De esquina en esquina y de victrola en victrola - Radio Gladys Palmera

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Podemos hacerlo esta noche, pero también en la tarde, o en la mañana. Bares y bodegas sobran en esta Habana de los años 50, y en casi todos esos locales, no puede faltar ese genial invento que es la victrola o vitrola, que en otros sitios de América conocen como rocola.

Cuba estaba entonces llena de música. Y La Habana era eso, música. Lo afirma este dato: “en el año 1954 funcionaban en Cuba diez mil vitrolas y ya en 1959, la cifra se duplicaba, aunque sus operadores tenían declaradas sólo ocho mil, en el afán de burlar los derechos de autores e intérpretes”.

Está cayendo la noche y andamos por la calle Monserrate. Impresionan las altas columnas, los árboles cerca del Instituto de La Habana. Y en la esquina más cercana sale una voz muy conocida desde un bar. Parece un testimonio, una historia nocturna que habla de dolores y decepciones. Es uno de los que se dio a conocer gracias a la victrola. Ñico Membiela, Antonio Francisco Membiela, que nació en un pueblo que lleva el nombre de una calle habanera, Zulueta. Y desde la puerta dice:

Aquí, en este cabaret, quiero olvidarme,
de mí, de lo que pude ser, y emborracharme.
Aquí, en este cabaret, reír profundo, /
la ingrata y la torpe mentira del mundo.
Me hablaron de fe, de ternura, de amor y bondad, de alegría,
y vi con dolor y amargura que todo era un sueño, palabras vacías.
Aquí, en este cabaret, tal vez la vida
se viva más cerca de Dios, sin tanta mentira.

Podríamos seguir hasta la terminal de trenes. Pero más temprano, a pesar del paso apurado, viniendo de allí, en una esquina donde algunos hombres bebían cervezas en la barra, un local combatía la oscuridad con la voz de Orlando González Soto, nacido en Palma Soriano, que va a ser muy pronto el héroe de los boleros “corta venas”, de esos cantos de amor y dolor que los borrachitos tristes susurran con los ojos llorosos, moviendo los labios, como para disimular que sufren, pero también lo disfrutan.

Es Orlando Contreras, que canta este tema que entrará en la lista de éxitos a partir de ahora. No se podrá hablar de Cuba sin que su voz esté presente, con esa corazonada tan suya que estremece otros corazones:

No me extraña lo que hiciste, / hace tiempo lo esperaba.
Allá tú si te cansaste / del cariño que te daba.
Suerte que mi corazón en amores / no me engaña.
Y él me dice déjala, déjala / que se te vaya.

La barra se humedece con algunas lágrimas que saltan, y, con urgencia, algunas manos intentan borrar la humedad de ese dolor que provoca el bolero de Contreras. Soportan incluso cuando continúa:

Vas en busca de un fracaso / y esa es mi corazonada,
y a la larga tú serás / la única perjudicada.
Y en las noches solo un eco / incansable que dirá / allá tú, allá tú, allá tú.

Testimonios de la prensa dejarán retratada esta época de música en las esquinas. Los éxitos están al alcance de todas las manos. Ya no hay que ir a un cabaret o un teatro. Tienen la radio, la televisión, y en las bodegas y los bares, este aparato singular e imponente que despacha la música que la gente elige.

Lo dirán en el tiempo de esta manera: “Por aquellos años, muchos cantantes del patio como Orlando Contreras, Ñico Membiela, José Tejedor y otros, se hicieron muy populares con el invento introducido por la firma estadounidense RCA Víctor. Debieron sus éxitos a la denominada música “vitrolera”, aquella que abordaba temáticas cursis como infidelidades, desengaños u otras pasiones”.

Y no solo boleros corta venas. También se escucha un tango abolerado en un bar de la calle San Nicolás, cerca del mar, como debe ser. El cantante, un santiaguero llamado Pancracio, será conocido por su estilo y por su nombre artístico, Pacho Alonso, y esta versión del tema de Enrique Cadicamo y Juan Carlos Cobián, le abrirá todas las puertas y todos los embarcaderos. Los comensales beben y se apretujan como si viajaran sobre un pequeño barco cuando Pacho dice:

Turbio fondeadero donde van a recalar,
barcos que en el muelle para siempre han de quedar.
Sombras que se alargan en la noche del dolor /
náufragos del mundo que han perdido el corazón.
Puentes y cordajes donde el viento viene a aullar, /
barcos carboneros que jamás van a zarpar, /
torvo cementerio de las naves que, al morir, /
sueñan sin embargo que a la mar han de partir.
Niebla del riachuelo / amarrado al recuerdo / yo sigo esperando.

Y si el crepúsculo oscurece un poco las almas, nada mejor que arrimarse a otra barra en una esquina de Belascoaín, echar una moneda en el ancho aparato, y escoger esta boda que provoca escalofríos. Es la voz de otro triunfador, Orestes Macías, que hiela la sangre. Una Boda negra con versos del colombiano Julio Flórez, musicalizados por el trovador Alberto Villalón. Hay quienes no soportan la historia y apuran el trago para escapar cuando se escucha:

Oye la historia que contóme un día / un viejo enterrador de la comarca, /
era un amante que por suerte impía / su dulce bien le arrebató la parca. //
Todas las noches iba al cementerio / a contemplar la tumba de la hermosa,
la gente murmuraba con misterio: Es un muerto escapado de la fosa.

Ya no era solamente la radio quien seleccionaba los éxitos del momento, los más escuchados y los más queridos. La victrola o vitrola, era juez y parte. Así quedó como testimonio: “En los años 50 las victrolas, esparcidas por toda Cuba llegaron a un número casi de veinte mil. Por aquellos días en ausencia de nociones científicas de marketing y otras rarezas por el estilo, el termómetro de popularidad eran las victrolas. Por encima de lo sucedido en la radio, o en la televisión, lo que sonaba en los traganíqueles era lo más popular. Y por supuesto, era más popular, si uno podía apreciar que, de cantina en cantina, se repetía un bolero o un son montuno”.

Había bares donde un mismo tema se escuchaba tres, cuatro, cinco veces o toda la noche, como este hit de Blanca Rosa Gil, cantando un dolor sombrío que muchos compartían:

Cuando tú te hayas ido / me envolverán las sombras.
Cuando tú te hayas ido / con mi dolor a solas, /
evocaré el idilio / de las azules olas.
Cuando tú te hayas ido / me envolverán las sombras.

Pero no todo eran tristezas o culpas. Desde la acera, y desde todas partes, había cantantes que ya eran poderosos antes de que nacieran las victrolas. Doblas hacia la Avenida del Puerto y allí está el “Two Brothers”, desde donde sale en la noche la voz del Bárbaro del ritmo, Benny Moré, cantando un éxito de José Dolores Quiñones, que triunfa en México. Y la voz del Benny, plena, enamora zalamero a una camarera:

En este bar te vi por vez primera y sin pensar te di la vida entera.
En este bar brindamos con cerveza / en medio de tristeza y emoción.
En este bar se hablaron nuestras palmas / y se dijeron cosas deliciosas.
En este bar pasaron tantas cosas / por eso vengo siempre a este rincón.
Sírveme un trago de ron / y toma tu cerveza / junto a mi corazón.
Eres la camarera de mi amor.

En un futuro no muy remoto, alguna disquera recogerá, casi por azar o justicia, los temas musicales que más se escucharon en los discos que los clientes ponían, a veces cada día, para cerrar la noche con alegrías y tristezas que los acompañaban luego en su camino a casa y les abrigaban en el sueño. Cantos también de profunda poesía como esta famosísima confesión que hizo Vicentico Valdés, también de José Dolores Quiñones:

Los aretes que le faltan a la luna /
los tengo guardados para hacerte un collar.
Los hallé una mañana en la bruma / cuando caminaba junto al inmenso mar.

Y el mar, el mismo mar de La Habana, se hace más musical en estas noches, porque sabe que en cada esquina hay amores rotos y también ilusiones tremendas.

Todo en una victrola, de esquina en esquina.

Playlist

1. Vicentico Valdés - Los aretes de la luna (José Dolores Quiñones)

00:00:16

2. Blanca Rosa Gil - Sombras (Carlos Brito y Rosario Sansores)

00:02:37

3. Ñico Membiela - En este cabaret (Dagoberto Castaño)

00:05:35

4. Orestes Macías - Boda negra (Alberto Villalón)

00:08:34

5. Benny Moré - Camarera (José Dolores Quiñones)

00:10:43

6. Celeste Mendoza - Que me castigue Dios (Marcelo Salazar)

00:13:27

7. Pacho Alonso - Niebla del riachuelo (Juan Carlos Cobián y Enrique Cadicamo)

00:16:08

8. Roberto Faz - Comprensión (Cristóbal Doval)

00:18:42

9. Tito Gómez y Riverside - Alma con alma (Juanito Márquez)

00:21:59

10. Orlando Contreras - Mi corazonada (José Fernández)

00:25:02

11. Panchito Riset - Cita a las seis (Adolfo Salas)

00:27:31

12. Celio González - Plazos traicioneros (Luis Marquetti)

00:30:21

Recapiti
Jose Arteaga