Desconectemos este verano - Síntesi

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Son las ocho de la mañana de un día cualquiera de vacaciones. El móvil vibra. Es un mensaje de trabajo. No es urgente, pero alguien lo ha enviado igualmente, «para no olvidarse». Al otro lado, alguien está en la playa, en la montaña o todavía durmiendo. Y aunque no responda, el mensaje ya le ha conectado con el trabajo, rompiendo su tiempo de descanso y desconexión.

Cada verano, esta escena se repite en organizaciones de todo tipo: correos que llegan mientras alguien hace cola en el control de seguridad del aeropuerto, llamadas al móvil personal por temas que podían esperar, WhatsApp que comienzan con «perdona que te moleste en vacaciones, pero…».

¿Y el derecho a la desconexión digital? Existe, sí, pero un derecho que no se acompaña de prácticas concretas se queda en una declaración de intenciones. Y aquí es donde vale la pena detenerse: porque ese derecho no falla sólo cuando alguien envía un correo que podía esperar, también falla cuando quien lo recibe se siente obligado a contestarlo. Son dos caras del mismo hábito, y es necesario trabajar ambas a la vez para que el cambio funcione. Por eso, vale la pena mirarlo desde ambos lados: la de quien escribe y la de quien recibe.

Si eres quien envía el mensaje

Antes de escribir a alguien que sabemos que está de vacaciones, vale la pena preguntarse si realmente el mensaje no puede esperar. Si puede esperar, prográmalo para cuando la persona vuelva, no para el momento en que a ti te ha venido a la cabeza. Si, además, es un cargo directivo quien envía los correos desde la hamaca, no importa cuántas políticas de desconexión haya en el manual interno: el ejemplo siempre pesa más que la norma escrita.

Si eres quien lo recibe

Desconectar tampoco es sólo no recibir mensajes: es no sentirse obligado a mirarlos. Si el protocolo de vacaciones está bien explicado —a quien cubre, qué es una urgencia real y qué no lo es—, no responder no debería generar mala conciencia.

Una cuestión de coherencia, no de buena voluntad

Las organizaciones que mejor gestionan el verano no son las que tienen más canales abiertos por si acaso, sino las que saben cuándo utilizarlos y cuándo esperar. La desconexión no debería depender de la buena voluntad de cada responsable, sino de criterios compartidos y conocidos por todos.

Felices vacaciones. Y, por favor, dejad los móviles un rato en la bolsa de playa: tanto si sois quien escribe como quien debería leerlo.

Recapiti
Dolors Gordils