El vehículo privado fue un pilar de la sociedad del siglo XX. Cambió la forma de interpretar el mundo y sus distancias, estableció las reglas del capitalismo tanto en la industria como en el comercio, y también definió la fisonomía urbana y la forma de viajar.
A la hora de dibujar escenarios de futuro sobre movilidad hay que tener esa amplitud de miras. No se trata simplemente de la electrificación del parque móvil sino de la repercusión que los nuevos hábitos sociales generarán en la movilidad.
Para ajustar el análisis IA sobre la documentación aportada por la inteligencia colaborativa digital hemos incorporado dos sectores aledaños al de automoción. Nos referimos tanto al energético como al turístico. Podrían ser más, pero se perdería foco.
El SP IA de Movilidad deja tras de sí una estela de conclusiones llamativas. Por supuesto, conviene leerlas en su conjunto y con todo, hay una que sobresale sobre todas las demás. El futuro del vehículo privado está en jaque. Las dudas que despierta, sin embargo, no están sujetas a los costes y dificultades asociadas al vehículo eléctrico. No. El problema no es el cambio de un coche de combustión por otro modelo más sostenible. El problema es que el concepto de “vehículo privado” se ha vuelto inalcanzable para una gran parte de la sociedad global. Especialmente para los jóvenes.
La concentración humana en las ciudades y los costes añadidos a la compra: seguros, garaje, mantenimiento, impuestos, multas… hacen del sueño de libertad preconizado por Henry Ford se haya convertido en simple elemento de uso y además muy gregario de la oferta que propone la movilidad pública colectiva.
Es una paradoja poética. El emblema del consumismo del siglo pasado evoluciona hacia especie en extinción en una sociedad donde la pérdida de capacidad de compra empieza a gripar el consumo.