Autor: firmainvitadapj
23 febrero, 2026
¿Qué ocurre cuando adolescentes y jóvenes se ponen detrás de la cámara para contar lo que viven, lo que les preocupa y lo que no siempre se escucha? Ocurre que surgen relatos que conectan lo personal con lo social y lo cotidiano con lo estructural.
A lo largo de este curso, 90 adolescentes de la Comunitat Valenciana y jóvenes vinculados a asociaciones juveniles de El Salvador han creado 11 documentales sociales que dialogan entre sí desde tres grandes miradas.
Desinformación y acción transformadora
Uno de los ejes que atraviesa varios de los documentales es la forma en que los relatos influyen en cómo entendemos el mundo y a nosotras mismas. Se reflexiona sobre la comparación constante en redes sociales y sobre la inteligencia artificial, cuestionando la facilidad con la que aceptamos como reales imágenes y contenidos que no siempre lo son.
En esa misma línea, también se desmontan prejuicios más arraigados, como los que rodean a los centros de acogida, mostrando la cotidianidad de una niña que vive en uno de ellos. Y el arte aparece como herramienta para construir relatos propios frente a discursos impuestos, especialmente en el contexto salvadoreño.
Discursos de odio, género y resiliencia
Otro eje atraviesa las violencias cotidianas: el racismo y los microrracismos en el barrio, el acoso escolar que a veces se disfraza de broma, los discursos que señalan a quien es diferente. Los documentales no se limitan a denunciarlos; muestran también las respuestas, los apoyos y la importancia de no callar.
La memoria ocupa aquí un lugar relevante. Recuperar historias de persecución y estigmatización no es quedarse en el pasado, sino entender de dónde vienen ciertos discursos que siguen circulando hoy.
También hay espacio para hablar de identidad, de pertenencia y de los lugares -físicos o simbólicos- donde sentirse segura. Porque no todo es conflicto: también hay resiliencia y comunidad.
Derechos humanos, territorio y medio ambiente
El último bloque mira directamente al territorio y a los derechos. Aparecen historias vinculadas a la infancia, al acceso a recursos básicos o a la organización comunitaria como forma de defensa cotidiana.
La experiencia tras la DANA en Paiporta muestra cómo una comunidad puede reorganizarse cuando lo material se rompe. Y desde El Salvador llegan relatos sobre agua, educación, empleo y acción colectiva, que conectan con problemáticas globales desde una realidad concreta.
En el fondo, todos estos documentales comparten algo: la voluntad de entender lo que pasa alrededor y contarlo desde dentro.
Aprender a mirar, aprender a contar
Más allá de los temas, el proceso ha sido una oportunidad para aprender a observar con más atención. El audiovisual no ha sido solo una herramienta técnica, sino una forma de hacer preguntas, de contrastar ideas y de construir discurso propio.
Estos 11 documentales no pretenden dar respuestas definitivas. Abren conversaciones. Y recuerdan que cuando se da espacio a la juventud para contar lo que vive, aparecen miradas que ayudan a entender mejor el mundo que compartimos.