Hay accidentes que duran cinco segundos... y cambian temporalmente la vida de una persona. - Hello Valencia

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Todo ocurre en apenas un instante.

Un suelo mojado al salir de la ducha. Una sartén con aceite mientras se prepara la comida. Un bordillo que parece inofensivo. Una caída durante una ruta de senderismo. Un mal apoyo jugando al pádel o bajando de la bicicleta.

Cinco segundos pueden bastar para que una persona completamente independiente necesite ayuda para levantarse de la cama, ducharse, cocinar o desplazarse con normalidad.

Nuestros padres disfrutan hoy de una vida más activa que nunca. Viajan, caminan, practican deporte, se reúnen con amigos, cuidan de sus nietos y disfrutan de su tiempo libre. Mantener esa actividad es una de las mejores formas de cuidar la salud. Pero también significa seguir expuestos a los pequeños accidentes de la vida cotidiana.

El baño y la cocina pueden convertirse en el escenario de una caída o una quemadura. Una actividad deportiva, por saludable que sea, puede terminar en una lesión. Y determinados tratamientos farmacológicos pueden afectar al equilibrio o a los reflejos.

Cuando ocurre un accidente, el dolor de una fractura, una quemadura o cualquier otra lesión es, naturalmente, lo primero. Pero junto a ese dolor aparece también otra preocupación: la pérdida temporal de autonomía.

Para una persona que siempre ha vivido de forma independiente, tener que pedir ayuda puede resultar difícil. Nuestros padres han cuidado de nosotros durante toda la vida. Han organizado su día a día, su casa y su familia. Y muchas veces, aunque necesiten ayuda, no quieren molestar ni convertirse en una carga para sus hijos.

Al mismo tiempo, los hijos quieren estar ahí. Pero trabajan, tienen sus propias familias y, en ocasiones, viven lejos. Por eso, cuando llega una situación así, cada familia necesita encontrar la mejor solución: que un hijo pueda acompañar durante unas semanas, que un hermano se haga cargo de los cuidados, contratar ayuda a domicilio o adaptar temporalmente la vivienda.

Está diseñado para personas de entre 60 y 75 años y mantiene su protección hasta los 85. Cuando el diagnóstico médico confirma una lesión incluida en el baremo, la indemnización se abona sin necesidad de esperar al alta médica.

Además, no funciona como un seguro de reembolso. No es necesario presentar facturas ni justificar cómo se emplea el dinero. La familia puede decidir libremente cómo utilizar la indemnización: contratar ayuda, adaptar el baño, alquilar una silla de ruedas o atender cualquier otra necesidad que pueda surgir durante la recuperación.

Según la modalidad contratada, las indemnizaciones pueden alcanzar hasta 7.500 € por determinadas fracturas o quemaduras graves, hasta 6.000 € por una fractura de tibia y/o peroné y hasta 40.000 € por fallecimiento o gran invalidez por accidente.

Porque nadie puede evitar que ocurra un accidente. Pero contar con recursos para afrontar ese momento permite recuperar algo muy importante: la tranquilidad y la libertad de decidir cómo seguir adelante.

Proteger a quienes siempre han cuidado de nosotros también es una forma de cuidar de toda la familia.

Infórmate en cualquiera de las oficinas de Mutua Levante o consulta con tu mediador de confianza.

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María Selva