Nuestro Blog de Educación Inclusiva, tras analizar qué es el acoso escolar según UNICEF, destaca el papel fundamental de esta organización perteneciente a las Naciones Unidas.
Creada en 1946, después del impacto de la Segunda Guerra Mundial sobre la población infantil, UNICEF trabaja para proteger los derechos de los niños, niñas y adolescentes en todo el mundo. Su labor abarca ámbitos tan importantes como la educación, la salud, la protección y la atención en emergencias.
En este contexto, UNICEF defiende activamente la lucha contra el acoso escolar, promoviendo entornos educativos seguros, desarrollando campañas de concienciación y fomentando programas de prevención que buscan garantizar el bienestar y la dignidad de todos los estudiantes.
¿Qué es el acoso escolar?
El bullying es una forma de violencia escolar que ocurre generalmente entre estudiantes y se caracteriza por tres aspectos fundamentales: es intencionada, se repite en el tiempo y existe un desequilibrio de poder entre quien agrede y quien lo sufre.
Aunque suele asociarse al entorno escolar, no se limita únicamente al centro educativo. También puede producirse fuera de la escuela, como en la calle o a través de internet, especialmente en casos de ciberbullying, cuando los implicados pertenecen al mismo entorno escolar o están relacionados con él.
Esta intimidación puede manifestarse de diferentes formas: física, verbal, social o a través de las redes sociales, en cuyo caso se conoce como ciberbullying.
- Física: implica la utilización de golpes, empujones o patadas; es decir, el uso directo del cuerpo o de objetos para hacer daño a una persona en concreto. Estas agresiones pueden dejar marcas visibles, aunque en ocasiones no son evidentes.
También puede manifestarse a través de la intimidación física indirecta, como obstaculizar el paso, encerrar a la víctima o colocar obstáculos de forma intencionada. Este tipo de conductas puede afectar especialmente a estudiantes con discapacidad física, aumentando su vulnerabilidad.
Este tipo de acoso suele tener como objetivo generar miedo en la víctima, que se encuentra en una situación de desventaja, y puede provocar consecuencias como el rechazo a asistir al colegio o el temor a transitar por determinadas zonas del centro educativo.
- Verbal:en esta ocasión no se hace uso del cuerpo, sino de las palabras con la finalidad de humillar, ridiculizar y hacer sentir mal a la víctima. Estetipo de maltrato no suele ser tan visible y, por ello, es más difícil de detectar.
Se lleva a cabo mediante insultos, descalificaciones, comentarios directos sobre la apariencia, o humillaciones en público, lo que puede generar en la víctima sensaciones de vergüenza, inseguridad o aislamiento.
- Social: atenta contra el honor de la persona, llegando a excluir al estudiante, aislarlo del resto de iguales o dañar su imagen dentro del grupo.
Se origina mediante acciones como no permitirle participar en determinadas actividades, difundir rumores sobre esa persona, manipular a otros compañeros para que la perciban de forma negativa o hacerla sentirse sola.
Este tipo de acoso puede afectar gravemente a la seguridad, la autoestima y el sentido de pertenencia al grupo de cualquier menor que lo sufra.
- Ciberbullying: este se produce a través de medio digitales como el ordenador o el móvil con la intención de dañar la imagen de otra persona, intimidarla verbalmente, dañar a su seguridad o amenazar de forma reiterada.
En muchas ocasiones, este tipo de acoso se produce por parte de personas desconocidas o a través de perfiles falsos o anónimos. Se manifiesta mediante mensajes con insultos o amenazas, así como la difusión de imágenes que dañan la integridad de la víctima.
También puede incluir la creación de grupos o publicaciones con stickers o mensajes en los que se burlan de una persona.
Rasgos característicos de la víctima y el agresor.
Aunque no podemos establecer un perfil concreto de víctima, sí existen determinados rasgos que pueden hacer que una persona sea más vulnerable que otra. Entre ellos se encuentran estudiantes con familias disfuncionales, personas inseguras, alumnado nuevo en el centro educativo o de otra nacionalidad, así como menores con discapacidad física o intelectual y aquellos con trastornos del aprendizaje.
Al contrario, el agresor suele presentar algunos de los siguientes rasgos: poca regulación emocional y/o baja tolerancia a la frustración, dificultad para seguir normas o directrices, problemas en el vínculo durante la infancia o presencia de referentes adultos con conductas agresivas o adicciones, e inseguridad personal que puede traducirse en la necesidad de ejercer poder sobre otros.
En algunos casos, también puede existir una falta de empatía o dificultad para reconocer el daño que se está causando.
El acoso escolar en menores con discapacidad.
Según el Consejo Español para la Defensa de las Personas con Discapacidad y/o Dependencia, el acoso escolar hacia menores con discapacidad requiere especial atención debido a su mayor vulnerabilidad y a las barreras que pueden dificultar su detección y prevención, ellos comunican que 8 de cada 10 menores reconocen haber sufrido bullying en la escuela en alguna ocasión.
Los niños con discapacidad pueden presentar algunas particularidades que los hacen especialmente vulnerables debido a sus condiciones y a las barreras adicionales que enfrentan.
El acoso suele manifestarse mediante acciones como obstaculizar el paso, insultarles, imitar ciertos movimientos, la forma de hablar o estereotipias, así como la exclusión en actividades grupales o la dependencia forzada de otros compañeros para realizar tareas básicas, entre otras conductas.
El riesgo de acoso suele ser mayor en menores con discapacidad física, seguido de aquellos con discapacidad intelectual y, posteriormente, con discapacidad visual.
Impacto del acoso en la escuela
El impacto del acoso escolar en los menores que lo sufren suele incluir: pérdida de autoestima, aumento de la ansiedad y el estrés, miedo a asistir al centro educativo y mayor aislamiento social.
También puede provocar disminución del rendimiento escolar, falta de concentración y atención, así como menor interés en participar en actividades o acudir a determinados lugares.
En algunos casos, se presentan alteraciones del sueño, cambios en la rutina o en el comportamiento, pérdida o daño de material escolar, e incluso problemas como la depresión infantil.
Asimismo, pueden aparecer conductas de evitación, enuresis o encopresis, y un notable descenso del rendimiento académico.
Señales que debemos prestar atención tanto los docentes como las familias
Es necesario prestar atención a las señales de los diferentes ámbitos: social, emocional-afectivo y académico y/o cognitivo.
SOCIALES:
- Aislamiento en patios y recreos.
- No ser invitado a cumpleaños o fiestas con compañeros del colegio.
- Pérdida de amistades del grupo habitual.
- Permanecer aislado en casa durante el período lectivo o preferir realizar trabajos individuales.
- No participar ni hablar dentro del aula o del centro escolar.
- Presencia de burlas o insultos en clase dirigidos hacia él o ella.
- Cambios en la forma en que los compañeros se relacionan con la víctima.
EMOCIONALES- AFECTIVAS:
- Cambios de humor repentinos.
- Ansiedad, nerviosismo o miedo constante.