Aunque la proporción de consultas a las diferentes plataformas de inteligencia artificial (IA) está por debajo de las que se hacen a Google –la diferencia hoy es de 1 a 8 o 9 a favor de Google–, los datos nos dicen que ya hay 37,5 millones de consultas directas diarias a la inteligencia artificial. Una cifra que crece continuamente y que establece una tendencia, el mensaje de la cual es que en muy poco tiempo los buscadores tradicionales serán sustituidos por chatbots de IA.
Como consecuencia de esta realidad creciente, debemos preguntarnos qué pasará entonces con todas aquellas empresas, organizaciones, instituciones y personas que han puesto todo el esfuerzo en tener un buen posicionamiento en Google, pero que no saben qué dice de ellas la IA. ¿Nos hemos parado por un momento a pensar qué dice la IA de nosotros? ¿Cómo nos presenta? ¿Qué transmite?
A principios de los 2000, los que nos dedicamos a la comunicación seguíamos una máxima que decía que “si tu no dices lo que haces, alguien dirá lo que no haces”, lo que traducido significa que no dejes tu reputación en manos de otros. Aún más, también afirmábamos que, si no dices lo que haces, no existes. Ahora volvemos a la casilla 0, a aquel punto en el que las personas preguntan a la IA por un restaurante, por un taller mecánico, por una empresa de servicios, por un perfume o por una determinada tienda y se creen aquello que les dice ChatGPT, Gemini o Perplexity. Y si no les dicen nada sobre ti, piensan que no existen o que no eres de fiar.
Las empresas, las instituciones, las entidades y las personas con dimensión pública deben empezar a entender que también han de dirigir sus esfuerzos para que la IA les reconozca. Y estos deben ser muy distintos a los que hacían hasta ahora para ocupar una buena posición en Google. Aquí no valen los posicionamientos SEO o SEM. Aquí lo que cuenta son las informaciones publicadas en medios serios, los comentarios que reciben y si nuestra presencia es destacada o no en las redes sociales y en los medios de comunicación, y si tenemos o no una página web ordenada y con información de valor añadido.
Hoy, aún estamos a tiempo para conseguir que la IA nos tenga en cuenta y hable bien de nosotros, pero renunciar a este reconocimiento será el equivalente a no existir. Por eso nosotros, lo primero que hacemos ante un cliente que nos solicita ayuda para mejorar su comunicación o su reputación, es preguntar a la IA qué sabe y qué piensa de aquel cliente. Os aseguro que las sorpresas son monumentales.