The Future Game: aprender a moverse cuando no hay mapa - TeamLabs/

Compatibilità
Salva(0)
Condividi

Por Néstor Santana, head of incubation & acceleration en TeamLabs/

Hay momentos en los que te enfrentas a un reto y no tienes ni idea de por dónde empezar. No hay instrucciones, no hay respuestas claras y, si somos honestos, tampoco demasiadas certezas. Bienvenidos a la vida real. Y también a The Future Game.

Este programa, que se desarrolla en segundo curso de LEINN, es una inmersión práctica en la metodología de design thinking: una forma de abordar problemas complejos poniendo a las personas en el centro, combinando investigación, creatividad y experimentación constante. No va de aprender teoría para aplicarla “algún día”. Va de meterse de lleno en problemas reales, con impacto, y empezar a hacer.

Proceso en The Future Game

El punto de partida es elegir un ámbito de exploración: desde educación, salud o consumo hasta transformación social o cultura.

Diferentes ecosistemas repletos de retos complejos que conectan directamente con grandes desafíos globales recogidos en los Objetivos de Desarrollo Sostenible impulsados por la ONU. Marcando la hoja de ruta hacia un desarrollo más justo, sostenible e inclusivo. Pero lejos de quedarse en un marco teórico, estos objetivos se aterrizan: se observan en contextos reales, se traducen en problemas concretos y se trabajan desde lo cercano y lo accionable.

A partir de ahí, comienza el verdadero juego: explorar sin prisa, observar, preguntar, escuchar… y, sobre todo, incomodarse un poco. Porque aquí no se trata de tener razón, sino de entender mejor.

Durante esta primera fase, los equipos se sumergen en procesos de design research, recopilando información, detectando patrones y generando insights. Y llega entonces uno de los momentos más importantes del programa: el problem statement. Traducido: ponerle nombre, forma y foco a un problema real a partir de todo lo aprendido.

Y es justo ahí donde el proceso da un salto clave: los problemas se transforman en retos accionables. Preguntas abiertas que invitan a crear y no solo a analizar: «¿Cómo podríamos reducir el impacto medioambiental de los procesos ganaderos? ¿Qué barreras existen para acceder a una vivienda digna en entornos urbanos? ¿Cómo podemos fomentar el bienestar emocional en jóvenes en contextos digitales?»

Y aquí viene lo interesante. Porque una vez entiendes bien el problema, todo cambia.

Empieza la ideación. Sesiones de co-creación, dinámicas de creatividad, ideas que parecen absurdas (algunas lo son) y otras que empiezan a tener sentido. El objetivo no es encontrar “la idea perfecta”, sino abrir el abanico y aprender a construir soluciones desde distintas perspectivas.

Pero en The Future Game las ideas no se quedan en post-its bonitos. Hay que bajarlas a tierra. Elegir una, convertirla en propuesta y, sobre todo, ponerla a prueba.

Aquí entra en juego el enfoque lean: definir hipótesis, diseñar experimentos y salir a validarlas. Con usuarios reales, en contextos reales. Y sí, muchas veces las hipótesis fallan. Y eso está bien. Porque cada fallo es información.

Iterar se convierte en la norma. Ajustar, repensar, volver a probar. Hasta que poco a poco la propuesta de valor empieza a tomar forma. Y con ella, un modelo de negocio que tiene sentido.

En este punto, los leinners no solo han desarrollado una solución. Han aprendido a enfrentarse a problemas reales de la sociedad, a entender su complejidad y a intervenir sobre ellos con criterio. Han pasado de observar a actuar. De analizar a proponer. En definitiva, empiezan a convertirse en auténticos agentes de cambio, capaces de impactar tanto en sus propios proyectos como dentro de organizaciones y grandes corporaciones.

El programa culmina con un pitch final, pero eso casi es lo de menos. Lo realmente importante es lo que pasa antes: el proceso.

Porque The Future Game no va solo de crear soluciones. Va de desarrollar una forma de pensar y de actuar. De aprender a moverte en la incertidumbre sin bloquearte. De entender que no necesitas tener todas las respuestas para empezar, pero sí una metodología para avanzar.

Al final, los leinners no solo salen con un proyecto. Salen con algo más valioso: la capacidad de enfrentarse a cualquier reto —en una startup, en una corporación o en su propio proyecto— sabiendo que, aunque no haya mapa, tienen las herramientas para construir el camino.

Y eso, en el mundo que viene, ¡no es poca cosa!

Recapiti
Mathew