Durante décadas, el amianto fue un componente clave en la construcción naval debido a su alta resistencia térmica, su capacidad de aislamiento y su bajo coste. Desde revestimientos en salas de máquinas hasta aislamientos en sistemas de calefacción o compartimentos eléctricos, este mineral fue omnipresente en los buques mercantes, militares y pesqueros construidos hasta finales del siglo XX. Sin embargo, hoy en día, muchos de esos barcos permanecen varados o abandonados en puertos, astilleros o zonas costeras, ocultando un grave riesgo ambiental y para la salud humana.
La presencia del amianto en la industria naval
El uso del amianto en la industria naval fue generalizado, especialmente entre los años 1940 y 1980. Se empleó principalmente en:
- Revestimientos aislantes de calderas, tuberías y motores.
- Aislamientos eléctricos en compartimentos técnicos.
- Juntas, válvulas y recubrimientos de cubierta.
- Mamparos y compartimentos insonorizados.
A menudo, estas aplicaciones se realizaban sin un control efectivo de la exposición de los trabajadores, lo que ha provocado una alta incidencia de enfermedades relacionadas con el amianto en marinos y operarios de astilleros, incluso décadas después.
Barcos abandonados: un riesgo latente
A medida que estas embarcaciones envejecen y quedan fuera de servicio, el deterioro de los materiales con amianto se convierte en una fuente de emisión de fibras al ambiente. En zonas portuarias o astilleros inactivos, la fragmentación de aislamientos o el vandalismo sobre estructuras expuestas puede liberar fibras que permanecen en suspensión en el aire, siendo fácilmente inhalables.
Este problema se agrava cuando los barcos son desguazados sin un plan específico de retirada de amianto, especialmente en países donde la regulación es laxa o inexistente. Algunas zonas costeras, incluso dentro de la Unión Europea, albergan barcos abandonados cuyos materiales no han sido inventariados ni tratados adecuadamente.
Riesgos para la salud y el medioambiente
El amianto es un carcinógeno de tipo 1 según la OMS. Su inhalación está vinculada a enfermedades graves como:
- Mesotelioma pleural.
- Asbestosis.
- Cáncer de pulmón y de laringe.
Los ecosistemas marinos y costeros también pueden verse afectados. Las fibras desprendidas pueden depositarse en sedimentos o ser transportadas por el viento hacia áreas habitadas, contaminando suelos y atmósferas próximas.
Necesidad de censos y planes de intervención
Los barcos abandonados o en desuso deben formar parte de un censo de materiales con contenido en amianto. Las administraciones marítimas, portuarias y ambientales deben coordinarse para:
- Inspeccionar y analizar materiales sospechosos.
- Elaborar planes de desamiantado.
- Retirar de forma controlada los residuos y transferirlos a gestores autorizados.
- Establecer medidas de protección para trabajadores y residentes cercanos.
En Amisur, colaboramos con entidades públicas y privadas para identificar y gestionar de forma segura materiales con amianto en embarcaciones, astilleros y zonas industriales portuarias. La exposición no siempre es evidente, pero sus efectos pueden ser irreversibles.