Cartel 2º SÍNDROME DEL QUEMADO - Confederación de Empresarios de Andalucía

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El término síndrome del quemado, también conocido como síndrome de desgaste profesional, síndrome de sobrecarga emocional, síndrome de fatiga en el trabajo,  síndrome del trabajador quemado o con el anglicismo burnout se utiliza para describir la sensación de “estar quemado” en el trabajo, es decir, un estado de agotamiento progresivo en el que la persona pierde energía, motivación y capacidad de respuesta, como una cerilla que se va consumiendo hasta apagarse.

Aunque muchas personas lo identifican con estar a disgusto, agobiado o tener un mal día, el síndrome del quemado va mucho más allá: es un proceso progresivo y persistente, cuya intensidad aumenta con el tiempo y puede llegar a tener consecuencias graves para la salud. No se trata de un problema individual o de personalidad, sino que está directamente relacionado con las condiciones de trabajo y la exposición continuada a determinados factores laborales.

1. ¿Qué es el síndrome del quemado?

La definición más aceptada del síndrome del quemado es la propuesta por Christina Maslach (1982), quien lo describe como una forma inadecuada de afrontar el estrés laboral crónico, caracterizada por el agotamiento emocional, la despersonalización y la disminución del desempeño personal.

Posteriormente, Pedro Gil-Monte (2005) amplía este concepto definiéndolo como una respuesta al estrés laboral crónico integrada por actitudes y sentimientos negativos hacia las personas con las que se trabaja y hacia el propio rol profesional, junto con la sensación de estar emocionalmente agotado.

Se trata de un problema de salud que afecta tanto a nivel psicológico como físico, pudiendo llegar a generar un agotamiento total en la persona trabajadora y comprometer su capacidad para desempeñar su trabajo con normalidad.

Este síndrome se caracteriza por la combinación de tres elementos clave:

• Agotamiento emocional: Desgaste progresivo, pérdida de energía, cansancio intenso y fatiga que pueden manifestarse tanto a nivel físico como psicológico, o de forma combinada. Esta situación es consecuencia de las interacciones continuas que las personas trabajadoras mantienen en su actividad diaria, tanto con clientes o usuarios como con otros compañeros de trabajo.

• Despersonalización: desarrollo de actitudes, sentimientos y comportamientos negativos, fríos o distantes hacia otras personas, especialmente hacia quienes reciben el propio trabajo (clientes, usuarios, pacientes, etc.). Supone un distanciamiento emocional que no responde a una adaptación saludable, sino a un deterioro progresivo, acompañado de mayor irritabilidad y pérdida de motivación laboral.

• Baja realización personal: aparición de pensamientos negativos sobre uno mismo y sobre el propio trabajo, asociados a estados de desánimo. Se manifiesta en baja moral, evitación de relaciones laborales, disminución del rendimiento, dificultad para afrontar la presión y una autoestima profesional reducida.

Aunque es más frecuente en profesiones con trato directo con personas, como sanidad, educación o servicios, también puede aparecer en cualquier sector cuando existen altas exigencias y pocos recursos, o cuando la persona pierde la confianza en su capacidad profesional.


2. ¿Por qué el síndrome del quemado supone un riesgo laboral y por qué es importante gestionarlo adecuadamente?

El síndrome del quemado es un riesgo psicosocial que puede generar importantes daños en la salud mental y física de las personas trabajadoras, por lo que debe ser considerado dentro del sistema de gestión de prevención de riesgos laborales.

Aunque actualmente no existe una normativa específica que regule de forma concreta este síndrome, sí le resulta de aplicación la legislación general en prevención. En este sentido, la Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales obliga a las empresas a prevenir este tipo de riesgos psicosociales, integrándolos dentro de la planificación preventiva y adoptando medidas específicas para su control.

En la misma línea, aunque el síndrome del quemado no está incluido como enfermedad profesional en la normativa vigente, la jurisprudencia lo ha reconocido como accidente de trabajo, lo que implica responsabilidades legales para la empresa cuando se demuestra su relación con el trabajo.

A ello se añade que, el Criterio Técnico 104/2021 de la Inspección de Trabajo sobre actuaciones en riesgos psicosociales refuerza esta obligación, estableciendo que estos riesgos, como el síndrome del quemado, deben evaluarse y gestionarse, y habilitando a la Inspección para intervenir en caso de incumplimiento.

Cabe añadir que, desde el 1 de enero de 2022, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce el síndrome del quemado como un problema de salud laboral, incluyéndolo en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11), lo que refuerza el papel del entorno laboral en su origen.

Es importante gestionar adecuadamente el síndrome del quemado porque, además de su impacto en la salud de la plantilla y más allá de las obligaciones o consecuencias legales, afecta directamente al funcionamiento de la empresa. Una mala gestión de este riesgo reduce la productividad, disminuye la calidad del servicio y aumenta el absentismo, la rotación de personal y las quejas, comprometiendo tanto los resultados como la competitividad de la organización.


3. ¿Cuáles son los principales factores de riesgo del síndrome del quemado?

El síndrome del quemado tiene un origen multifactorial y está directamente relacionado con las condiciones de trabajo. Los factores que lo desencadenan pueden agruparse en tres grandes ámbitos; organizativos, del puesto de trabajo y de las relaciones interpersonales.

• Factores organizativos: incluyen estructuras rígidas, jerárquicas o excesivamente burocráticas, así como la falta de apoyo, recursos o reconocimiento. También influyen la escasa participación en la toma de decisiones, una inadecuada gestión de los recursos humanos, las limitadas oportunidades de desarrollo profesional y promoción, y una formación insuficiente, especialmente en relación con nuevas tecnologías.

• Factores del puesto de trabajo: se caracterizan por la sobrecarga de trabajo y las responsabilidades excesivas, junto con altas exigencias emocionales en el trato con usuarios o clientes. A ello se suma la falta de tiempo para realizar adecuadamente las tareas, la escasa autonomía y control sobre el trabajo, las jornadas prolongadas o a turnos, la exigencia de alto rendimiento sin margen de error y la sensación de realizar un trabajo inacabado o sin resultados claros.

• Factores relacionales: hacen referencia al trato con personas conflictivas o a la gestión de situaciones difíciles, así como a la existencia de relaciones laborales tensas o competitivas. También incluyen la falta de apoyo por parte de compañeros o superiores, la escasa coordinación entre equipos y el desequilibrio entre el esfuerzo realizado y las recompensas obtenidas.

Además, existen factores que pueden facilitar o agravar el síndrome del quemado:

• Características personales: menor experiencia, expectativas poco realistas, perfeccionismo o alta implicación emocional

• Cambios sociales y laborales: aumento de exigencias, presión de usuarios, cambios tecnológicos, precariedad laboral o desajuste entre expectativas y realidad.


4. ¿Cuáles son los principales síntomas y efectos del síndrome del quemado?

El síndrome del quemado es un problema grave de salud laboral que tiene consecuencias negativas tanto para las personas trabajadoras como para la empresa y la sociedad en su conjunto. Al tratarse de una forma de estrés crónico, sus síntomas son similares a los del estrés, pero más intensos y persistentes, especialmente en fases avanzadas.

• Síntomas físicos: incluyen un cansancio persistente y una sensación continua de fatiga, acompañados con frecuencia de dolores de cabeza o migrañas. También pueden aparecer dolores musculares, especialmente en la zona cervical y lumbar, así como problemas digestivos. Es habitual que se produzcan alteraciones del sueño, como insomnio, junto con palpitaciones o taquicardias. Además, las personas afectadas pueden presentar una mayor frecuencia de enfermedades e infecciones.

• Síntomas psicológicos y emocionales: se manifiestan a través de ansiedad, irritabilidad o mal humor, junto con sentimientos de frustración y fracaso. También pueden aparecer tristeza o síntomas depresivos, un notable desgaste emocional y una sensación constante de falta de energía, así como una pérdida progresiva de la autoestima.

• Síntomas cognitivos: incluyen la percepción de no ser valorado en el trabajo, dificultad para concentrarse y sensación de incapacidad para desempeñar adecuadamente las tareas. A ello se suma una falta de control sobre la situación y una visión negativa tanto del trabajo como del entorno laboral.

• Síntomas conductuales y actitudinales: se reflejan en desmotivación y apatía hacia el trabajo, actitudes negativas hacia compañeros, clientes o la propia organización, así como un trato frío o distante. También pueden aparecer conflictos laborales, aislamiento y una menor colaboración con el equipo.

• Efectos en la empresa: Se traduce en una disminución del rendimiento, la calidad y la eficacia del trabajo, así como en un aumento de errores, negligencias y reclamaciones. Además, deteriora las relaciones laborales y la comunicación, incrementa el absentismo y las bajas laborales, favorece la rotación de personal y el abandono del puesto, y puede aumentar el riesgo de accidentes laborales.
Asimismo, determinados comportamientos como retrasos, incumplimiento de plazos, baja calidad del servicio o conflictos frecuentes. Otro aspecto relevante es su capacidad de propagación, ya que puede extenderse entre los equipos y generar un clima general de desmotivación y desgaste, especialmente cuando no se detecta ni se gestiona a tiempo.


5. ¿Qué medidas preventivas pueden adoptarse para prevenir el síndrome del quemado?

La prevención del síndrome del quemado requiere un enfoque integral que combine actuaciones a nivel organizativo, grupal e individual, orientadas a reducir los factores de riesgo y mejorar el bienestar de las personas trabajadoras.

• Medidas organizativas: deben centrarse en eliminar o reducir los factores de riesgo presentes en la empresa. Para ello, es fundamental identificar y evaluar los riesgos psicosociales, ajustar las cargas de trabajo y mejorar su distribución. También es importante facilitar la adaptación de las nuevas incorporaciones mediante programas de acogida realistas, mejorar la comunicación interna y promover la participación en la toma de decisiones. Asimismo, se recomienda definir claramente los puestos de trabajo, ofrecer oportunidades de formación y desarrollo profesional, implantar planes de carrera y proporcionar recursos y apoyo suficientes para el desempeño del trabajo.

• Medidas interpersonales y grupales: están orientadas a mejorar las relaciones laborales y evitar el aislamiento. Se basan en fomentar la colaboración y el apoyo entre compañeros y supervisores, así como en desarrollar habilidades sociales que faciliten la comunicación y la resolución de conflictos. También resulta útil promover el trabajo en equipo, crear espacios de apoyo o grupos de ayuda, formar en gestión emocional y en la relación con clientes o usuarios, y establecer mecanismos de feedback que permitan corregir conductas y mejorar el clima laboral.

• Medidas individuales: buscan que la persona trabajadora disponga de herramientas para afrontar el estrés y reducir su impacto. Entre ellas se incluyen técnicas para identificar y modificar pensamientos negativos, estrategias de resolución de problemas, gestión del tiempo y establecimiento de prioridades. También son útiles las técnicas de relajación y control del estrés, así como la adopción de hábitos de vida saludables, como el ejercicio físico, el descanso adecuado y la desconexión fuera del trabajo.


6. ¿Qué acciones se deben tomar si se detecta que una persona sufre el síndrome del quemado?

Si se detecta que una persona trabajadora puede estar sufriendo síndrome del quemado, es necesario actuar. Estas acciones deben orientarse a reducir las causas del síndrome del quemado, apoyar a la persona afectada y evitar que la situación se agrave o se extienda al resto del equipo.

Desde la organización: se deben revisar y corregir las condiciones de trabajo que pueden estar generando el problema, como la sobrecarga, la falta de recursos o la ambigüedad en las funciones. Es importante proporcionar apoyo, facilitar la comunicación, ajustar las tareas y, si es necesario, reorganizar el puesto de trabajo. También se puede ofrecer acceso a apoyo psicológico a través del servicio de prevención o recursos externos.

• A nivel interpersonal y de equipo: se debe fomentar el apoyo social, evitando el aislamiento de la persona afectada. Es clave mejorar la comunicación, promover la colaboración y facilitar espacios donde pueda expresar sus dificultades. El acompañamiento por parte de compañeros o supervisores con más experiencia puede ayudar a gestionar mejor la situación.

• A nivel individual: además del tratamiento psicológico por parte de la mutua colaboradora de la seguridad social, conviene facilitar herramientas para afrontar el estrés, como técnicas de gestión emocional, resolución de problemas o control del tiempo. También es recomendable promover hábitos saludables, pausas durante la jornada y la desconexión fuera del trabajo.


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