De que hablamos...
La Política Agraria Común (PAC) es mucho más que un sistema de ayudas al campo. Sus decisiones influyen en cómo producimos los alimentos, en la sostenibilidad de las explotaciones y en el futuro del medio rural. Mientras se negocia el modelo que marcará el periodo posterior a 2027, Por Otra PAC reivindica una política agraria más justa, sostenible y preparada para afrontar el cambio climático.
Esta coalición, que reúne a más de 50 organizaciones, lleva desde 2018 trabajando para transformar la PAC y acercar sus implicaciones a la ciudadanía. En Verdes Digitales colaboramos con el proyecto para hacer más accesible un debate complejo, conectando las decisiones políticas con sus consecuencias sobre el territorio y nuestra alimentación. Hablamos con Elvira del Pozo, responsable de comunicación, y Maxime Orhon, responsable de incidencia política de Por Otra PAC sobre los retos de la próxima reforma, el reparto de las ayudas y la importancia de construir un sistema alimentario más sostenible.
Han pasado cinco años desde la última vez que hablamos con Por Otra PAC. ¿Qué ha cambiado más: la PAC, el campo o la forma de entender la política agraria desde la sociedad?
Probablemente han cambiado las tres cosas, y además lo han hecho muy deprisa. El campo afronta hoy una enorme incertidumbre: el aumento de los costes de producción, los efectos cada vez más evidentes del cambio climático, la falta de relevo generacional y las dificultades para mantener la rentabilidad de muchas explotaciones. Al mismo tiempo, la agricultura y la alimentación han ganado espacio en el debate público y político.
Quizá uno de los principales cambios sea precisamente ese: cada vez resulta más difícil entender la PAC únicamente como una política sectorial que afecta a agricultores y ganaderos. Estamos hablando de una de las principales políticas de la Unión Europea y de una enorme cantidad de dinero público que condiciona cómo producimos nuestros alimentos, qué explotaciones pueden seguir siendo viables y qué impactos genera ese modelo sobre el territorio, el agua, el suelo, la biodiversidad o nuestra propia alimentación.
Desde Por Otra PAC llevamos años intentando ampliar esa mirada. La pregunta no debería ser únicamente cuánto dinero recibe el campo, sino qué modelo agrario y alimentario queremos sostener con ese dinero público y qué beneficios queremos que genere para el conjunto de la sociedad.
La PAC que se está diseñando ahora marcará buena parte del futuro del campo europeo después de 2027. ¿Qué se está jugando realmente en esta negociación y qué decisiones pueden pasar más desapercibidas para la ciudadanía?
Nos estamos jugando nuestra soberanía alimentaria. ¿Habrá suficiente presupuesto para la futura PAC o vamos a priorizar otros sectores, como la defensa, a expensas del mundo agrario?
Más allá del presupuesto, quienes toman las decisiones tienen la oportunidad de diseñar una PAC que acompañe al sector agrario frente al cambio climático y que apoye a las explotaciones para que puedan formar parte de la solución a este reto. Eso es lo que nos estamos jugando.
En 2021 hablábamos de una PAC más justa y sostenible. Cinco años después, ¿en qué aspectos sentís que se ha avanzado y en cuáles se han dado pasos atrás?
La PAC es apenas más justa. El reparto desigual de las ayudas sigue siendo prácticamente el mismo en la Unión Europea: el 20% de quienes reciben las ayudas percibe el 80% del total. En España, la situación es algo mejor, pero sigue siendo muy desigual: el 20% percibe el 74% de las ayudas. Claramente, no ha habido grandes cambios.
En materia de sostenibilidad sí hubo avances con la aplicación de la condicionalidad reforzada y los ecorregímenes en la PAC actual, correspondiente al periodo 2023-2027. Sin embargo, la condicionalidad se debilitó con el pretexto de responder a las protestas agrarias, y los ecorregímenes están ahora en peligro de desaparecer en la futura PAC 2028-2034.
Uno de los grandes debates actuales es cómo repartir los fondos de la PAC. Si mañana pudierais rediseñar el sistema desde cero, ¿qué premiaría una ayuda agraria y qué dejaría de premiar?
Si pudiéramos diseñar esta política desde cero, implementaríamos una verdadera ayuda a la renta que apoyase a las explotaciones que más lo necesitan para evitar su desaparición. Dejaríamos atrás el sistema actual de pagos por hectárea, que hace que las explotaciones más grandes, a menudo también las más rentables, reciban más ayudas.
Por otro lado, blindaríamos un presupuesto significativo para que las explotaciones pudieran adaptarse al cambio climático y llevar a cabo, con una remuneración por ello, medidas que contribuyan a frenarlo.
Los ecorregímenes se presentaron como una de las grandes novedades de la PAC 2023-2027 y ahora su futuro está sobre la mesa. ¿Qué cambiaríais?
Los ecorregímenes tienen fallos y su aplicación podría mejorarse, pero han supuesto un cambio positivo en la PAC.
En primer lugar, por su financiación, que procede íntegramente de la Unión Europea, lo que evita la competencia desleal entre Estados miembros. En segundo lugar, porque reservan una parte del primer pilar de la PAC a estas medidas: un 25% del presupuesto.
Desde Por Otra PAC pedimos que los ecorregímenes se mantengan en la futura política agraria y que, dentro de este marco, se dé prioridad a las explotaciones de ganadería extensiva, que reciben poco apoyo de la PAC.
Hablar de PAC suele significar hablar de agricultores, ganaderos y Bruselas. ¿Qué papel deberían tener en esta conversación quienes estamos al otro lado de la cadena: consumidores, restauración, distribución o industria alimentaria?
Un papel mucho mayor. Una de las ideas que defendemos desde Por Otra PAC es que la política agraria no puede analizarse de forma aislada del resto del sistema alimentario. Lo que ocurre en una explotación está directamente relacionado con lo que sucede después en la cadena: la transformación, la distribución, la restauración y, finalmente, el consumo.
Además, cada eslabón tiene capacidad para favorecer o dificultar determinados modelos productivos. No podemos pedir a agricultores y ganaderos que hagan solos una transición hacia modelos más sostenibles, resilientes y beneficiosos para la sociedad si después el mercado no reconoce ese esfuerzo o si determinadas prácticas comerciales empujan precisamente en la dirección contraria.
Por eso necesitamos incorporar a esta conversación a toda la cadena y también a la ciudadanía. La PAC se financia con dinero público y sus decisiones terminan afectándonos a todas las personas: a los alimentos que encontramos en nuestros mercados, a la salud de nuestros territorios, al agua disponible, al paisaje o a la capacidad de mantener un medio rural vivo.
Por Otra PAC reúne a más de 50 organizaciones con intereses, conocimientos y perspectivas muy diferentes. ¿Cómo se consigue construir una posición común cuando no todas las entidades parten exactamente del mismo lugar?
Con tiempo, paciencia y cariño. Existen muchas perspectivas diferentes en nuestra coalición, pero eso no nos ha impedido avanzar desde que nacimos en 2018.
Cada año nos reunimos en plenario, debatimos, intercambiamos puntos de vista y acordamos nuestras prioridades. Desde el principio, las entidades han demostrado una gran capacidad de consenso.
Puede que una organización tenga como prioridad un tema determinado, pero que la coalición decida centrarse en otro. Eso no significa que esa organización tenga que abandonar su prioridad: puede seguir defendiéndola por su cuenta mientras, como coalición, ponemos el foco en otro asunto. Además, muchas veces son cuestiones complementarias.
A nivel comunicativo, ¿cuáles son las acciones más relevantes que realizáis a lo largo del año para dar a conocer vuestra labor y vuestras peticiones?
Uno de nuestros principales retos es conseguir que la PAC salga de los despachos y de los círculos especializados. Es una política extraordinariamente técnica, llena de siglas y procedimientos, pero detrás de ella hay cuestiones bastante sencillas de entender: quién recibe las ayudas, para qué se utiliza el dinero público o qué modelo de agricultura y ganadería queremos apoyar.
Por eso combinamos la comunicación vinculada a la incidencia política (notas de prensa, posicionamientos, tribunas, encuentros con periodistas o contenidos dirigidos a quienes toman las decisiones) con formatos pensados para llegar a públicos más amplios. Trabajamos de manera continuada nuestra web y nuestras redes sociales, elaboramos contenidos audiovisuales y buscamos fórmulas que permitan explicar la PAC de una manera más comprensible y atractiva.
También intentamos experimentar con otros lenguajes. Un ejemplo es #PACmeCrazy, un formato de monólogos con humor, vino y datos con el que sacamos la PAC de su contexto habitual para hablar de política agraria de otra manera. También impulsamos iniciativas como Radar PAC, con las que intentamos ordenar y explicar la actualidad de una política que genera constantemente documentos, negociaciones y decisiones difíciles de seguir para quienes no trabajan directamente en ella.
En definitiva, intentamos adaptar el lenguaje y el formato al público al que queremos llegar sin perder rigor. Porque simplificar la PAC no significa simplificar el debate, sino hacerlo accesible.
Desde Por Otra PAC habéis trabajado con Verdes Digitales para acercar el debate sobre la política agraria a nuevos públicos. ¿Qué valor aporta para un proyecto como el vuestro contar con aliados que ayuden a traducir cuestiones tan técnicas en contenidos más accesibles y atractivos?
Para una coalición como la nuestra es fundamental. Trabajamos sobre una política extremadamente compleja y uno de los riesgos es terminar hablando únicamente para quienes ya conocen la PAC. Podemos tener propuestas muy sólidas, pero si no somos capaces de explicarlas fuera de ese círculo especializado, perdemos una parte importante de nuestra capacidad de incidencia.
Contar con aliados como Verdes Digitales nos ayuda precisamente a salvar esa distancia entre el contenido técnico y la comunicación. Nos permite encontrar otros lenguajes, formatos y recursos visuales para explicar cuestiones complejas sin perder rigor y, sobre todo, preguntarnos continuamente quién está al otro lado y qué necesita para entender por qué todo esto también le afecta.
Comunicar la PAC no consiste únicamente en hacer más sencillo un contenido técnico. Consiste en conectar una decisión que puede parecer lejana, tomada en Bruselas, con sus consecuencias concretas sobre el campo, los alimentos, el medio rural y la vida cotidiana de las personas. Y esa traducción es imprescindible si queremos que la política agraria deje de ser un debate reservado a especialistas.
Si pensamos en el futuro de la alimentación y del medio rural más allá de la próxima PAC, ¿qué cambios os gustaría ver dentro de diez años para poder decir que realmente hemos avanzado hacia el modelo de agricultura y alimentación que defendéis?
Más allá de la PAC, habrá que implementar verdaderas políticas de desarrollo rural que hagan del mundo rural un lugar atractivo para vivir y trabajar. Un lugar donde haya servicios públicos, centros de salud y oficinas de correos, entre otros recursos, para que sea posible desarrollar allí un proyecto de vida.
Estas medidas, al favorecer que la población permanezca en el medio rural, también fomentarán una agricultura y una ganadería de proximidad. Garantizar que haya vida en el medio rural es, al mismo tiempo, garantizar la producción de alimentos en nuestros territorios.
Después, si queremos que esa alimentación local sea saludable, necesitaremos políticas públicas ambiciosas que apoyen a la agricultura y la ganadería de proximidad para que puedan hacer frente al cambio climático e, incluso, convertirse en parte de la solución.