Días de vino y rosas, todo es plástico - Verdes Digitales

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Hace tiempo que no escribo por estos lares. Llevaba mucho buscando algo interesante que contar para esas personas que todavía entran en blogs a leer artículos. Por lo que me dice Analytics seréis muy pocos, los blogs cada vez tienen menos visitas. La correlación es clara, es por la inteligencia artificial, pero también se unen otros factores: la falta de tiempo, la baja concentración ante contenidos profundos y el algoritmo, el dichoso algoritmo, que cada vez pone más difícil que una persona busque algo y encuentre un contenido de valor. Todo son clickbaits, materiales vacíos y dinero, siempre las mismas páginas posicionadas.

Soy cofundador de una agencia de marketing y cada día me muevo en la dualidad. Amo y odio a partes iguales el mundo digital.

¿Por qué lo amo? Porque disfruto de un buen paseo por la montaña o por la playa, pero también viendo un vídeo de un naturalista que te cuenta cómo está el bosque atlántico español en verano, qué ruidos hacen los animales (y cómo identificarlos) cuando duerme en un refugio de alta montaña. Me encanta tomar algo con amigos y amigas, pero también escuchar o ver un podcast sobre nutrición vegetal.

En este post os voy a contar por qué últimamente estoy más en «modo hate» con lo digital, y es que en algunas cosas creo que razón no me falta.

Todo son artículos sensacionalistas. Da igual el medio que leas, buscan el clic a toda costa. Y como además saben que luego la gente no lee el artículo entero, son vacíos de personalidad. Sé que el periodismo no ha muerto, pero está en horas bajas. Por no hablar de la polarización política, que se nota igual en ellos. Nada de objetividad. Aquí solo manda vender. Dichoso don dinero.

Todos los carteles son IA. Alguien corrió la voz: con ChatGPT puedes hacer un cartel para un evento en segundos. Te ahorras un diseñador/a. Te ahorras tiempo en montar algo en Canva. Te ahorras pensar más de la cuenta. No tienes tiempo, le dices dos cosas rápidas a la IA y voilà. Ya lo tienes. Un cartel para las fiestas del pueblo, para la carta del restaurante, para la programación cultural mensual. ¿El problema? Son todos clones, parecen Borbones. Iguales. Da igual la temática, todos tienen el tufo de ChatGPT. ¿Y es un problema? Mi reflexión ante esto es que si todos son iguales, con el tiempo nadie les hará caso, ya que será como ver una hoja en el suelo. Una más. La creatividad detrás de un cartel radica en eso, en entender a tu público, sintetizar mensajes, llamar la atención. A fin de cuentas, ser original. De eso hay poco ya. Todo es copia de una copia. Días de vino y rosas, todo es plástico como dice la canción. Y lo peor es que ya pasa con todo. Con carteles clonados por IA, pero también con contenidos digitales, incluyendo publicaciones «personales» en LinkedIn.

LinkedIn. Cómo la quería cuando empezó. Cómo la apreciaba. Decía, mira, qué sitio tan chulo. Qué guay tener a compis de profesión en un mismo lugar, saber cómo les va, compartir conocimiento, generar conexiones y sinergias. ¿Pero ahora? Solo tenemos gente escribiendo sus historias con IA, vendehumos y publicidad. Mucha publicidad. Todos los días me llegan uno o varios mails automatizados que dicen conocerme, que les encanta lo que hago, mi empresa y que pueden conseguirme 100 leads en un mes porque saben perfectamente cómo se mueve mi sector. Mi respuesta, siempre la misma. Bloquear y spam.

¿Y el resto de redes sociales? Antes, con un buen trabajo orgánico, sus algoritmos te ayudaban a crecer, a llegar a más públicos. ¿Ahora? O pagas por todo (por promocionar una publicación, por hacer una campaña, por pagar a un/a influencer) o estás muerto en vida. Da igual que lo que cuentes sea de interés, que le hayas dedicado horas a grabar y editar un vídeo, a diseñar un carrusel. Todo se basa en esto: de lo que publicas, solo lo verá entre un 10 y un 20 % de tu comunidad. Y punto. ¿Hay excepciones? Sí, cuando consigues viralizar un contenido, pero son tan pocas. Y más si los temas de tus clientes no son fútbol, prensa del corazón o cine.

Y por último, la pérdida de tiempo. Cómo nos hacen perder horas y horas las pantallas. Preferimos estar viendo vídeos cortos que charlando con una amistad. Nos dan más dopamina los «me gusta» conseguidos que un paseo por la costa. Y la triste realidad es que cada día somos menos sociables, más perezosos con las interacciones humanas. Esto nos hace ser menos empáticos, más apáticos y encerrados en nuestros mundos.

Sé que casi nadie va a llegar hasta el final, pero si estás por ahí y te apetece aportar tu visión optimista y pesimista del mundo digital estaré encantado de leerte.

Hoy estoy en modo hate y pesimista, pero otro día os cuento en profundidad todo lo que el mundo digital me ha dado, que es mucho. Feliz final de verano.

Recapiti
Enrique Estrela