El 24 de mayo de 1909 se declararon los primeros parques nacionales europeos en Suecia. Desde 1999 la organización paneuropea EUROPARC, promueve la celebración del Día Europeo de los Parques Naturales para concienciar sobre la importancia de la conservación de la naturaleza y de los espacios naturales protegidos de 39 países. Es una ocasión que nos invita a reflexionar desde una perspectiva sabia y respetuosa de estos santuarios de naturaleza salvaje que aún nos quedan.
Hoy en día los parques naturales no son solo destinos para pasear y desconectar del ruido, son una lucha por la conservación de la biodiversidad, la regulación de los ciclos naturales y la conexión de las personas con su entorno.
Los parques, nuestra responsabilidad
Después del confinamiento por el covid y los posts de internet sobre paraísos naturales, estos espacios sufren las consecuencias ecológicas de demasiadas visitas.
En los parques próximos a núcleos urbanos o mediáticos, la masificación turística es una amenaza real y silenciosa. Lo que muchos entienden como una ruta de fin de semana puede acabar trágicamente en compactación del suelo, pérdida de vegetación, alteración del comportamiento de la fauna y residuos por todas partes que pasan a formar parte del paisaje. La basura que abandonamos en la naturaleza, conocida como “basuraleza”, además de ser un residuo que afecta tanto al paisaje como a su fauna y flora, es el síntoma más claro de la grandísima desconexión que sentimos los humanos por el medio natural.
No es que no podamos ir a pasear por la naturaleza, pero debemos estar más atentos y ser conscientes de las consecuencias de nuestro paso por ella y su fragilidad.
Los beneficios de la naturaleza
La naturaleza nos ayuda a mantener la salud física y mental como sustento vital, reduciendo el estrés, la presión arterial y mejorando el sistema inmunológico. El contacto con entornos naturales mejora la concentración, la autoestima, el estado de ánimo y la calidad de vida, además de ser una fuente directa de recursos como agua, aire limpio y alimentos.
Los parques naturales no son un lujo ni un decorado, pero lo terminarán siendo si no cambiamos nuestra forma de relacionarnos con ella. Ya no basta con la conservación; hay que restaurar, cuidar y reimaginar nuestra relación con la naturaleza. Es una necesidad ecológica, cultural y emocional y no solo un bonito paisaje: es un pacto con el futuro.