Cómo acompañar las dificultades de aprendizaje - IAW

Compatibilità
Salva(0)
Condividi

Las dificultades de aprendizaje son mucho más que una cuestión escolar. Afectan al modo en que un niño o niña comprende el mundo, se relaciona consigo mismo y construye su autoconcepto. 

Cada vez más familias y profesionales se preguntan cómo acompañar estas diferencias desde una mirada que respete los ritmos individuales, potencie las capacidades y contemple el contexto emocional y familiar. En esta guía te proponemos un recorrido completo y práctico para comprender qué son las dificultades de aprendizaje y cómo abordarlas desde un enfoque humano, sistémico y vincular. 

A menudo, cuando un niño presenta bajo rendimiento académico o dificultades para concentrarse, leer o comunicarse, el entorno reacciona desde la preocupación o la exigencia. Sin embargo, detrás de cada síntoma hay una historia, un modo particular de procesar la información y un sistema familiar y educativo que también necesita ser comprendido. 

En lugar de centrarnos únicamente en la “dificultad”, esta guía te invita a descubrir el sentido y la función que puede tener cada manifestación en el desarrollo del menor. 

A lo largo de este artículo exploraremos las principales dificultades de aprendizaje, como la dislexia, el TDAH, el autismo y las altas capacidades, para entender cómo se expresan, cómo detectarlas a tiempo y de qué manera acompañar a cada niño desde su singularidad. Porque acompañar las dificultades de aprendizaje no significa corregir lo que “falta”, sino reconocer las potencialidades que están esperando ser vistas.

Las dificultades de aprendizaje hacen referencia a un conjunto de desafíos que pueden presentarse en el proceso de adquirir y utilizar habilidades como la lectura, la escritura, el razonamiento o las matemáticas. No se trata de una falta de inteligencia ni de desinterés, sino de una forma diferente en que el cerebro procesa, comprende y comunica la información. 

Cada niño y niña aprende a su propio ritmo, y cuando ese ritmo no encaja con las expectativas del sistema educativo o familiar, pueden aparecer etiquetas, frustración y sentimientos de incapacidad. Comprender qué son las dificultades de aprendizaje permite cambiar la mirada del “problema” al potencial, favoreciendo un acompañamiento respetuoso y adaptado a las necesidades individuales. 

Es importante distinguir entre dificultad de aprendizaje y trastorno del aprendizaje: 

  • Las dificultades pueden estar relacionadas con factores emocionales, contextuales o pedagógicos (por ejemplo, una etapa de estrés familiar, un cambio de colegio o un método de enseñanza que no se adapta al estilo del niño). Suelen ser transitorias y mejoran cuando se ajusta el entorno. Consulta más información en el artículo Infancia vacía.
  • Los trastornos de aprendizaje, en cambio, tienen un origen neurobiológico y persisten en el tiempo, como ocurre en la dislexia, la discalculia o el TDAH. Aunque pueden requerir apoyo especializado, eso no significa que el niño no pueda desarrollarse con éxito, sino que necesita una intervención adecuada y comprensiva.

En la mayoría de los casos, las dificultades de aprendizaje se detectan cuando el rendimiento escolar no corresponde al potencial del niño o niña. Pero centrarse únicamente en las notas o en los resultados puede invisibilizar aspectos emocionales, familiares o relacionales que influyen directamente en su capacidad de atención, memoria o motivación.

Aunque cada caso es único, las más conocidas son las siguientes: 

  • Dislexia: dificultades en la lectura, la escritura o la comprensión lectora. 
  • Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH): alteraciones en la atención, la impulsividad o la autorregulación. 
  • Trastorno del Espectro Autista (TEA): diferencias en la comunicación, la socialización y la flexibilidad cognitiva. 
  • Altas Capacidades: gran potencial cognitivo que puede coexistir con dificultades específicas o emocionales. 

Estas categorías no deben entenderse como etiquetas fijas, sino como puntos de partida para comprender el estilo de aprendizaje de cada niño o adolescente. Lo esencial es mirar más allá del diagnóstico y acompañar desde la singularidad. 

Dislexia

La dislexia es una dificultad de aprendizaje específica de origen neurológico que afecta principalmente el reconocimiento preciso y/o fluido de las palabras, así como la ortografía y la decodificación, en relación con otras habilidades cognitivas que se encuentran a un nivel esperable para la edad del niño o niña.

Suele manifestarse en el contexto escolar mediante signos como dificultad consistente para leer de forma fluida, frecuente confusión de letras o sílabas, errores sistemáticos al escribir (por ejemplo, sustituir, invertir, omitir letras), baja velocidad lectora, problemas para comprender lo que se lee o evitar actividades de lectura debido a la frustración. 

Otros síntomas que suelen identificarse son dificultades para recordar la secuencia de sonidos de una palabra (conciencia fonológica), problemas de memoria a corto plazo, organización deficiente, lentitud en el procesamiento de la información, lo que repercute en el aprendizaje.

Los tipos de dislexia

La clasificación de los tipos de dislexia puede abordarse desde dos grandes ejes: el origen y la ruta de procesamiento afectada. 

  • Origen:
    • Dislexia evolutiva (o del desarrollo): aparece en la infancia, sin que exista una lesión cerebral identificada. 
    • Dislexia adquirida: se produce como consecuencia de una lesión cerebral o daño en un área vinculada con la lectoescritura, y puede aparecer en cualquier momento de la vida.
  • Ruta de procesamiento afectada:
    • Dislexia fonológica: dificultad para decodificar palabras nuevas o desconocidas, para asociar grafemas (letras) al fonema (sonido). Por ejemplo, al niño le cuesta leer o sílabas en una palabra nueva; puede leer “ca-sa” como “caa-sa” o cometer errores al pronunciar palabras desconocidas. 
    • Dislexia superficial (o visual): la persona puede leer palabras “familiares” relativamente bien, pero se bloquea con palabras irregulares (que no siguen las reglas de correspondencia letra-sonido) o con pseudopalabras. Por ejemplo, confundir “hacha” por “acha”, o no reconocer que una palabra no sigue la regla habitual, lo que ralentiza la lectura. 
    • Dislexia mixta o profunda: combina los déficits de las rutas fonológica y visual; implica mayores dificultades en la lectura, escritura y comprensión de palabras y textos. Por ejemplo, cometer grandes errores tanto en la decodificación como en la comprensión; la lectura es muy lenta; evita leer o muestra fatiga al hacerlo.

Estas clasificaciones permiten al profesional adaptar la intervención educativa o terapéutica de forma más precisa, ya que no todos los niños con dislexia presentan el mismo perfil.

La dislexia puede manifestarse de diferentes formas, siendo una de las principales dificultades de aprendizaje.

Cómo detectar la dislexia en el aula

Detectar la dislexia en el colegio es esencial para intervenir cuanto antes y evitar que la dificultad se convierta en un obstáculo mayor. Desde la mirada docente y terapéutica, se pueden tener en cuenta los siguiente indicadores

  • Lectura muy lenta en comparación con el nivel de edad o curso, omisión o sustitución de sílabas o palabras, confusión de letras similares (por ejemplo, “b/d”, “p/q”). 
  • Dificultad para reconocer palabras sin ayuda, frecuentes errores al leer en voz alta, saltos de líneas o pérdidas del lugar al leer. 
  • Evitación de tareas que implican lectura o escritura (por frustración o fatiga), muchas faltas de ortografía persistentes, dificultad para copiar de la pizarra o del libro al cuaderno. 
  • Problemas para seguir instrucciones escritas, organización del cuaderno deficiente, dificultad para recuperar la información leída o escuchada. 
  • Desajuste evidente entre el potencial cognitivo del alumno (participación activa, verbalización, razonamiento oral) y sus resultados académicos en lectura o escritura. 

A parte de los indicadores en el ámbito académico, es importante prestar atención al contexto emocional del menor, teniendo en cuenta la motivación del niño y los posibles factores escolares o familiares que puedan estar favoreciendo la aparición o mantenimiento de la dificultad. 

Ejercicio: Palabras con emociones

El objetivo de este ejercicio es favorecer la conciencia emocional y la lectura comprensiva a través del juego y el enfoque multisensorial, ayudando al niño o niña a reconectar con la confianza en su propio proceso de aprendizaje. Este ejercicio puede realizarse con niños y niñas mayores de 6 años. 

  • Materiales necesarios: tarjetas de colores o post-its, rotuladores de distintos grosores, plastilina o arena mágica, un espejo pequeño y música suave. 
  • Indicaciones del ejercicio:
    • Paso 1. Conexión emocional: comienza la actividad creando un ambiente tranquilo. Invita al niño o niña a cerrar los ojos, respirar profundo y escuchar música. Puedes preguntarle:
      • ¿Qué palabra te hace sentir bien en el día de hoy? 
      • Si necesita ayuda, puedes ofrecer opciones: alegría, calma, sol, mamá, jugar, etc. 
    • Paso 2. Creación multisensorial: escribid juntos esa palabra en una tarjeta. Luego, pídele que la modele con plastilina o que la trace con el dedo sobre la arena mágica. Con este paso estás activando el aprendizaje táctil y visual, fortaleciendo la memoria y la discriminación fonológica. 
    • Paso 3. Reflejo y conciencia: coloca el espejo frente al niño y pídele que lea su palabra en voz alta mientras se mira. Puedes preguntarle:
      • ¿Qué sientes cuando dices esta palabra?
      • Esto ayuda a vincular el proceso lector con la vivencia emocional positiva, reduciendo la ansiedad ante el error. 
    • Paso 4. Ampliación del vocabulario emocional: repite el juego con nuevas palabras que representen emociones o situaciones de su día. Clasificad las tarjetas por colores (por ejemplo, azul=calma, rojo=energía, verde=alegría). 
    • Paso 5. Cierre simbólico: cread un pequeño mural con todas las palabras. Al final puedes decirle: “Mira cuántas palabras bonitas sabes leer”. 

Trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH)

El Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es una condición neurobiológica que afecta a la regulación de la atención, el control de impulsos y la actividad motora. No está relacionado con la inteligencia; los niños y niñas con TDAH pueden tener un potencial cognitivo normal o superior, pero presentan dificultades para organizarse, mantener la concentración o controlar sus impulsos. 

Los síntomas más frecuentes se agrupan en tres grandes áreas: 

El déficit de atención, la hiperactividad y la impulsividad son síntomas frecuentes del TDAH y están estrechamente relacionados con las dificultades de aprendizaje en la infancia.

Es importante recordar que estos síntoma deben ser persistentes y afectar a varias áreas de la vida del niño o niña (escuela, hogar, relaciones sociales) para poder hablar de TDAH. 

Los tipos de TDAH

El TDAH se clasifica según los síntomas predominantes: 

  • Tipo combinado: presenta síntomas tanto de inatención como de hiperactividad/impulsividad. Por ejemplo, un niño que no termina las tareas, se mueve constantemente y responde antes de escuchar toda la instrucción. 
  • Tipo predominantemente inatento: dificultad marcada para mantener la atención, sin hiperactividad significativa. Por ejemplo, se distrae fácilmente con estímulos del entorno y olvida entregar trabajos, pero no muestra inquietud motora. 
  • Tipo predominantemente hiperactivo/impulsivo: sobresale la hiperactividad y la impulsividad, mientras que la atención puede estar menos afectada. Por ejemplo, habla sin parar, se levanta constantemente, toma decisiones rápidas sin pensar en las consecuencias. 

Cómo detectar el TDAH en el aula

Detectar el TDAH de forma temprana permite ajustar estrategias educativas y acompañar al niño sin etiquetarlo de manera negativa. Entre los indicadores más frecuentes en el aula se encuentran: 

  • Dificultad para permanecer sentado, moverse constantemente o levantarse sin permiso. 
  • Problemas para organizar tareas y materiales, entregar trabajos incompletos o desordenados. 
  • Olvidos frecuentes de instrucciones, libros o tareas escolares. 
  • Dificultad para esperar turnos, interrumpir a compañeros o hablar fuera de turno. 
  • Variabilidad en el rendimiento: algunas tareas se realizan con gran concentración cuando son interesantes para el menor, y otras se abandonan rápidamente. 

A nivel emocional, los niños, niñas y adolescentes con TDAH muestran: 

  • Frustración frecuente: dificultad para manejar la frustración ante tareas complejas o expectativas externas.
  • Impaciencia: tendencia a querer resultados inmediatos y baja tolerancia a la espera. 
  • Irritabilidad: cambios rápidos de humor, reacciones intensas ante situaciones cotidianas. 
  • Bajo autoconcepto: sentimientos de incapacidad o incompetencia por dificultades académicas o sociales. 
  • Ansiedad: preocupación excesiva, nerviosismo o tensión ante tareas que requieren concentración o planificación.
  • Sensibilidad emocional: reacciones emocionales intensas ante críticas, correcciones o conflictos sociales. 
  • Dificultad para autorregular emociones: tendencia a estallidos emocionales, llanto, enfado o frustración ante situaciones aparentemente simples. 
  • Dificultad en las relaciones sociales: conflictos con compañeros debido a impulsividad emocional o dificultades para interpretar emociones ajenas. 
  • Sobreexcitación emocional: entusiasmo o euforia excesiva que puede dificultar la concentración o la adaptación a normas. 

Ejercicio: Circuito de concentración y emociones

El objetivo de este ejercicio es favorecer la autor

Recapiti
Tamara Souto