En La Habana de antaño nunca estuvo la música entre rejas. Jamás fue prisionera la canción, aunque por momentos hubo gobernantes que no soportaban un tema musical. Ese fue el caso de Gerardo Machado y aquel Lamento cubano, que compuso en 1932 Eliseo Grenet, que tuvo que poner pies en polvorosa y marchar a Europa.
Sin embargo, no son pocos los temas, finos o arrabaleros, que hablan de la cárcel, que cuentan historias de amores y prisiones.
Esta noche haremos un ejercicio de imaginación para volar hasta agosto de 1956, y reunir en un local a algunos de los que interpretaron canciones que hablan de cárceles, rejas y prisioneros. Entraremos a un sitio que ya nadie recuerda, el Club Kalamazoo, que está en el barrio de Colón, en Centro Habana, en la calle Virtudes, entre Prado y Consulado, donde un boricua llamado Daniel Santos, a quien también conocen como “El jefe”, suelta estos versos escritos por él en la penumbra:
Preso estoy, ya estoy cumpliendo mi condena, /
la condena que me da la sociedad, /
me acongojo, me avergüenzo y me da pena, /
pero tengo que cumplirla en soledad. //
Mi guitarra, huerfanita, ya no suena, /
y aunque tarde, sé que es una realidad /
que el que juega tan cerquita a la candela /
si no vive con cautela, quemará.
Es “El inquieto anacobero”, como también lo bautizaron en Cuba. Ha sido de los que más temas penitenciarios tiene en su repertorio, porque sufrió prisión en carne propia en muchas ocasiones, por la vida torrencial que llevó. Han sido muchos años de pasión desaforada, de las ideas sobre el amor que da, eso que un día llamarán “machismo”, donde la brújula oculta y el estandarte, dictaban a toda hora, con mucho orgullo, que “la cárcel era para los hombres”, y que el amor exigía entrega completa: “serás mía o de nadie”.
Ahora, bajo las luces de los comercios de la calle y los faros de los autos que parecen insectos insomnes, se escucha un guaguancó que un día no muy lejano grabarán dos grandes fuera de la isla: Carlos “Patato” Valdés y Orlando Contreras, que dice:
Sepárate mujer, suelta la reja, / recoge tu disfraz carnavalesco, /
aunque intentas burlarte estando preso,
fingiendo amores como fingen las rameras. //
Has manchado con tus lágrimas la reja, /
límpialas que puede ser que algún penado /
al tocarlas, se quede envenenado / con el veneno de tus lágrimas, ramera.
Coro: A na na na na…
Lo que se canta esta noche en el Club Kalamazoo se puede oír en cualquier otra parte. Una nota en un libro describe la situación de esta manera: “El tema carcelario en la música cubana de los años 50 se manifestó principalmente a través de guarachas y sones que narraban historias de reclusos, la marginalidad urbana, despechos amorosos terminados en prisión o crónicas de la vida en la Cárcel de la Cabaña y el Castillo del Príncipe. Estos temas, a menudo irónicos o dramáticos, reflejaban la realidad social de la época”.
La imaginación pudiera hacernos viajar a aquella Habana de cualquier año de la década: 1951, 1954, 1955 o el mismo 56. Los intérpretes pudieron haberse reunido en el Kalamazoo o en el Mulgoba Night Club, el elegante Club Barbarán frente al Zoológico de la calle 26, e incluso en el Cabaret Parisién, del Hotel Nacional.
En definitiva, la traición se paga con la muerte. El desamor hiere y mata, y la cárcel está hecha para los hombres, aunque ahora se escucha una voz de mujer con un tema compuesto por Walfrido Guevara. Es Luisa María Hernández, “La India de Oriente”, acompañada por el Trío La Rosa, que canta El penado arrepentido:
Yo que luchaba con energía / por verla siempre feliz, /
nunca pensé, madre mía / que se burlara de mí. //
Pero una tarde / muy fatigado de tanto trabajar /
dejé el trabajo para irme a descansar. //
Si ya sé que con otro la encontraste / entregada con delirio y emoción, /
sin siquiera recordar que tú existías / que ella era tu única ilusión. //
Entonces la mataste, lo confiesas / dices que, por amor y dignidad, /
y no piensas que tu madre de tristeza / por tu culpa de angustia morirá.
Ya se dijo antes, que era una regla no escrita en la sociedad: “la mujer era mía o de nadie. Mía o de la tumba fría”, aunque hubiera que vivir años entre rejas, arrepentido o no, pero con el honor lavado. Por eso vibran para siempre en el aire habanero los compases que canta Daniel Santos:
Sólo pido a mis amigos de allá afuera /
que se cuiden del licor y su maldad, /
que la única, la última y primera / para siempre es la palabra libertad.
Libertad, libertad.
Pero claro, la libertad es otra cosa. Hay un antes y un después detrás de las rejas. Y hasta para muchísima gente se ve normal que alguien la pierda por haber salvado su honor de hombre. Y si alguien duda que no ser libre es como morir, ahora se escucha la voz de Orestes Macías cantando El pobre preso, que dice:
Oye la carta que te escribo / desde la reja de mi prisión, /
sólo son cartas de un pobre preso / que te las dice de corazón.
CORO: preso, preso, así cantaba el pobre preso…
Lloro y sufro amargamente / porque no tengo mi libertad, /
y por las noches de cautiverio / sólo en ti pienso con gran amor.
Esta noche en La Habana también resuena la voz del gran Benny Moré con una advertencia de pertenencia y amor. Una amenaza clara que nadie ha cuestionado aún.
Ya que llegaste a mi vida, / no te atrevas a marcharte, /
porque yo sería capaz de dejarte / sobre la tierra tendida.
Es normal en estos tiempos que alguien cumpla condena, sobre todo porque ya el acto de amar es, para algunos, una condena de por vida. Pero quien hizo la ley o le canta estando fuera de la ley, también hizo la trampa. Daniel Santos es quizás el más experimentado. En un momento en que fue condenado, se las arregló para dar clases de inglés a los prisioneros. Y aprovechó su amistad con el hermano de Prío Socarrás, que era presidente de la República de Cuba en ese momento, y escribió una canción a su señora madre, que se llamaba Regla. Organizó una transmisión de radio desde la cárcel, acompañado por el conjunto Los Jóvenes del Cayo, y la estrenó.
No es un secreto que el halago funcionó muy bien, y Regla, la conmovida madre del presidente rogó por la liberación de Daniel. No era para menos, pues la letra dice:
Por algo te dieron un nombre de virgen, / por algo, por algo te llaman así.
Porque eres tan buena, tan santa y humilde, /
igual que esa virgen que llaman así, / Regla, Regla…
Por eso quizás se vuelve a escuchar la voz de “La India de Oriente”, que en otra parte de El penado arrepentido, reconoce el gran error y termina diciendo:
Calla, calla, madre mía, / que comprendo tus razones.
Te suplico arrepentido / viejita, que me perdones. //
La experiencia hoy me hace ver / que no se debe matar. //
Si nos traiciona un querer / otro debemos buscar.
Se apagan por hoy las luces del Club Kalamazoo, y la gente sale a recorrer el cercano Paseo del Prado. Se cierran las rejas de las celdas de esta noche imaginaria en La Habana, una ciudad que le canta al amor y a la muerte, al presidio y a la libertad, y que sabe que va a quedar clavada en la memoria de muchísimos cubanos de todas las épocas.
El tema carcelario en la música cubana de los años 50 se manifestó principalmente a través de guarachas y sones que narraban historias de reclusos, la marginalidad urbana, despechos amorosos terminados en prisión o crónicas de la vida en la Cárcel de la Cabaña y el Castillo del Príncipe. Estos temas, a menudo irónicos o dramáticos, reflejaban la realidad social de la época.
Playlist
1. Daniel Santos y la Sonora Matancera - Amnistía (Daniel Santos)
00:00:25
2. Daniel Santos - El preso (Daniel Santos)
00:03:33
3. Cuarteto Caney - El prisionero (Julian Fiallo)
00:05:56
4. La India de Oriente con el Trío La Rosa - El penado arrepentido (Walfrido Guevera)
00:09:05
5. Pototo y Filomeno - En el precinto (DRA)
00:12:16
6. Orlando Contreras y su Grupo - Mujer, suelta la reja (Preso desconocido)
00:15:22
7. Abelardo Barroso y la Orquesta Sensación - Tras la reja (Eulalio Kessel)
00:18:12
8. Daniel Santos con Los Jóvenes del Cayo - Regla (Daniel Santos)
00:20:54
9. Orquesta Melodías del 40 - Prisionero (Julián Fiallo)
00:23:46
10. Orestes Macías y su Orquesta - El pobre preso (Raúl Aguilar)
00:26:46