Por Enrique Fanjul, Iberglobal/Comité de Reflexión sobre Internacionalización del Club de Exportadores
Este artículo pertenece al nº50 de la revista electrónica: “Proyección exterior de la economía
española”.
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28 de abril 2026 /
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La globalización va a seguir siendo un elemento clave de la economía internacional. Pero su configuración está experimentando cambios importantes, en su estructura sectorial, en distancia geopolítica, etc. Las inversiones extranjeras directas (IED) son uno de los motores determinantes y anticipadores de estos cambios.
Empresas y gobiernos tienen que prestar atención a estos cambios. Las empresas deben prepararse para sus consecuencias, en su funcionamiento, en el mapa de la competencia a la que se van a enfrentar, los retos que van a afrontar.
Los gobiernos, por su parte, deben tener la capacidad para adaptar, con flexibilidad y rapidez, sus estrategias de diplomacia económica, sus políticas de internacionalización. Hemos entrado en una etapa de importantes transformaciones. Estrategias a tres o cuatro años pueden perder validez en un corto plazo de tiempo.
Parsa una mayor efectividad en la respuesta de empresas y gobiernos, es necesario que existan marcos fluidos de comunicación y diálogo entre el sector público y el sector privado.
El tema ha sido tratado en un interesante estudio publicado por McKinsey Global Institute hace algunos meses (The FDI shake-up. How foreign direct investment today may shape industry and trade tomorrow). La idea central del estudio es que los anuncios actuales de inversión extranjera directa greenfield -la que supone la creación de nueva capacidad productiva- están redibujando el mapa industrial y comercial del futuro.
¿Cuáles son los grandes cambios que anuncian los nuevos proyectos de IED? Hay tres desarrollos en marcha que tendrán una relevancia fundamental en la reconfiguración de la economía internacional.
En primer lugar, los cambios en la estructura sectorial de las economías. La IED ha dejado de centrarse en industrias tradicionales para priorizar sectores estratégicos. Según McKinsey, desde 2022, tres cuartas partes de los anuncios de inversión transfronteriza se han dirigido a industrias que configurarán el futuro (manufactura avanzada e infraestructura de Inteligencia Artificial-IA) y a los recursos que las impulsan (energía y minería), frente al 55% que representaban antes de 2020.
Las industrias configuradoras del futuro incluyen centros de datos para IA, fábricas de semiconductores (fabs), fabricación de vehículos eléctricos, baterías y biotecnología.
Por el contrario, asistimos a un declive de industrias convencionales. Las inversiones anuales en sectores como manufactura básica (textiles, alimentos) y servicios profesionales han caído más del 30%.
El estudio de McKinsey destaca la relevancia del capital intangible. La IED ya no solo aporta capital, sino que es un vehículo para transferir conocimiento y capacidades tecnológicas.
Fuente: McKinsey Global Institute. The FDI shake-up. How foreign direct investment today may shape industry and trade tomorrow.
En segundo lugar, se configura lo que podría denominarse la era de los megadeals. Los megadeals (proyectos de más de 1.000 millones de dólares) representan ahora la mitad del valor total de la IED anunciada, a pesar de ser sólo el 1% de los acuerdos totales.
El valor promedio de los acuerdos de inversión en industrias del futuro se ha duplicado. Por ejemplo, una sola fábrica de semiconductores de vanguardia puede costar más de 10.000 millones de dólares.
En tercer lugar, la IED está siguiendo líneas geopolíticas de manera más agresiva que el comercio de bienes. La distancia geopolítica de los anuncios de IED ha disminuido dos veces más rápido que la del comercio desde 2017.
Aumentan las inversiones en países próximos geopolíticamente. Las economías avanzadas están invirtiendo más entre sí (especialmente hacia EE. UU.) y reduciendo drásticamente sus flujos hacia China, que han caído casi un 70%. Las empresas buscan mitigar riesgos en cadenas de suministro sensibles.
Estados Unidos destaca como el mayor receptor, duplicando sus entradas de IED anunciada en casi todos los sectores estratégicos, bajo el impulso de leyes como el Chips Act y la IRA (Inflation Reduction Act).
Para las empresas, las tendencias en la IED tienen implicaciones de amplio alcance, que van más allá de lo que es la inversión estrictamente hablando. Estas tendencias permiten:
- Anticipar ecosistemas: La llegada de un megaproyecto (como una fab de chips) genera oportunidades para proveedores de productos y servicios diversos.
- Planificar nuevos corredores comerciales: Los cambios en la localización de las inversiones anticipan qué rutas comerciales crecerán y cuáles se debilitarán.
- Responder al nuevo mapa de competencia. Como señala el estudio de McKinsey, “Los anuncios de inversión extranjera directa (IED) ofrecen una visión detallada y estratégica de cómo y dónde tienen previsto invertir los distintos actores, lo que permite a los responsables de la toma de decisiones anticiparse a los cambios en el panorama competitivo. La IED actual puede indicar dónde la capacidad futura podría superar a la demanda futura, en función de las previsiones de la empresa sobre esta última”.
En conclusión, como he apuntado al principio, para promover la competitividad en este nuevo panorama, es necesario que las empresas tengan una alta capacidad de análisis y de respuesta rápida, así como que funcionen de forma fluida los canales de comunicación entre los gobiernos y las empresas.