“Así como en el sueño es nuestra propia voluntad la que aparece inconsciente-mente como destino objetivo inexorable, y todo en él procede de nosotros mismos y cada uno de nosotros es el director del teatro secreto de los propios sueños, nuestro destino puede ser el producto de nuestro ser más recóndito, o de nuestras voluntades, y no hacemos más que poner en escena lo que parece que está sucediendo.”
Thomas Mann (1890-1947)
Es tradición en el campo de la Salud mental afirmar que el sueño es como una paloma, si la buscas y persigues huye velozmente, a la par que si le ofreces ternura postural o recordándole real o gestualmente una ración de arvejana como regalo suelen acudir acuden sumisas para jugar con quien así se les aproxima. Muchas veces lo hemos ofrecido u observado en la sevillana plaza de América de nuestro parque de María Luisa. Y nos alegra remirar las fotos de cuando nuestros padres nos llevaban, con ese fin ya desde los cinco o diez años.
Dormir bien es un problema para casi un cuarenta por ciento de la población adulta en nuestro tiempo, y más al llegar cerca de la jubilación. Admitamos que, en muchos casos, el sueño suficiente y relajante se convierte en un imposible; y llega a convertirse en un imposible molesto y permanente que nos amenaza en cada atardecer. Estas situaciones generan un círculo vicioso de índole obsesiva que perturba el sueño y la vigilia. En nuestras consultas podemos ser testigos de las quejas de muchos pacientes con ese cuadro, un insomnio esporádico o secundario a un evento estresante al que se suma el estar obsesionado por no dormir queriendo exigir la llegada del sueño.
Desde el punto de vista clínico las patologías del insomnio son muchas, variadas y merecen un estudio y tratamiento de especialistas, concreto y personalizado. Reclaman el estudio de la persona y su personalidad, del entorno, de las ocupaciones y preocupaciones que conviven con el consultante. Pero hablando en términos generales, los insomnios crónicos que ya han pasado por esos procesos de diagnóstico y tratamiento sin resultados positivos esperados, muchas veces los tienen esas personas que han llegado a la situación de estar obsesionadas con su insomnio establecido.
El abordaje de estos casos ha de ser con perspectiva psicosomática para abarcar factores fisiológicos, psicoemocionales, ambientales, relacionales familiares y laborales, para propiciar un cambio de actitud en el afrontamiento de las anomalías que se detecten. Aparte de la farmacología que se precise entre los hipnóticos, ansiolíticos, antidepresivos, etc. de veterano uso o de reciente aportación, han de establecerse algunas medidas higiénicas, de orden y resolución del estrés que generen y mantengan la homeostasis fisiológica y la calma psicológica. También es exigible el equilibrio en la dosificación del ejercicio físico y el trabajo.
Se afirma que «la felicidad ─en palabras del poeta Miguel D’Ors─ consiste en no ser feliz y que no te importe”. Y Gerald Vann, otro escritor, inglés, autor de libros de espiritualidad, en su libro La misericordia divina señala que: “El modo de conseguir la felicidad es buscar otra cosa”. Definiciones sabias y útiles para situaciones de nuestra vida, entre ellas el insomnio. Poder dormir, que es una manifestación de la felicidad, se consigue en la medida que el sueño no se busca directamente, sino que estamos en otra cosa: contar ovejitas, rutinas de cálculo, rezar… Quizás más eficaz resulta la práctica de “excursiones” mentales rutinarias bien planteadas y serenas que en nuestra experiencia son sencillas y eficaces.
Buena paradoja, dejaremos para otro día la reflexión del escritor alemán Thomas Mann: ¿Y si los acontecimientos de nuestra vida no fuesen más que un sueño que nosotros mismos nos proporcionamos? ¡Caramba! Interesante, pero quizás sea mejor no ponerse a pensarlo cuando se acuesten esta noche…
Lo cierto es que realmente el sueño es un don y se da, en mayor o menor cantidad y calidad, sin buscarlo directamente. Es necesario a la par la docilidad como pacientes y la paciencia como virtud. Debe recordarse que hay que saber “recibir” al sueño sin prisas ni temores, con paz y alegría… ¡y con las dichosas pantallas lo más lejos posible!
Esta actitud paciente, agradecida y serena sí vendrá acompañada de la alegría del buen descanso.
Dr. Manuel Álvarez Romero, Médico Internista
Dr. José Ignacio del Pino Montesinos, Médico Psiquiatra