Son muchos los que opinan que Berlanga consiguió sensibilizar más y mejor a la opinión pública sobre la pena de muerte con El Verdugo, una película impregnada de humor corrosivo en la que un buen hombre se ve obligado a ejercer de verdugo para poder optar a una vivienda oficial, que otros muchos autores de películas que trataban el asunto desde un punto de vista supuestamente más trascendental.
Es muy posible que, desde siempre, el humor sea el camino más rápido y eficaz para intentar llamar la atención sobre algunos asuntos. En Calle Esperanza nos acercamos a uno de esos asuntos. Algo estamos haciendo mal cuando, con demasiada frecuencia, se permite que una persona mayor, sola, enferma y sin recursos, se vea en la calle después de ser desalojada de la casa donde a lo mejor ha pasado media vida. Y se hace formalmente, con todas las de la ley, por parte de empresas dedicadas al negocio inmobiliario. Un fracaso de nuestra sociedad que tarde o temprano se acabará resolviendo. Hagamos lo que podamos mientras tanto. Nosotros, desde el escenario, lo intentamos ahora con Calle Esperanza, un texto traspasado de humor y emoción, unos magníficos intérpretes y un equipo insuperable.
Miguel Rellán
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