Carmen Prades, el corazón de las Fallas - Hello Valencia

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Desde que tiene memoria, las Fallas forman parte de su vida. Creció entre casal, monumentos y referentes a los que admiraba desde abajo del escenario. Hoy, Carmen Prades ocupa el cargo más representativo de la fiesta y lo vive con respeto, responsabilidad y una consigna clara: no parpadear. Hablamos con ella sobre tradición, crítica social, redes, emoción y sobre cómo se siente cuando se apagan los focos y vuelve a ser, simplemente, Carmen.

“Las Fallas no solo son fiesta: son crítica, tradición y familia”

Carmen ¿tú siempre has sido fallera desde pequeña ¿no?

Sí. Yo soy fallera desde siempre, desde que tengo memoria. Recuerdo ir a la falla con mi tío y mi familia incluso antes de ser oficialmente “miembro” de la comisión, a los once años, así que en los registros aparece como si fuera a partir de esa edad, pero en realidad yo ya participaba mucho antes, estaba allí, observando, aprendiendo, sintiendo la fiesta. Las Fallas para mí han sido algo prácticamente de cuna, una parte esencial de mi infancia, de mi vida y de mi familia. Es algo que se respira, que se vive desde muy pequeña, y que te acompaña y te va formando sin darte cuenta.

¿Y qué significa para ti ser fallera?

Yo creo que esa conexión con la fiesta desde la infancia te hace valorar aún más todo lo que significa ser fallera. No es solo vestirse y salir, es toda una tradición, un compromiso, una forma de entender la vida en comunidad y, sobre todo, a disfrutar del momento, a emocionarte con cada acto.

¿Siempre tuviste en mente ser Fallera Mayor de Valencia?

En realidad yo desde pequeña siempre soñé con ser Fallera Mayor de mi comisión. Esa siempre fue mi meta, algo que veía cercano y alcanzable. En cambio, el tema de ser Fallera Mayor de Valencia surgió después. No es algo que uno planifique desde niña; es un paso que llega cuando ya estás inmersa en tu comisión, cuando ya conoces la dinámica de ser Fallera Mayor, cuando se te presenta la oportunidad de presentarte a un proceso más grande. Y creo que todas las falleras sentimos cierta ilusión al pensar en ello, porque es una figura que hemos admirado durante años.

Desde pequeñas, la Fallera Mayor es un referente: observas sus trajes, su manera de hablar, cómo se relaciona con la gente, y eso se queda en tu memoria. Yo siempre tuve varias falleras mayores como referencia cuando fui Fallera Mayor de mi comisión; aprendí de ellas. Al final, es como un modelo a seguir.

¿Y qué características crees que debe tener una Fallera Mayor para ser admirada y convertirse en un referente?

La Fallera Mayor representa la fiesta que más queremos. Es como la “influencer” de Valencia: los trajes, los colores, la forma de hablar… todo eso marca tendencia y sirve de referencia para las niñas que quieren ser falleras mayores de sus comisiones, o de Valencia. Te fijas en ella, en como actúa, como transmite la esencia de las Fallas. Hoy, con las redes sociales, adquiere incluso más relevancia, porque lo que proyectas llega a muchas más personas, y se convierte en un altavoz más grande.

“La exaltación es un momento que no se puede describir con palabras.”

Hablando de redes sociales, ¿cómo crees que han cambiado la figura de la Fallera Mayor en los últimos años?

Ahora es más visible, cercana y accesible. Antes, la Fallera Mayor era vista principalmente en actos y eventos; solo quien asistía podía conocerla y seguirla. Ahora, gracias a las redes, la gente puede acompañarte durante todo el año, seguir tus actos, ver tus discursos, tus visitas, tus entrevistas. Esto da más importancia a la figura, que la hace más visible, y permite proyectar la fiesta más allá del mes de marzo. Pero por otra parte, también exige responsabilidad: lo que compartes tiene impacto, y la Fallera Mayor se convierte en un referente de valores y comportamiento.

En una palabra o una frase, ¿qué significan las Fallas para ti?

Tradición y familia. Las Fallas se mantienen porque generaciones y generaciones trabajan de manera altruista para mantener viva esta fiesta. Es un compromiso que se transmite, que se vive y que se celebra en cada acto.

¿Cuál de esos actos es tu favorito y por qué?

Sin duda, la Plantà. Me encanta porque es el momento en el que ves el fruto del trabajo de los artistas falleros, la creatividad, la dedicación y el esfuerzo que hay detrás de cada monumento. Aunque, siendo Fallera Mayor de Valencia, todos los actos son especiales y diferentes: la exaltación, la ofrenda, cada uno es distinto y especial, y te hace sentir cosas diferentes.

¿Hay alguna cosa que te haya hecho especial ilusión de las que ya has vivido?

A día de hoy, la exaltación me parece un momento icónico en la vida de una Fallera Mayor de Valencia. Es el día en que, de alguna manera, sientes que toda la ciudad te rinde pleitesía. Por mucho que lo hayas visto mil veces por televisión como fallera, vivirlo en primera persona es algo que no se puede describir con palabras. Pero, más allá de la exaltación, también ha habido otros momentos que me han hecho especial ilusión. Por ejemplo, el encendido de las luces de Navidad. Llevaba apenas un mes y medio nombrada y fue uno de esos instantes en los que realmente tomas conciencia de que eres Fallera Mayor de Valencia. Estar en la Plaza del Ayuntamiento, junto a mi corte y a la alcaldesa, y ser la encargada de encender las luces… son momentos clave, inesperados, que te hacen sentir de verdad la magnitud y la responsabilidad del cargo.

“La crítica forma parte de la esencia de las Fallas, y si además te hace gracia, mejor.”

¿Qué esperas de un momento tan especial como la ofrenda, siendo Fallera Mayor de Valencia?

La ofrenda para mí es siempre un momento especial. Este año podré entrar sola a la Plaza de la Virgen, pero creo que es especial para cualquier fallero. Es ese instante que tienes con ella, de agradecimiento, de pedir… Cada año es especial, claro, pero siendo Fallera Mayor de Valencia, la experiencia es insuperable. Disfrutarla de todas las formas posibles es realmente bonito y único.

Cuando escuchaste tu nombre como Fallera Mayor de Valencia, ¿qué sentiste, y cómo lo viviste?

Al principio, no me lo creía. Es un proceso tan largo y tan compartido con otras chicas igual de válidas, y que las has conocido, has visto cómo han hablado en público, cómo han ido vestidas, y piensas que puede ser cualquier persona. Entonces, cuando te hablan al teléfono, es que no te da tiempo ni a pensar. Te sientes afortunada y emocionada pero vas siéndonosla consciente a medida que pasa el tiempo. Al final es algo muy grande, que es un sueño para la vida de cualquier fallera.

¿Qué quieres dejar constancia con tu cargo?

Yo quiero ser una Fallera Mayor de la que los falleros se sientan orgullosos. Los valencianos le dan mucha importancia a la figura de la Fallera Mayor, les representa y la admiran y eso es un privilegio y una responsabilidad. No quieres fallar, y quieres dejar el listo bien alto, siguiendo las estela de las que me preceden. Yo las he admirado y les tengo mucho respeto.

¿Y qué consejos te han dado para vivir este año como Fallera Mayor?

Mi familia, especialmente mi padre, siempre me ha dicho que disfrute cada momento. La agenda es intensa, y a veces no tienes tiempo de asimilar cada experiencia. Por eso, el consejo principal es “no parpadear”, disfrutar de cada instante. Y ser consciente de lo que estoy viviendo, porque pasa rápido. Aunque estés cansada, aunque tengas mil compromisos, es importante ser consciente del regalo que te han dado y absorberlo al máximo.

¿En qué momento te sientes más tú, más Carmen?

Realmente intento ser muy cercana, no perder mi esencia de Carmen, aunque sea Fallera Mayor de Valencia. Pero sí que me siento más yo, más auténtica, en los momentos más distendidos, por ejemplo, cuando estoy con mi corte. Claro, en los actos oficiales siempre hay que mantener cierta compostura, pero fuera de eso, puedo ser completamente yo.

Si tuvieras que definir lo que significa ser Fallera Mayor ¿cuál sería?

Respeto y responsabilidad. Pero también orgullo, amor por la fiesta.

Las fallas tienen, más allá de la fiesta, un componente de crítica social, ¿crees que ahora son más necesarias que nunca?

Sí, claro. Las Fallas nacen en parte como crítica, así que mantener esa esencia es fundamental. Hoy, con las redes sociales y el acceso a la información, somos más conscientes de los problemas del mundo, y los artistas pueden usar los monumentos como altavoz para criticar o reivindicar aspectos importantes. Y si además te hace gracia, pues mejor todavía, porque la crítica en las Fallas siempre va acompañada de humor.

Si tuvieras que “indultar” algo de las Fallas, ¿qué sería?

Si hablamos de lo que es la fiesta en sí, creo que todo está perfecto tal y como es. Pero si tuviera que elegir algo, sería la gente: los falleros, las familias que transmiten la tradición y el amor por la fiesta de generación en generación. Ellos son los que mantienen viva la esencia de las Fallas. Sin su dedicación, la fiesta no existiría.

Cuando todo termine, ¿qué crees que habrá cambiado en ti?

Muchísimas cosas. Solo con llevar unos meses como Fallera Mayor, ya noto cambios enormes en mi organización, en la gestión del tiempo, en la forma de relacionarme y comunicarme. Aprendes a optimizar cada minuto, a planificar y a sacar el máximo partido. También desarrollas habilidades sociales. Al final te pasas el día dando discursos, entrevistas y actos que te hacen crecer y perder la vergüenza.

¿Y qué dejas quemándose?

Espero no dejar nada sin vivir. Quiero llevarme la experiencia completa, cerrar el ciclo de Fallera Mayor y luego volver a la vida normal en el casal, disfrutar de la fiesta desde otra perspectiva y, quizá, algún día, involucrar a mis hijos.

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Redacción