De la cepa a la copa: paso a paso en la creación de un vino de variedad única - Bodega Javier Sanz Viticultor

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En La Seca, el proceso no empieza cuando la uva entra en bodega, empieza mucho antes, en el momento en que se identifica una cepa distinta dentro del viñedo. En parcelas antiguas, donde no todo es uniforme, aparecen plantas que se comportan de forma diferente. Ese es el punto de partida.

Lo primero es observar. Esa cepa se marca y se sigue durante varias campañas para comprobar si la diferencia es real y se mantiene en el tiempo. Si el comportamiento es estable, se selecciona material vegetal, se lleva a analizar para ver si comparte genética con otras variedades y se multiplica mediante injertos. No es un proceso rápido. Cada nueva planta necesita tiempo para desarrollarse y demostrar que reproduce las mismas características.

Cuando ya existen suficientes esquejes, se pasa a una fase de ensayo en campo. Se crean pequeñas parcelas donde se puede controlar su evolución. Aquí se analiza cómo responde al clima, qué producción tiene y cómo madura la uva. Solo cuando esos datos son consistentes se da el paso a la elaboración.

La vendimia se realiza en el momento en que la uva alcanza el equilibrio adecuado. En muchas ocasiones se hace de noche para recogerla a menor temperatura, evitando oxidaciones y conservando mejor los compuestos aromáticos. Una vez en bodega, la uva se procesa por separado. No se mezcla con otras variedades porque el objetivo es entender exactamente qué aporta.

El mosto obtenido se fermenta en condiciones controladas. Aquí se toman decisiones clave. Temperatura, tipo de recipiente y tiempo de fermentación influyen directamente en el resultado. En algunos casos se opta por acero inoxidable para mantener un perfil más directo. En otros, se utilizan barricas, tinajas o depósitos de hormigón para trabajar la textura y la evolución.

Después de la fermentación, el vino no se da por terminado. Se sigue observando su comportamiento durante meses. Se evalúa su estabilidad, su evolución y su capacidad de mantenerse en el tiempo. No todas las elaboraciones superan esta fase. Algunas se descartan si no alcanzan el nivel esperado.

Cuando el vino demuestra que tiene recorrido, se embotella y se sigue controlando su evolución. Solo entonces se puede valorar el resultado completo. Desde la cepa inicial hasta la copa, el proceso puede durar años.

En zonas como Rueda, donde el viñedo ha tendido a simplificarse, trabajar con una variedad única implica asumir incertidumbre en cada fase. No hay referencias previas ni modelos claros. Cada decisión se basa en lo que la propia uva va mostrando.

El resultado final no es solo un vino distinto. Es la consecuencia de haber seguido todo el proceso sin atajos, desde una cepa aislada en el campo hasta un vino que puede ser entendido por sí mismo.

Recapiti
Amaya