Del laboratorio a la industria: el mapa completo de lo que necesitas saber antes de enviar tu solicitud - Asociación Comunicadores de Biotecnología

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25 Jun Del laboratorio a la industria: el mapa completo de lo que necesitas saber antes de enviar tu solicitud

Nuestro socio Aitor Gálvez (Bioemprende) desgrana las habilidades y competencias clave para acceder al sector biofarmacéutico

Cada año, miles de graduados y doctores entran al mercado laboral convencidos de que lo tienen todo hecho gracias a sus capacidades técnicas. Y aunque en parte tienen razón, el dominio técnico solo es la condición de entrada. Es decir, el billete para sentarse en la mesa. Sin embargo, en el sector biofarma, la diferencia entre quien accede a las mejores posiciones y quien no suele estar en otro sitio: en un conjunto de habilidades que la universidad apenas toca y que las empresas llevan años demandando.

Estas habilidades son las que realmente pueden hacerte destacar, y responden directamente a la situación actual del mercado. La aceleración tecnológica y la incorporación de la IA a los procesos están ensanchando la brecha entre lo que se forma y lo que se necesita. Según la Guía del Mercado Laboral 2025 de Hays, el 89% de las empresas españolas tiene dificultades para encontrar perfiles cualificados. El 63% de las empresas priorizan las habilidades interpersonales sobre las técnicas, y el 23% reconoce no contar con el talento necesario para alcanzar sus objetivos.

Estos datos conviven con una realidad paradójica: hay muchos científicos cualificados buscando trabajo, pero no encuentran su sitio. Así que ¿cómo salir del bucle?

El malentendido de partida: hard skills vs soft skills

La distinción entre habilidades técnicas (hard skills) y habilidades transversales (soft skills) ha dominado el debate sobre empleabilidad durante años. Pero en el sector biofarma de 2025, esa dicotomía está quedando obsoleta.

Las soft skills ya no son el complemento que hace más agradable trabajar con alguien. Son competencias clave que determinan si un científico puede crecer más allá de una posición técnica de entrada, si puede liderar proyectos, comunicar resultados o negociar con proveedores. El 94% de los responsables de talento consideran que las soft skills son tan importantes o más que las técnicas, y el 91% afirma que un mal reclutamiento en estas áreas impacta negativamente la dinámica de los equipos, según el Workplace Learning Report de LinkedIn.

Al mismo tiempo, las hard skills están cambiando. Las competencias técnicas que tenían valor hace cinco años no son las mismas que tienen valor hoy. La bioinformática, el análisis de datos clínicos o la capacidad de trabajar con herramientas de IA aplicadas a la investigación son habilidades que han ganado peso enorme en muy poco tiempo.

¿Qué busca el mercado?

Pero ¿qué buscan realmente los reclutadores? Cuando se habla con los responsables de selección de empresas farmacéuticas y biotech sobre qué buscan en sus candidatos, el discurso es sorprendentemente consistente. No buscan el mejor expediente académico, sino a alguien que pueda aportar valor desde el primer día y crecer en la empresa.

Estas son algunas claves que todos citan:

Comunicación eficaz y adaptada al interlocutor. La capacidad de explicar conceptos técnicos complejos de forma comprensible para distintos tipos de interlocutores —directivos, médicos, pacientes— es una de las competencias más mencionadas por reclutadores del sector. No es un extra, sino parte clave del trabajo.

Aprendizaje continuo. El sector biofarma cambia a una velocidad que hace imposible que la formación inicial cubra todo lo que se necesitará a lo largo de una carrera. Los reclutadores buscan evidencia de que el candidato ha aprendido cosas nuevas por iniciativa propia, ha manejado situaciones ambiguas o ha adaptado su enfoque cuando las circunstancias han cambiado.

Visión de negocio. Este es quizás el punto donde la brecha entre universidad e industria es más evidente. Los programas universitarios científicos están diseñados para formar investigadores, no para formar profesionales con comprensión del contexto empresarial. Qué es un pipeline de producto, cómo funciona el acceso de un medicamento al mercado, qué implica una decisión de market access o qué riesgos asume una empresa cuando invierte en un ensayo clínico son elementos que las empresas valoran extraordinariamente.

Gestión de proyectos. La mayoría de las posiciones en el sector científico-industrial implican coordinar con otras personas, áreas y organizaciones. La capacidad de gestionar plazos, recursos, expectativas y conflictos es algo que diferencia perfiles de forma significativa.

Las habilidades técnicas que han ganado peso: ¿qué debes saber hacer hoy?

Pero más allá de las competencias transversales, hay un conjunto de habilidades técnicas específicas que han ganado peso en el sector en los últimos años:

Análisis de datos y bioinformática. La digitalización de los procesos científicos ha generado una demanda enorme de perfiles capaces de manejar grandes volúmenes de datos, aplicar herramientas estadísticas y extraer conclusiones accionables.

Conocimiento regulatorio. Con la creciente complejidad del marco normativo europeo —especialmente en terapias avanzadas, biosimilares y dispositivos médicos—, los perfiles con formación o experiencia en Regulatory Affairs son sistemáticamente demandados. Incluso en roles que no son estrictamente regulatorios, entender cómo funciona el proceso de autorización y qué implica el cumplimiento normativo es un diferencial claro.

Alfabetización en IA. No se trata de saber programar modelos de machine learning, sino de entender qué puede hacer la IA, cómo usarla como herramienta de trabajo y qué implicaciones tiene su integración en el diseño de ensayos, la farmacovigilancia, el drug discovery o la generación de documentación regulatoria.

Inglés científico y profesional. Parece evidente, pero sigue siendo un filtro real. La mayoría de las posiciones con proyección internacional en el sector requieren un nivel de inglés que permita participar en reuniones, redactar informes o presentar resultados.

Las habilidades por departamento: no todas aplican igual

Una de las cosas que menos se enseña en la universidad es que el perfil de habilidades que necesita un profesional científico varía significativamente según el área en la que trabaje.

En I+D e investigación clínica, el rigor metodológico y el dominio técnico siguen siendo el núcleo. Pero se valora cada vez más la capacidad de comunicar resultados internamente, de gestionar proyectos con múltiples stakeholders y de entender las implicaciones regulatorias de las decisiones experimentales.

En Medical Affairs y MSL, la combinación es clara: alta cualificación científica más capacidades comunicativas y relacionales de primer nivel. Es un departamento donde el conocimiento técnico es la credencial de entrada, pero el éxito en el rol depende casi íntegramente de habilidades de comunicación, construcción de relaciones y gestión de la información científica hacia distintos tipos de interlocutores.

En Regulatory Affairs, la habilidad técnica dominante es la escritura científica y técnica precisa, unida al conocimiento normativo. Pero la capacidad de gestionar plazos, coordinar con otras áreas internas y comunicar con agencias regulatorias exige también habilidades de organización, atención al detalle y resistencia bajo presión.

En Calidad y procesos, el dominio de las normativas GMP/GLP y los sistemas de gestión de calidad es la habilidad técnica central, pero la gestión de auditorías, la comunicación con proveedores y la capacidad de trabajar con alta presión regulatoria son competencias que marcan la diferencia entre un técnico y un líder del área.

En ventas y delegados, la formación científica es el punto de partida que da credibilidad, pero el éxito en el rol depende de habilidades comerciales: escucha activa, gestión de objeciones, adaptación del discurso, construcción de confianza y orientación al resultado.

La buena noticia: todas estas habilidades se pueden desarrollar

A diferencia del conocimiento técnico especializado, que requiere años de formación formal, muchas de las competencias más demandadas por el sector son desarrollables en plazos relativamente cortos si hay método y práctica deliberada.

La visión de negocio se adquiere leyendo, hablando con profesionales del sector y exponiéndose a contextos donde las decisiones tienen implicaciones económicas. La comunicación se entrena con práctica sistemática. La gestión de proyectos se aprende gestionando proyectos, incluso pequeños. La adaptabilidad se demuestra buscando situaciones que exijan salir de la zona de confort.

El factor crítico, por tanto, no es el talento innato sino la disposición a trabajar estas competencias de forma sistemática. Los científicos que hacen ese trabajo acceden, además, a mejores posiciones y crecen más rápido dentro de las empresas.

El ecosistema biofarma necesita científicos que sepan moverse en él. Conocer las reglas del juego —qué se valora, cómo se accede, qué competencias marcan la diferencia— es el punto de partida de cualquier transición profesional bien hecha. En Bioemprender llevamos años trabajando con esa hoja de ruta.

Referencias:

  • Guía del Mercado Laboral 2025 — Hays España
  • Workplace Learning Report 2025 — LinkedIn
  • Future of Work Report 2025 — Foro Económico Mundial
  • Informe Mercado de Trabajo en el sector Farmacéutico 2024 — Randstad Research
  • Cesif — perfiles y puestos mejor valorados en el sector farmacéutico 2025
  • Fundación CYD — soft skills en la universidad y demanda empresarial
  • INS Global Consulting — tendencias de contratación en farmacia y biotech
  • PMFarma / iSanidad / Farma Leaders Talento — perfiles más demandados en España 2025
  • Observación directa del mercado de talento — comunidad Bioemprender / Bioempower Leaders (+500 científicos formados)

Autor: Aitor Gálvez

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