El voluntariado corporativo puede ir mucho más allá de una acción puntual. Cuando se integra en la cultura de empresa, se convierte en una herramienta capaz de generar impacto social y fortalecer los equipos internos. Así lo demuestra la colaboración entre Norte Joven y Fiserv España.
La iniciativa nació del impulso personal de Ana Álvarez, Office Manager de Fiserv España, quien conocía la labor de Norte Joven desde hacía años. Su vínculo con la entidad no era casual: su hermana trabajó en la organización y ella misma había participado anteriormente en programas de voluntariado, tanto impulsándolos desde Barclays como impartiendo clases de salud y ciencias naturales.
“Creemos que apoyar a los jóvenes es fundamental, son el futuro. La labor que hace Norte Joven enseñando oficios y ayudándoles a encontrar su propósito es muy valiosa”, explica.
Una propuesta que movilizó a todo el equipo
El equipo de Fiserv buscaba una acción solidaria que tuviera un impacto tangible en su entorno. Tras proponer varias organizaciones y someter la decisión a votación interna, el proyecto de Norte Joven fue el que obtuvo mayor respaldo.
A partir de ahí, pusieron en marcha una iniciativa sencilla pero eficaz: organizar desayunos solidarios en la oficina para recaudar fondos destinados a los programas de formación de la entidad. Además, la compañía se comprometió a igualar la cantidad recaudada, duplicando así el impacto económico.
La implicación del equipo fue inmediata. “Un compañero que trabaja en remoto desde Málaga viajó a la oficina y se ofreció voluntariamente para cocinar esa semana. Preparó macedonias de frutas caseras que fueron todo un éxito”, recuerda Ana. Incluso personas ajenas a la empresa que se encontraban de visita se sumaron a la iniciativa.
Más allá de la recaudación
La colaboración no solo permitió recaudar fondos, sino también reforzar el espíritu de equipo y el compromiso interno con causas sociales. Para 2026, Fiserv prevé continuar apoyando a Norte Joven, especialmente en iniciativas vinculadas a la formación para la integración laboral.
Para Ana, el resultado superó las expectativas iniciales. “No sabía cómo iba a recibirlo el equipo ni si funcionaría. Ha sido ilusionante ver la implicación de todos”.
Experiencias como esta reflejan cómo la colaboración entre empresas y entidades sociales puede generar beneficios compartidos: apoyo directo a proyectos formativos y, al mismo tiempo, cohesión y propósito dentro de las organizaciones.
Cuando el compromiso individual se convierte en acción colectiva, el impacto trasciende lo puntual y se traduce en oportunidades para quienes más lo necesitan.