Ego herido y perdón en las Personas Altamente Sensibles (PAS)

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Desde mi mirada como psicóloga sanitaria, cuando hablamos del ego herido y del perdón en las Personas Altamente Sensibles (PAS), es importante comprender la profundidad real de su sentimiento y manera de vivir la experiencia.

Para una persona con alta sensibilidad, el perdón no es una consigna moral ni una exigencia externa para “estar bien con los demás”, sino un proceso interno íntimamente ligado a su salud emocional y corporal.

La ciencia nos muestra que el resentimiento sostenido afecta al sistema nervioso, al sistema inmunológico y al equilibrio emocional. Como PAS, este impacto suele ser más intenso porque tu forma de percibir y procesar el mundo es también más profunda.

Gran riqueza sensorial y emocional
La alta sensibilidad implica un sistema nervioso que registra con mayor detalle los estímulos, las emociones y las experiencias relacionales.

Cuando sufres una decepción, una traición o una herida emocional, no solo recuerdas lo ocurrido a nivel de pensamiento, sino que revives la escena con gran riqueza sensorial y emocional.

Puedes recordar el tono de voz, una mirada concreta, la sensación en el pecho o el nudo en el estómago que apareció en ese momento.

Por ejemplo, una crítica aparentemente pequeña en el trabajo puede seguir resonando durante años, no porque quieras aferrarte al dolor, sino porque tu mente y tu cuerpo lo han archivado con una profundidad mayor.

Sobreestimulación emocional

A esto se suma la sobreestimulación emocional. Un conflicto interpersonal puede desencadenarte como PAS una auténtica avalancha interna de tristeza, rabia, culpa, miedo y decepción.

En ese estado, pedirte que perdones rápidamente es como pedirte que pienses con claridad en medio de una tormenta.

Antes de llegar al perdón, tu sistema nervioso necesita calma, seguridad y tiempo. Muchas veces te sientes culpable por no “pasar página” con rapidez, sin entender que tu dificultad no es una falta de voluntad, sino una respuesta neurobiológica.

Compasión, rabia y culpa

La empatía intensificada también juega un papel complejo. Muchas personas altamente sensibles son capaces de ponerse en el lugar del otro con gran facilidad. Esto puede ayudar a comprender contextos y motivaciones, pero también puede generar confusión emocional.

A veces, como PAS, no solo cargas con tu propio dolor, sino también con el sufrimiento que imaginas en la otra persona.

Por ejemplo, puedes pensar “sé que me hizo daño, pero también estaba pasando por un mal momento”, y acabar minimizando la herida o sintiéndote responsable del bienestar ajeno.

Esta mezcla de compasión, rabia y culpa suele bloquear el proceso de perdón auténtico.

El perdón

Cuando hablamos del ego herido en una PAS, no nos referimos a orgullo o soberbia, sino a un entramado emocional profundamente afectado.

Es una herida en la confianza, en el vínculo y en la sensación de seguridad en la relación con otras personas. Por eso, el perdón no puede ser un decreto racional ni una decisión forzada. Es un camino gradual que necesita respeto y acompañamiento.

El primer paso siempre es validar el propio dolor. Reconocer que duele mucho porque se siente mucho. Acompaño a menudo a personas altamente sensibles que se reprochan su intensidad emocional, cuando en realidad esa intensidad es parte de su identidad.

Decirse “me ha dolido profundamente porque soy así, porque amo, confío y me implico de verdad” es un acto terapéutico en sí mismo. Sin esta validación, cualquier intento de perdón se convierte en una negación de la experiencia interna.

El rencor

Otro aspecto fundamental es diferenciar a la persona del comportamiento. Esto no significa justificar ni minimizar el daño, sino evitar que el rencor lo invada todo.

Por ejemplo, como PAS puedes reconocer que alguien actuó de forma dañina sin reducir a esa persona únicamente a su error.

Esta distinción libera una enorme carga emocional y protege tu vida interior de persona sensible.

Autoperdón

En consulta, aparece con frecuencia la necesidad de trabajar el autoperdón. Muchas PAS se culpan por haber confiado, por no haber puesto límites antes o por no haber visto venir la herida. Perdonarse por haber sido vulnerable es clave.

La vulnerabilidad no es ingenuidad, es valentía emocional. Cuando como PAS logras mirarte con compasión, el perdón hacia fuera deja de ser una imposición y se convierte en una consecuencia natural del cuidado interno.

Dado que el sistema nervioso de la PAS es especialmente receptivo, las estrategias de perdón deben adaptarse a esta realidad.

La escritura emocional es una herramienta muy eficaz

No se trata de escribir de forma bonita, sino de volcar en el papel todo lo que quedó atrapado dentro: la rabia que no se expresó, las palabras que no se dijeron, el dolor que no tuvo espacio.

Muchas personas sienten un alivio físico tras este ejercicio, como si el cuerpo pudiera soltar parte de la carga.

Recapiti
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