El emblemático solar del antiguo hotel más lujoso de Poniente se transforma en un icono residencial y hotelero eco-sostenible
Dice el historiador Francisco Amillo en su blog ‘Historias de Benidorm’ que el hotel Gran Delfín, inaugurado en la ciudad alicantina en 1963, fue en su momento «el más lujoso» de cuantos establecimientos poblaban el entonces emergente destino turístico. Un hotel a la altura del desafío que representaba en aquella época transformar la antigua población marinera en un foco de atracción para las masas españolas del desarrollismo y sus congéneres de otros puntos del universo: según relata, aquel «suntuoso Hotel Delfín», como lo describió Ángel Laborda en un artículo para el diario ABC, «estaba reservado para una clientela muy selecta y con glamour».
«De ahí procedían su singularidad y la gran admiración que suscitaba entre residentes y visitantes», añadía en una publicación fechada en 2015, donde daba cuenta cómo el Gran Delfín, cuya estrella empezaba a declinar, fue el favorito de «personalidades del mundo de la política, la canción, el toreo, el periodismo y el cine».
Diez años después, Benidorm prosigue su transformación. No es ya el territorio donde hace 60 años se levantó el Gran Delfín pero tampoco seguramente el que hace una década retrataba Amillo. Es una ciudad en constante reinvención, como atestigua la conversión de aquel antiguo hotel en un nuevo edificio, destinado a los mismos usos, pero obediente a los códigos de la arquitectura ‘high tech’ que ha modificado la fisonomía de la ciudad mediante la alteración metódica, gracias a distintas aportaciones, de su icónico ‘skyline’.
No debe sorprender por lo tanto a quien haya seguido la evolución de este singular rincón del Mediterráneo que del reciente derribo del Gran Delfín vaya a surgir otro emblema hotelero para la ciudad: se llamará Gran Delfín Residences & Hotel, será una torre de 158 metros de altura y 44 plantas e incluirá 220 viviendas.
El dato de su elevada estatura representa tal vez el activo más llamativo del proyecto de construcción actualmente en curso, porque esos 158 metros que trepan hacia el cielo convertirán al nuevo Gran Delfín Residences & Hotel en uno de los edificios más altos de Benidorm, «sumándose a su icónica silueta urbana», como explican sus promotores. «De hecho», añaden, «se situará dentro del top 10 de los rascacielos más altos de la ciudad».
Goya Real Estate, promotora del nuevo edificio, se define como «un grupo con más de 20 años de historia que, dentro de un mercado inmobiliario cíclico y cambiante, hemos sabido mantenernos siempre en activo y nos seguimos transformando para crecer en un sector en plena expansión». Aseguran sus responsables que su estrategia pasa por «alejarnos de lo convencional», mediante propuestas arquitectónicas «basadas en la sostenibilidad».
La empresa promotora recuerda que Benidorm «se está posicionando como un destino clave para el sector MICE (Meetings, Incentives, Conventions, and Exhibitions)», un fenómeno que avala su interés por convertir al nuevo hotel «en elemento fundamental en este proceso». De ahí también su apuesta por impulsar un edificio «de diseño exclusivo, servicios premium y espacios versátiles», nacido para «atraer tanto a turistas como a profesionales del sector de eventos, congresos y exposiciones».
El proyecto de Benidorm no es la primera experiencia de Goya Real Estate en la Comunitat Valenciana. «Hemos llevado a cabo otros proyectos de gran relevancia en la región, como Delfin Tower en Benidorm, Delfín Natura en Albir y THE COMM en Alfaz del Pi», observan. El nuevo Gran Delfín Residences & Hotel dispondrá de dos piscinas (una privada de 1.000 metros para propietarios y otra de 1.500 en el beach club), zonas de bienestar, pista de pádel, sky garden, club social, coworking, jardines naturales y acceso directo al mar con vistas privilegiadas al atardecer.
Anotaba hace diez años Francisco Amillo que «en la actualidad Benidorm ha crecido y su turismo se ha transformado». Una evolución reflejada en la propia trayectoria del Hotel Delfín, que «ya no es el más lujoso aunque mantiene una tradición y una historia que lo hacen diferente». El símbolo de esa transformación fue la bajada de categoría de 5 a 4 estrellas hacia 1995. «Sin embargo tiene un mérito incuestionable: fue el emblema de la ciudad turística en las décadas de 1960, 1970 y 1980», un icono que acaba de desaparecer con la demolición del edificio para dar paso a un nuevo referente del skyline de Benidorm.