Un ejemplo practico del principio de subsidiariedad, las fundaciones comunitarias

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Por Fernando Moreno Cea


El principio de subsidiariedad establece que los asuntos públicos deben ser gestionados por la entidad más cercana a los ciudadanos (a nivel local o particular), por lo que las instancias superiores (el Estado, las Comunidades Autónomas, la Unión Europea, etc.) solo deben intervenir de forma supletoria cuando estos no puedan ser resueltos eficientemente a nivel inferior.


Con objeto de constatar la plena vigencia actual de este principio, así como las consecuencias prácticas que del mismo se derivan, Carlos Álvarez, que fue presidente durante un largo periodo de la Asociación Española de Fundaciones, puso de manifiesto en una reciente conferencia titulada “Subsidiariedad: autonomía y libertad”, el papel que desempeñan las fundaciones en la resolución de los diversos retos a los que ordinariamente se enfrentan los ciudadanos de a pie en la sociedad en la que vivimos.

Y, entre ellas, resaltó un tipo de fundaciones que propician plenamente la aplicación práctica de este principio, las llamadas fundaciones comunitarias. Las cuales nacieron en 1914 en Cleveland (USA) de mano del banquero Frederick H. Goff, y pronto se extendieron, primero en el ámbito anglosajón, y después por el resto del mundo.

En el ánimo de Goff estaba evitar que los legados caritativos quedaran obsoletos con el tiempo y se convirtiesen en «manos muertas». Para eso creó un fondo flexible que pudiera adaptarse a las necesidades de la ciudad según fueran estas cambiando por el paso del tiempo. Su objetivo era reunir donaciones de múltiples personas y entidades para constituir fondos permanentes destinados a mejorar la calidad de vida de una comunidad concreta, con una gestión independiente y orientación al interés general.

Este modelo introdujo dos elementos clave: la participación de la ciudadanía en la filantropía y la visión a largo plazo, mediante la creación de patrimonios estables dedicados al desarrollo local.

En cuanto a su implantación en el mundo, Hoy existen más de 750 en Estados Unidos, que gestionan inversiones de miles de millones de dólares. Canadá fue el primer país en replicar el modelo con la Winnipeg Foundation en 1921, que ha desarrollado herramientas innovadoras como «Signos Vitales» (Vital Signs); un informe periódico que mide la calidad de vida local para guiar las inversiones de la fundación.

Por lo que a Europa concierne, en Reino Unido el movimiento cobró fuerza en los años 80 del siglo XX como respuesta a los recortes en la financiación pública local. Actualmente, su red cubre casi todo el territorio británico. En Alemania se han creado a partir de 1990 una 400 «Bürgerstiftungen» (fundaciones ciudadanas). Estas se caracterizan por una alta participación de voluntarios y por centrar su actividad en la realización de proyectos formativos y de cohesión social. Por su parte, Italia destaca por el fuerte apoyo recibido de las fundaciones bancarias de origen histórico, que han impulsado la creación de fundaciones comunitarias especialmente en el norte del país para fortalecer el tejido social local.


Fernando Moreno Cea

Abogado y Socio del Bufete Mas y Calvet, donde dirige el área de Economía Social y Entidades sin fin de lucro. 

Colegiado en el Ilustre Colegio de Abogados de Madrid desde 1985, se ha especializado en asesorar jurídica y fiscalmente a fundaciones, asociaciones y otras entidades del Tercer Sector vinculadas a la asistencia social, la educación y la cooperación internacional al desarrollo. Es especialista en Derecho Fiscal.

Ha sido reconocido en The Best Lawyers in Spain® desde 2020, en la categoría Tax Law

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Finalmente, en América latina, México es el país con mayor implantación con unas 27 fundaciones comunitarias operativas. Que han sido un elemento clave para canalizar recursos con los que afrontar las consecuencias de los desastres naturales, y para fortalecer el desarrollo económico en zonas rurales y fronterizas con Estados Unidos.

A escala global, estas organizaciones comparten principios comunes -arraigo territorial, gobernanza plural y apoyo a iniciativas locales-, aunque adoptan formas jurídicas y modelos operativos diversos según el país. La fundación comunitaria fomenta la corresponsabilidad. No se limita a dar ayudas, sino que activa la filantropía local y el voluntariado, convirtiendo a los ciudadanos en protagonistas del cambio en su propio entorno. Es una herramienta de resiliencia que permite a las comunidades resolver sus propios retos de forma ágil y coordinada.

En España, las fundaciones comunitarias son una realidad relativamente reciente en comparación con otros países. Comienzan a desarrollarse de forma más visible a partir de la primera década del siglo XXI, impulsadas por el interés en fortalecer la filantropía territorial, la participación ciudadana y la colaboración entre actores locales. Estas fundaciones actúan como plataformas que conectan a donantes, administraciones, empresas y organizaciones sociales, apoyando proyectos orientados al bienestar social, la cohesión comunitaria, la inclusión, la cultura o el desarrollo sostenible.

Su crecimiento es todavía limitado en número, pero el impacto es significativo. Desde la Asociación Española de Fundaciones se ofrece una ayuda práctica para su creación y gestión https://fundaciones.org/comunidad-aef/fundaciones-comunitarias/. Con su impulso y ayuda se han creado ya doce fundaciones repartidas por toda la geografía española, aunque se constata una mayor implantación en zonas de la vertiente mediterránea y este del país.

En definitiva, se puede constatar que las fundaciones comunitarias son actualmente una herramienta eficaz para afrontar los retos a los que nuestra sociedad se enfrenta en el ámbito local. Mediante el fomento de la corresponsabilidad ciudadana como complemento de la acción pública, contribuyen al fortalecimiento del tejido social y cívico en los territorios donde operan, pues su misión no es generar dependencia, sino construir comunidades más autónomas, cohesionadas y resilientes.

Y, como manifestaba Carlos Álvarez en su citada conferencia, es de desear que el ciudadano de a pie no limite su participación ciudadana al hecho de concurrir a votar cada cuatro años en las elecciones parlamentarias. Sino que se comprometa, en ejercicio de su libertad y desarrollo personal, en la batalla de lograr el bien común mediante su participación en entidades que, como las fundaciones comunitarias, llevan a la práctica día a día el principio de subsidiariedad.

Las fundaciones comunitarias representan la esencia del principio de subsidiariedad: transformar la sociedad desde la fuerza, la dignidad y el compromiso de las propias comunidades.



Recapiti
Elena Marcos