Va cayendo la noche en los alrededores del que hace tiempo llamaron parque Villalón, y hoy todos conocen como parque Gonzalo de Quesada. Enfrente está el hermoso teatro Auditorium. Donde cantará, en solitario, el hombre a quien llaman ya “El tenor de las Antillas”, porque el mexicano Pedro Vargas ocupa merecidamente el de “Tenor de las Américas”.
Viene a celebrar, con un concierto personal, que la CMQ televisión lo acaba de contratar en forma exclusiva. Nació el Alquizar el 9 de marzo de 1914, y ha vivido muchos años llamándose René José de Jesús Cabezas Rodríguez. Pero ese es un nombre largo, complicado y muy difícil de recordar, por eso, cuando regresó de México, donde grabó discos, dijo a todos, con su sentido del humor, que allá fue “decapitado”, pues cambiaron su apellido Cabezas, que no era comercial, por el de Cabel.
Así que esta noche de 1952, sentados en este teatro que ha sido sede de la Filarmónica, René Cabel comienza su actuación cantándonos un tema de los hermanos Expósito, que grabará acompañado por el Trío Taicuba. Se llama Vete de mí, y dice:
Tú, que llenas todo de alegría y juventud, /
y ves fantasmas en la luna de tras luz, /
y oyes el canto perfumado del azul. // Vete de mí. //
No te detengas a mirar / las ramas viejas del rosal, /
que se marchitan sin dar flor. // Mira el paisaje del amor /
que es la razón para soñar, y amar. //
Yo, que ya he luchado contra toda la maldad, /
tengo las manos tan deshechas de apretar / que ni te puedo sujetar. //
Vete de mí. // Seré en tu vida lo mejor / de la neblina del ayer, /
cuando me llegues a olvidar / como es mejor el verso aquel /
que no podemos recordar.
De niño, su familia cambió Alquizar por La Habana y René José comenzó a destacarse en el canto. Hasta que el profesor Arturo Gobi, que se había quedado a vivir en la isla tras dirigir los coros que acompañaron a Enrico Caruso, se hizo cargo del muchacho y “le perfeccionó la voz de tenor dramático”.
No es la primera vez que canta en el Auditorium. Hace nueve años, en 1943 estuvo en “el homenaje que dedicó la Corporación Nacional del Turismo a Simons, Lecuona y Grenet”. Él siempre ha reconocido el estímulo de uno de los grandes músicos que le ayudaron a forjar su carrera: “Fue Ernesto Lecuona, nuestro genial compositor, el que me dio el «empujoncito» que me abrió las puertas del éxito. Lecuona me abrazó aquella noche emocionado y me dijo «Tú harás camino», nunca olvidaré esa frase del Maestro. Me quiso decir que llegaría a ser algo. Cuánto se lo agradecí, pues sus palabras sirvieron de estímulo al miedo que me embargaba entonces. Comencé a pensar que no sería tan malo como yo mismo creía”.
Ahora El tenor de las Antillas abre los brazos, y después de agradecer la presencia de sus admiradores, dice que este es, como otros pocos en su vida, de los acontecimientos inolvidables, y comienza a cantar un tema de uno de sus compositores preferidos, Julio Gutiérrez:
En la vida hay amores que nunca pueden olvidarse, /
imborrables momentos / que siempre guarda el corazón. //
Pero aquello que un día nos hizo temblar de alegría, /
es mentira que hoy pueda olvidarse con un nuevo amor. //
He besado otras bocas buscando nuevas ansiedades /
y otros brazos extraños me estrechan llenos de emoción, /
pero sólo consiguen hacerme recordar los tuyos, /
que inolvidablemente vivirán en mí.
Este cantante es uno de los más inquietos y perseverantes de la isla. En su ficha personal pudiera decirse algo así: “Después de dos o tres intentos con la ópera se concentró en los boleros y las canciones, decisión de la cual nunca se arrepintió. Lecuona fue de sus primeros descubridores y triunfó con él en el Teatro Nacional al quedar incorporado al elenco por su interpretación Yo quiero que tú sepas”.
A partir de esa elección, no le faltaron nunca contratos e invitaciones. Lo mismo en teatros, cabarets, emisoras de radio o en la televisión. Otro resumen laboral suyo dirá: “René Cabell fue uno de los artistas más solicitados de la radio desde 1933 cuando cantó en Radio Salas y en la CMBD, de Gaspar Pumarejo. Al piano le acompañaron los mejores: René Touzet, Juan Bruno Tarraza, Julio Gutiérrez y Orlando de la Rosa”.
Pero pocos saben este dato impactante: “Estrenó en uno de sus programas de radio el tema Nosotros, para complacer el deseo de su autor, Pedro Junco, cuando este se encontraba agonizando en un hospital de La Habana”. Ahora lo canta y la audiencia queda en vilo, recordando a ese autor que murió sin saber que su nombre daba la vuelta al mundo una y mil veces:
Atiéndeme / quiero decirte algo / que quizá no esperes / doloroso tal vez //
Escúchame / que, aunque me duela el alma /
yo necesito hablarte / y así lo haré. //
Nosotros / que fuimos tan sinceros / que desde que nos vimos /
amándonos estamos. // Nosotros / que del amor hicimos /
un sol maravilloso / romance tan divino.
René Cabel debutó en la radio en 1934, acompañado por la orquesta de los Hermanos Castro. Pero luego tuvo el apoyo de otras agrupaciones, y hasta grabó con ellas: “Los Hermanos Palau, La Casino de la Playa, la de Alberto Brito y la que dirigía el brillante maestro González Mantici. Además, grabó con La Habana Casino y La Riverside”.
Dolerá en el futuro que muchísimos cubanos lo olviden. Pero ahí quedarán sus grabaciones, sus anécdotas y sus salidas ingeniosas. Si hubiera que describirlo físicamente, bastaría con estos datos: “Medía 5’8 ó 5’9, una estatura estándar para los cubanos de esa época, amplio tórax, cuello corto y sobre lo corpulento, condición que aumentó con su edad, tenía el biotipo ideal para un tenor, dramático en su caso, pero tras intentar hacer carrera en la ópera, tuvo la feliz idea de montar un repertorio de canciones y boleros que con su calidad interpretativa, vocal y técnica conquistaron de inmediato el favor del público”.
Pero no hace falta esta noche distribuir su retrato. Basta con cerrar los ojos y sentir que comienza a cantar una especie de resumen de lo que ha vivido. Es una composición de Orlando de la Rosa que dice:
Quiero decirte cuando estemos solos /
algo muy profundo, íntimo más bien. //
Es para hablarte sobre nuestras vidas, /
vidas fracasadas por la incomprensión. //
Nuestras vidas quisieron ser algo, / pero no son nada. //
Se han perdido como la mañana / se pierde en la tarde. //
Nuestras vidas, líneas paralelas / que jamás se encuentran, /
fue el destino que envolvió en sus sombras / nuestro gran amor. //
Nuestras vidas, que quizás un día / valieron un poco, /
hoy no valen ni un poco ni siquiera nada //
Ya es muy tarde para arrepentirnos. // Son cosas que pasan. //
Nuestras vidas no se comprendieron. // Ya no hay más que hablar.
Si Pedro Vargas, El tenor de las Américas, era reposado y serio, nuestro Tenor de las Antillas es casi explosivo. “Con solo 23 años de edad ya andaba por México, donde grabó para discos Peerless. En ese país impresionó a Rafael Hernández, quien después vino a grabarle a Cuba 40 registros, casi todas composiciones del maestro boricua y de las cuales alcanzaron resonancia: Despecho (Ódiame), Lejos de ti y Pobre gitana”.
Por sus locuras, atrevimientos y sentido del humor, René Cabezas será uno de los miembros destacados de una especie de “pandilla del terror” que además incluía a Alfredo Cataneo, Guillermo Álvarez Guedes, al “Cesante” Carlos Mas y otros artistas, que andaba haciendo bromas terribles. “Fue de dominio popular su amistad con Carlos Prío Socarrás, presidente de la República de 1948 a 1952, que siempre le pedía este tema con el que René se despide:
Dicen que soy borracho, / que no valgo nada, / que vivo soñando. //
Pero el mundo no sabe / las penas amargas / que sufro llorando. //
La vida no me importa, / pues sólo me ha dado / traiciones y envidias. //
Yo sé que todo es falso, / que amor y amistad / son tan sólo mentiras. //
¿Qué saben de la vida / los que no han sufrido, /
los que nunca han sentido.
Salimos ahora a la noche habanera, al fresco que lleva el cercano mar. Es como si cada uno de nosotros descubra que va a llevar para siempre, sin saberlo, la voz y el corazón de René Cabel.
El tenor de las Antillas falleció en Bogotá, Colombia, en 1998.
René Cabel debutó en la radio en 1934, acompañado por la orquesta de los Hermanos Castro. Pero luego tuvo el apoyo de otras agrupaciones, y hasta grabó con ellas: “Los Hermanos Palau, La Casino de la Playa, la de Alberto Brito y la que dirigía el brillante maestro González Mantici. Además, grabó con La Habana Casino y La Riverside”.
Playlist
1. René Cabel con la Orquesta Riverside - Franqueza (Consuelo Velázquez)
00:00:16
2. René Cabel con la Orquesta Riverside - Cuéntame tus penas de amor (Adolfo Guzmán)
00:03:52
3. René Cabel con el Trío Taicuba - Nuestra vidas (Orlando de la Rosa)
00:07:23
4. René Cabel con la Orquesta Hermanos Castro - Porque tú me acostumbraste (Frank Domínguez)
00:10:20
5. René Cabel con la Orquesta Riverside - Tú me olvidas (Vicente Garrido)
00:13:16
6. René Cabel con el Trío Taicuba - Siete noches (Roberto Cantoral)
00:16:33
7. René Cabel con el Trío Taicuba - Vete de mí (Virgilio Expósito)
00:19:14
8. René Cabel - Y dicen que soy borracho (Raúl Aguilar)
00:21:32
9. René Cabel con la Orquesta Riverside - El reloj (Roberto Cantoral)
00:24:18
10. René Cabel - Vagabundo (Federico Baena)
00:27:23