Evita rayas finas y cuadros pequeños – Evita rayas finas y cuadros pequeños – Evita rayas finas y cuadros pequeños…
Mira que en manta ocasiones he repetido aquí mismo que debe revisarse todo y todo más de una vez y de dos para que tu intervención pública sea impecable. Pues parece ser que en algún momento esta máxima huyó de mi cabeza y ¡he metido la pata! Y como creo que los errores sirven para aprender, comparto el mío.
Hace pocos días celebramos el acto de las “Mosques de la Informació” que la junta de Girona del Col·legi de Periodistes de Catalunya organiza desde el año 1988 para reconocer trayectorias profesionales, distinguir personas o entidades por la difusión que realizan de las comarcas de Girona más allá de sus fronteras y, también, para dar las gracias a aquellas que han facilitado el trabajo de los periodistas o llamar la atención de forma distendida a quién la ha complicado un poco más de lo que ya es. Pero este acto sirve sobre todo para reivindicar el oficio y la profesionalidad de los que lo ejercemos teniendo siempre presente la guía deontológica que recoge el Código de qué nos hemos dotado, independientemente del ámbito en el que trabajemos. Y ello adquiere un valor especial cuando proliferan los pseudomedios online y los perfiles de redes que adoptan las formas del periodismo para conseguir una pátina de credibilidad, pero sin atender a sus limitaciones éticas, y en unos momentos en los que la información y las noticias falsas van minando el panorama comunicativo, con la contribución cada vez más notoria de la IA.
Vam procurar recollir-ho tot en el parlament, treballat en equip amb la voluntat de fer pública la nostra preocupació. Vam revisar-ho i repassar-ho i, un cop les paraules a punt, en vaig assajar la presentació, per trobar el to adequat per traslladar el missatge. Vaig tenir en compte l’escenari, la megafonia, la llum, la necessària discreció del vestuari, sense penjolls… Però, ai las!, no vaig tenir en compte que l’acte s’enregistrava i la vaig vessar amb el vestit. Un vestit que sí que era discret, però de quadres molt petits, amb la qual cosa ja us podeu imaginar què va acabar passant: l’efecte moaré.
Los que seguían la intervención de forma presencial, ni lo notaron. Pero quiénes habían de visionarla es más que probable que aún me estén maldiciendo, porque la distorsión visual que genera es muy molesta. Podéis comprobarlo aquí. ¡Lo siento!
Confío en que no me lo tendrán en cuenta y que recordarán el mensaje. ¡Qué desastre si no lo recuerdan! Procuraré no pasar nada por alto la próxima vez.
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