encuentro: «No podemos permitirnos perder el impulso. Cada hospitalización evitada, cada vida salvada, justifica cada esfuerzo». La pregunta ahora es si las administraciones escucharán el mensaje.