Un año más, y ya son 25, vuelve a los escenarios complutenses esta cita veraniega con el Teatro en mayúsculas. Muchas actividades y diversas almas de un mismo arte para que el Siglo de Oro renazca una vez más. En esta ocasión, autores como Lope, Cervantes o sor Juana Inés de la Cruz han llevado la batuta, incluso llegando a escuchar sus voces en directo, de una orquesta llena de propuestas rompedoras. En estas, no han faltado espectáculos al aire libre para todo aquel que se quisiera acercar a sentir su espíritu.
Casi un mes de duración en el que la ciudad a orillas del Henares vive y respira el drama y la comedia a partes iguales. Nosotras hemos sentido todo ello y, aunque con palabras es difícil describirlo, aquí va nuestra crónica.
El camino que hemos recorrido comenzó con La escuela de los vicios, propuesta de Francisco Negro con la compañía Morfeo Teatro. Con el pensamiento de Quevedo en mente, y más actual que nunca, esta obra nos presenta un diablo juguetón que escoge a dos necios para hacerlos aprendices de los peores quehaceres. El público, en el Teatro Salón Cervantes, es testigo de este trabajo y de como la corrupción y otras cuestiones acaban con ellos. Una crítica feroz y muy original, en la que destacó el buen hacer de los actores y actrices (el ya citado Francisco Negro, Mayte Bona y Felipe Santiago), la escenografía y una canción final que es una fantasía. Y es que ya se sabe “poderoso caballero es don dinero”.
Seguimos andando camino con Bufa&Sons (Xavi Lozano, Guillem Aguilar y Marc Vila) y su creación Cotidiáfonos clásicos vista en el Corral de Comedias. En esta ocasión, se presentó un concierto inusual donde los instrumentos podían ser una valla, una silla, un pollo de goma (con el que montar un escándalo) o una escalera. Este grupo, de gran solera en este campo, atrapó a todos y a todas con su trabajo creativo, en el que intentaron recuperar repertorio del siglo dorado que nos ocupa. Especial hincapié hay que poner en el estudio de música e instrumentos de América; resaltando así el espíritu de este festival. Caminos que salen de los recorridos habituales, como los del conservatorio, y que crean auténticas bellezas en escena.
Nuestros pasos nos vuelven a llevar al Salón Cervantes para ver a una figura clave de la historia de nuestro teatro y nuestra música. Esta no es otra que Paloma San Basilio, premio Fuente de Castalia en esta edición, y su Dulcinea dirigida por Juan Carlos Rubio con música en directo. En esta creación, las mujeres del Quijote, y afines a ella como es el caso de la princesa Oriana y su historia con Amadis, toman la palabra y se hacen valer. Así, asistimos al proceso de inversión de una actriz para encarnar a Dulcinea mientras que ella aparece también en escena. Una propuesta diferente, en la que sorprendió que pocas personas se hubieran leído El Quijote entero en la tierra de su autor, y que, quizás, debería de dar un giro al discurso final. Puesto que en el mismo, el público vuelve a tener presente a Dulcinea como un sueño de Quijote al que tiene que alabar por encima de todo.
Continuando con este tema, llegamos a presenciar La vengadora de las mujeres. Coproducción de la Compañía de Teatro Clásico y Teatro del Temple, bajo la dirección de Carlos Martín, resucita a Lope en una comedia de capa y espada con mucho mensaje detrás. Laura, su protagonista interpretada por una fantástica Silvia de Pe, no quiere saber nada de los hombres, aunque su final terminará siendo otro. Un alegato a la lucha, pero con una terminación digna del tiempo y de la pluma del propio Lope. Destacó en la escena el trabajo de un Héctor Carballo sobresaliente en todos los aspectos.
El final se acercó en el Auditorio Municipal Paco de Lucía con el estreno absoluto dentro del arte de la danza. Este no fue otro que Quijote en clave de mujer. Dirigido por Pepe Vento, siendo producido por el Ballet Albéniz, este trabajo realizó un repaso por todas las mujeres presentes en la gran obra del autor complutense. De esta manera, pudimos ver al mismo Quijote presente mientras que Dorotea, Dulcinea o Maritornes contaban su historia. Cada una de ellas en un estilo distinto con bailarines principales y con coro de baile de bastante calidad. De todas las representaciones, destacaron la pieza sobre la pastora Marcela (incluyendo la presencia de Grisóstomo) y la danza oriental de Zoraida. Fusiones distintas que sonaron al son de piezas como la Danza Española nº 2 Oriental de Enrique Granados o el Concierto de Aranjuez del maestro Rodrigo. Una propuesta original que esperamos ver en más escenarios con la piel de bailarines como Pilar Tejada, José Manuel Vento, Sara Pérez o Anabel Expósito entre otros.
Todo esto y más hemos podido ver en esta edición, que sigue viva en la exposición Con capa y espada. La moda en época de Cervantes de Raquel Sánchez en la Casa natal del escritor, que ha tenido la excelencia de siempre, aunque hay aspectos que se deberían de mejorar como es el caso del diseño del cartel.
Una edición del festival más que hemos vivido y al que deseamos regresar al año que viene para volver a saludar a nuestros Clásicos que siguen hablando claro y alto por la eternidad.
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