Autor: firmainvitadapj
26 marzo, 2026
*Inés Baratech Sánchez
Cuando llegas a la comuna 15 de Cali, sientes el calor, espeso, que se mezcla con el ruido de las motos, la música, el polvo que levantan las calles y los chontaduros colgados en los puestos de la calle. Podría parecer cualquier rincón del Pacífico colombiano. Y, de alguna manera, lo es.
La comuna 15 forma parte del Distrito de Aguablanca, junto a las comunas 13 y 14, una de las zonas más densamente pobladas de la ciudad. Se estima que en este sector viven cerca de un millón de personas, muchas de ellas familias que llegaron desplazadas por el conflicto armado desde regiones como Buenaventura, el Pacífico nariñense o el Chocó. Huyeron de amenazas, de la presencia constante de grupos armados, de violencias que marcaron sus territorios de origen y sus propias vidas.
Aquí encontraron una llanura húmeda en el oriente de Cali donde empezar de nuevo. Pero también encontraron el estigma. “Eso por allá es muy peligroso”, dicen la mayoría de caleños. “Yo por allá no voy”, comenta algún taxista. Basta cruzar la avenida Ciudad de Cali para notar el cambio.
Pero cuando llegas, la gente, como en el resto del país, te sonríe y te acoge; aquí viven jóvenes como Brian o Valentina que decidieron estudiar trabajo social para aportar a su comunidad y desde sus fundaciones impulsan actividades sobre paz, medio ambiente o igualdad de género con niños y niñas. O doña Sandra que tiene un comedor comunitario donde cada día da almuerzo a más de 40 niños, niñas jóvenes y adultos, además de hacer actividades de ocio para los y las más jóvenes.
Aquí la Corporación Caminos lleva más de siete años trabajando: escuchando, acompañando y fortaleciendo las iniciativas locales. Preguntando qué quieren hacer las comunidades y cómo apoyarles para que puedan seguir aportando, con más herramientas y mayor visibilidad con la institucionalidad.
Desde diciembre del 2025 con el apoyo del Gobierno de Cantabria, Fad Juventud y Caminos impulsamos un proyecto que ha finalizado este mes. Su objetivo principal fue fortalecer estrategias comunitarias y educativas con mujeres, jóvenes y adolescentes para la transformación de conflictos sociales y prácticas violentas en defensa de los derechos humanos, en la comuna 15 de la ciudad de Cali, Colombia.
Con esta iniciativa se ha consolidado una red de siete organizaciones comunitarias que hoy se articulan, comparten recursos y se apoyan frente a las problemáticas del territorio.
También puso el foco en estas siete organizaciones y en las mujeres que sostienen el tejido comunitario y sus liderazgos. Muchas de estas lideresas trabajan diariamente para alimentar, sostener, incidir en lo que sucede en los barrios ante la falta de presencia institucional. Por eso, se realizaron jornadas de autocuidado, entendiendo que cuidar a la comunidad también implica aprender a cuidarse.
En la Institución Isaías Duarte Cancino, con un grupo de 15 jóvenes se trabajó en torno a una idea clave: la paz no es abstracta, se construye en lo cotidiano. A través de actividades como la creación de un museo de memoria del barrio, o espacios de ocio saludable (fútbol, baile, cocina, yoga), se buscó fortalecer el trabajo en equipo, la identidad y las alternativas frente a contextos donde la violencia suele aparecer como horizonte.
Además, se desarrollaron las llamadas “unidades móviles de paz”, dispositivos itinerantes de intervención social. Estas unidades están orientadas a la educación, movilización ciudadana y fortalecimiento de capacidades comunitarias, con el fin de generar transformaciones sostenibles en los territorios. Acercando contenidos formativos y pedagógicos clave a las comunidades, fomentando el acceso a la información, el reconocimiento de derechos y la construcción colectiva de entornos protectores, como un apoyo para las OSC que caminan el territorio y sostienen las Unidades Móviles.
Los resultados no se miden solo en números -que los hay-, si no en los aprendizajes que deja el trabajo conjunto.
Para nosotras, desde Fad Juventud, el mayor aprendizaje sigue siendo cómo acompañar los procesos comunitarios y trabajar por la paz, que exige algo más que una planificación: requiere escucha, empatía y respeto. Respeto por los tiempos, por las formas de organización propias, por las distintas maneras de entender el mundo, las diversas formas de vivirlo y de soñarlo.
*Inés Baratech Sánchez es socióloga especializada en estudios internacionales. Su trayectoria se ha centrado en la cooperación al desarrollo y actualmente es la expatriada de Fad Juventud en Colombia.