La guerra por el talento ya no se libra por el talento

Compatibilità
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Durante años, atraer y retener a los mejores profesionales ha ocupado un lugar central en la estrategia de las organizaciones. La llegada de la inteligencia artificial empieza a modificar esa lógica. A medida que parte de la capacidad de ejecutar puede automatizarse, cobra mayor importancia una facultad que sigue dependiendo de las personas: decidir qué merece la pena hacer y con qué propósito.

Sobre esta transformación reflexiona Ekhi Etxeberria, CHRO y miembro de la Junta Directiva de AEDRH, en una tribuna publicada originalmente en Revista Ejecutivos. Su análisis parte de una pregunta que comienza a ganar espacio en las compañías: si la ejecución deja de ser tan escasa, ¿puede convertirse el criterio en el verdadero factor diferencial?

Cuando la tecnología avanza más rápido que las decisiones

La adopción de inteligencia artificial crece con rapidez en las empresas españolas, aunque ese avance tecnológico no siempre encuentra el mismo ritmo en las capacidades internas. Según los datos recogidos por Etxeberria, el 85% de las compañías ya ha invertido o prevé invertir en IA, mientras una parte significativa reconoce carencias de conocimiento y capacitación para incorporarla con garantías.

La cuestión alcanza también a los órganos de dirección. El análisis citado en la tribuna muestra que buena parte de los consejos todavía mantiene una implicación limitada en la definición de la estrategia de inteligencia artificial. El reto comienza así antes de elegir una herramienta: pasa por determinar dónde tiene sentido utilizarla y qué decisiones conviene mantener bajo deliberación humana.

El talento cambia de valor

La transformación también está modificando las competencias que demandan las empresas. Los puestos más expuestos a la IA están viendo cambiar sus requisitos con mayor rapidez, mientras los profesionales con conocimientos específicos en esta tecnología reciben una prima salarial relevante. El conocimiento técnico, por tanto, mantiene su valor.

Sin embargo, Etxeberria señala otra capacidad que empieza a cobrar peso. Cuando una herramienta puede generar análisis, código o propuestas en segundos, la diferencia puede estar en saber formular el problema adecuado, cuestionar el resultado y entender sus consecuencias para el negocio. Ahí aparece el criterio como una dimensión distinta del conocimiento o de la propia competencia técnica.

La tribuna no plantea que el criterio haya sustituido ya al talento como recurso escaso. Sí apunta hacia un cambio que las organizaciones tendrán que observar de cerca: cuanto más accesible sea la capacidad de hacer, mayor puede ser el valor de quienes saben decidir cuándo merece la pena hacerlo.

Lee la tribuna completa en la Revista Ejecutivos

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