Comunicar en tiempos de IA: nuevos retos - Levin Public Health Affairs

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La Inteligencia Artificial (IA) ha cambiado, entre otras muchas cosas, la velocidad con la que producimos información. No necesariamente la calidad con la que nos entendemos. Y esa diferencia es decisiva cuando hablamos de salud.

La realidad es que vivimos inmersos en la era de la digitalización, lo que supone la apertura de nuevas vías para la comunicación en salud, que hoy tiene un alcance más amplio y, al mismo tiempo, un nivel de interacción con el público nunca antes alcanzado.

Comunicar en tiempos de la Inteligencia Artificial (IA) se ha convertido en todo un reto que exige, en primer lugar, hacer nuestro este concepto, aceptando todas y cada una de las infinitas posibilidades que nos ofrece. No podemos dar la espalda a la IA en ningún caso ya que esto supondría ir en contra de la innovación y, por tanto, un grave error.

La detección precoz del riesgo de sepsis a partir de la historia clínica electrónica, el apoyo en la selección de tratamientos y razonamiento clínico o la integración de datos clínicos y genómicos para medicina personalizada son algunas de las prácticas que demuestran la capacidad de organización de la IA y al mismo tiempo los avances que implica en la atención en la práctica diaria de la medicina.

Todo esto es muy positivo y al mismo tiempo está modificando profundamente la forma en que generamos, interpretamos y comunicamos el conocimiento en salud.

Más allá de los datos

En este ámbito comunicar nunca ha consistido únicamente en transmitir datos, sino en ayudar a que una persona comprenda, decida y actúe en un contexto muchas veces atravesado por el miedo, la incertidumbre o la esperanza.

Sin embargo, esta nueva realidad presidida por la IA lleva aparejados desafíos únicos, como el aumento de información falsa o engañosa. Por eso cobran mayor importancia, si cabe, el rigor clínico, la transparencia y la empatía, valores primordiales especialmente en comunicación en salud.

La IA puede ser una extraordinaria aliada para democratizar el conocimiento y mejorar el acceso a información de calidad. Pero también puede multiplicar la confusión si olvidamos que la comunicación no es una cuestión de volumen, sino de criterio.

Cuando informar también es cuidar

Los medios de comunicación ocupan un lugar fundamental como fuentes primarias de información para las audiencias ya que un gran número de personas suelen usar redes sociales o medios de comunicación como fuente de salud. Esto significa que la labor que se ejerce en el periodismo de salud impactará en una cantidad importante de personas. Por ello ha de tener rigor, para que resulte una información de valor para los receptores.

Y es que el informador sobre salud no solo es un mediador entre fuentes y audiencias, sino que además ha de investigar en profundidad, contrastando información, interpretando indicadores e identificando áreas críticas.

Porque un algoritmo puede ordenar evidencias, resumir artículos o adaptar un mensaje a distintos públicos. Pero todavía hay algo que no automatiza: la responsabilidad de elegir qué merece ser dicho, cuándo y de qué manera.

Quizá el verdadero desafío de la IA no sea tecnológico, sino ético. Cuanto más fácil resulta generar contenido, más valiosa se vuelve la capacidad de discernir. La abundancia de respuestas no elimina la necesidad de hacer buenas preguntas. Y la salud depende, muchas veces, de las preguntas correctas más que de las respuestas rápidas.

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