Retribución flexible y experiencia del empleado: una visión experta

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La retribución flexible puede ser mucho más que un conjunto de ventajas económicas: puede convertirse en un motor de bienestar, una pieza clave de la Propuesta de Valor al Empleado (PVE), conocida habitualmente como EVP (Employee Value Proposition) en inglés, y en un símbolo del compromiso de la empresa con sus personas. Para ello, debemos darle un nuevo propósito que vaya más allá de la fiscalidad y que conecte con la experiencia real del empleado, su contexto y su futuro. Tener una visión renovada del modelo implica explorar cómo innovar, simplificar y personalizar los beneficios sociales para construir una experiencia más humana, diferencial y alineada con la cultura de la organización.

La retribución flexible como algo que ya no está “resuelto”

A veces, cuando hablo con otros profesionales de RRHH, me doy cuenta de que damos por sentado que la retribución flexible está “resuelta”. Que ya forma parte del paquete habitual, que funciona sola, que no requiere más reflexión. Sin embargo, cuando escucho de verdad a las personas, aparece una realidad distinta: vidas que no encajan en un catálogo rígido, necesidades que evolucionan más rápido que nuestras políticas y prioridades que han cambiado profundamente en los últimos años.

La retribución flexible, tal y como la conocimos, se ha convertido casi en un commodity. Un punto de partida, pero no un verdadero diferenciador. Por eso siento que ha llegado el momento de dotarla de un nuevo propósito: convertirla en una pieza estratégica de la experiencia del empleado.

La innovación empieza cuando dejamos de pensar en productos y empezamos a pensar en personas

He visto a muchas organizaciones medir el éxito de su política de retribución flexible por el número de productos que ofrecen. Pero innovar no consiste en ampliar el catálogo, sino en redefinir el impacto que esos beneficios tienen en la vida de las personas. La pregunta clave no es “¿qué ofrecemos?”, sino “¿qué necesidad resolvemos?”.

Ese cambio de perspectiva abre posibilidades que van mucho más allá del beneficio fiscal. Nos empuja a pensar en bienestar integral, en movilidad, en conciliación, en salud física y emocional, en desarrollo profesional o incluso en apoyo financiero. Y es que innovar en RRHH no es inventar productos nuevos, sino comprender mejor a las personas para integrar soluciones que aporten valor real.

El EVP como brújula para rediseñar los beneficios sociales

Una política de beneficios debería existir para reforzar la promesa que la empresa hace a su gente. Si nuestro EVP habla de bienestar, de crecimiento, de flexibilidad o de impacto social, los beneficios tienen que encarnar esos valores. De lo contrario, la propuesta pierde coherencia.

Por eso insisto en que la retribución flexible solo adquiere sentido cuando se conecta de forma directa con el EVP. No basta con ofrecer un catálogo atractivo: es imprescindible que los beneficios transmitan quiénes somos como organización y cómo cuidamos de nuestras personas. Cuando existe esa coherencia, el valor percibido se multiplica.

Del catálogo rígido al ecosistema adaptable: diseñar para el ciclo vital

La verdadera flexibilidad no nace de la variedad, sino de la adaptabilidad. Un catálogo estático, por muy amplio que sea, no puede responder por igual a una persona joven que empieza su carrera, a alguien que cuida de hijos o familiares, o a un profesional sénior que prioriza estabilidad y salud.

Diseñar desde el ciclo vital significa entender que las necesidades cambian, y que los beneficios deben acompañar ese cambio. Esto abre la puerta a modelos más sofisticados: beneficios segmentados por tramos vitales, opciones ampliables para familias, servicios de bienestar emocional accesibles desde nómina o incluso soluciones de movilidad que evolucionan con la situación personal de cada empleado.

La clave es que la retribución flexible se convierta en un ecosistema, no en una lista de productos.

La innovación sin coste adicional: una oportunidad que olvidamos con frecuencia

Uno de los aspectos más potentes de la retribución flexible —y que a menudo olvidamos— es que no implica necesariamente un coste adicional para la empresa. En realidad, se trata de redistribuir una misma compensación de manera más inteligente, más alineada con las necesidades reales de cada persona. Este principio abre un espacio idílico para innovar: podemos rediseñar productos, ampliar opciones y personalizar beneficios sin requerir nuevas inversiones, simplemente adaptando lo existente para maximizar su impacto.

Más allá de la fiscalidad: un espacio para innovar con creatividad

Durante demasiado tiempo, la retribución flexible ha estado encorsetada en lo fiscal. Y aunque ese componente seguirá siendo importante, no puede ser la única palanca para aportar valor. La creatividad —bien aplicada— permite explorar opciones que mejoran la vida de las personas sin depender únicamente del marco tributario.

Algunas empresas ya están ampliando el modelo hacia servicios de conciliación, asesoramiento financiero, salud emocional, movilidad sostenible, formación para la empleabilidad futura o programas personalizados de bienestar. Incluso la contratación colectiva, cuando se usa con intención, abre oportunidades para democratizar beneficios que antes solo estaban al alcance de ciertos niveles profesionales.

Todo ello apunta hacia un modelo más amplio y humano, donde el valor percibido supera con creces el ahorro económico.

Escuchar, analizar y rediseñar: la metodología que transforma el modelo

Diseñar una política de retribución flexible innovadora requiere metodología. Y, en mi experiencia, la combinación de escucha activa, análisis y diseño iterativo suele ser imbatible.

  • Escuchar permite detectar necesidades invisibles y aspiraciones no cubiertas.
  • Analizar datos de uso, perfiles y comportamientos revela patrones que evitan decisiones basadas en intuición.
  • Prototipar y testear beneficios ayuda a reducir riesgos y ajustar antes de lanzar.
  • Iterar cada año convierte el plan de retribución flexible en un sistema vivo, no en un documento fijo.

Cuando RRHH aplica estas metodologías, la retribución flexible se vuelve más precisa, más humana y, sobre todo, más valiosa.

Comunicar con transparencia para generar valor percibido

Una de las barreras más frecuentes en retribución flexible es la falta de comprensión sobre su impacto. Muchos empleados desconocen cómo influye en su nómina, qué coste evita o qué valor añadido ofrece.

Una comunicación clara, sencilla y transparente —sin tecnicismos innecesarios— puede transformar la percepción de los beneficios. Explicar de forma directa qué aporta cada opción, qué problema resuelve y cómo contribuye al bienestar personal, activa una relación más consciente y positiva con el modelo. La transparencia es, en realidad, una forma de cuidado.

Hacia un modelo de retribución flexible más humano y con propósito

Estoy convencido de que la retribución flexible vive un momento decisivo. Ya no es suficiente con cumplir o con ofrecer el catálogo estándar del mercado. Las personas buscan soluciones que se integren en su vida, que alivien sus preocupaciones, que les permitan crecer y que reflejen el compromiso real de la empresa con ellas.

Y eso solo es posible si la retribución flexible abraza un nuevo propósito: acompañar la experiencia del empleado desde la autenticidad, la innovación y el bienestar.

Recapiti
Ignacio Samaniego