Los alumnos con discapacidad intelectual, casi sin opciones tras la ESO o la especial: "Se tiene bajas expectativas sobre ellos"

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Según datos del curso 2024-2025, en España hay matriculados unos 75.000 alumnos con discapacidad intelectual en enseñanzas no universitarias, unos 56.000 en educación ordinaria y el resto en educación especial. Con estos datos en la mano, podríamos decir que estamos avanzando en inclusión, sin embargo, se observa que, según van avanzando en los cursos, cada vez son más los alumnos con discapacidad intelectual que se van descolgando de la escuela ordinaria.

Esto es más visible una vez acaba la ESO, es decir, la educación obligatoria, donde los alumnos con discapacidad intelectual se quedan, ya no solo sin apoyo, sino casi sin oportunidades de seguir estudiando.

De hecho, apenas hay 500 matriculados en Bachillerato, poco más de 4.000 entre FP Básica y de grado medio y unos 400 en grados superiores de FP.

El qué pasa con ellos tras la ESO (etapa en la que hay más de 21.000 matriculados) no es un misterio. Muchos continúan hasta los 21 en los programas de transición a la vida adulta y después pasan a centros ocupacionales o centros de día.

Esto se debe, según alerta Enrique Galván, director de Plena Inclusión España, a la falta de oportunidades para estas personas más allá de la ESO y de la Educación especial, lo que refleja que estamos muy lejos de tener un sistema formativo adaptado a sus necesidades. "En cuanto a inclusión, hay un estancamiento, necesitamos que haya una palanca de transformación, por eso hemos solicitado el impulso de una educación mucho más centrada en el alumnado, en su familia y que esa educación inclusiva sea efectiva", asegura Galván.

La rigidez de un sistema que no se ha sabido adaptar a estos alumnos está detrás, según el director de Plena Inclusión, de este fracaso. "Tenemos un sistema de hace más 30 años que no están teniendo la atención que precisa el alumnado, tanto en el ámbito ordinario, donde hay muchas quejas de falta de apoyos y de personal formado, como en la educación especial, que tiene una queja permanente de precariedad. La educación especial necesita también avanzar en una transformación hacia un modelo más ambicioso en lo inclusivo y en la ordinaria faltan apoyos personalizados, porque la realidad es que hay una desaparición del alumnado que no ocurre cuando no tienes discapacidad intelectual".

La realidad es que hay una desaparición del alumnado tras la ESO, algo que no ocurre cuando no tienes discapacidad intelectual

Un sistema 'estandarizado' que no tiene en cuenta la diferencia

En la actualidad, el alumnado con discapacidad, que es el que necesita de mayor personalización, no encuentra un proyecto educativo adaptado a sus características. Por un lado, por la falta de profesionales o equipos formados, pero por otro, por una falta de expectativas sobre ellas. "Hay muchos informes en el ámbito internacional sobre la baja expectativa que hay de logro en los sistemas educativos sobre estas personas", asegura el director de Plena Inclusión. 

Es decir, no se invierte en ellos porque se cree, erróneamente, que no van a ser capaces de progresar. "Los sistemas educativos están pensados para una situación estandarizada, normativa, donde todos aquellos que tienen una capacidad de adecuación a una serie de logros preestablecidos, no genera problema al sistema. Pero eso una entelequia, porque la atención a la diversidad va más allá de la discapacidad intelectual, es también cuando un niño tiene un problema de salud mental o una circunstancia familiar que le hace pasar un momento especialmente difícil, problemas de atención, etc. y en la escuela ya empieza a tener dificultades porque, de alguna manera no se tiene los medios suficientes para hacer esa personalización y ese acompañamiento. En estos temas, en Infantil sí hay una situación más favorable porque se pone el foco más en los procesos de socialización, de participación, afectivos, emocionales, pero en las etapas posteriores nos volvemos academicistas, con sistemas muy rígidos y atendiendo poco a los logros de cada alumno", se queja Galván.

Después de la ESO, ¿qué pasa con los alumnos con discapacidad intelectual? 

Para los alumnos 'normativos', hay muchas opciones si quieren seguir tras la ESO. Para los alumnos con discapacidad intelectual no, ni sobre el papel -porque muchos no logran titular- ni en la vida real, pues de nada sirve poder matricularte en un FP si los profesores no van a saber atender a tus necesidades.

Al final, tras los 16 o 18 años, lo más frecuente es que muchos vayan a los programas de transición a la vida adulta de los centros de educación especial, que son programas de formación prelaboral o para la vida autónoma en general. Sin embargo, además de que no pueden estar más allá de los 21 -muy poco si lo comparamos con el resto de población-, para muchos se les queda corto. Podrían seguir estudiando con los apoyos adecuados.

La FP podría ser una buena opción, pero como explica Enrique Galván, no se ha terminado de desarrollar. "Hay modalidades en la FP que, cuando se hizo la reforma de la formación profesional, vimos con esperanza, pues hay alguna modalidad que te posibilita hacer alguna acreditación de competencias concretas. Sin embargo, ahora mismo es solo una semilla porque hay muy poca oferta y muy disgregada. No hay una oferta variada y atractiva para los jóvenes con discapacidad intelectual".

No hay una oferta de FP variada y atractiva para los jóvenes con discapacidad intelectual

Y es que la ley cambió para bien, pero no se prepararon los centros para ellos. "Los profesionales de la FP están mucho más adaptados a hacer formaciones habilitantes, profesionales, y cuando se encuentran con personas con discapacidad intelectual se les generan un reto, no por nada, sino por falta de formación. Si fuéramos capaces de darles más diversidad en competencias formativas, los profesionales de la formación profesional estarían una formación más vinculada a la diversidad y a la inclusión y el grado A, por ejemplo, sería una opción maravillosa para ellos". 

Pequeños horizontes, grandes esperanzas

Muy lentamente, y casi siempre por iniciativa de las entidades, van surgiendo oportunidades para que los alumnos con discapacidad intelectual tengan opciones una vez acaban la ESO o la educación especial, porque si de algo están seguros desde Plena Inclusión es de la ambición por aprender de estos jóvenes. "No os hacéis una idea de las ganas que tienen de formarse y de aprender. Un ejemplo muy positivo es cuando se preparan para las oposiciones reservadas para ellos. Plena Inclusión ha diseñado materiales en lectura fácil y hay como pequeñas academias formativas en las entidades para preparar oposiciones. Y la experiencia es muy buena. Lo malo es que no hay formación acreditada para que puedan presentarlo como un mérito en las oposiciones, solo una que hemos hecho con la UNED, es la única de toda España", lamenta.

También destaca como experiencia muy positiva el programa Unidiversidad, que financia la Fundación ONCE, una iniciativa que les encanta, y que no solo les da una formación de cara a encontrar un trabajo, sino que, como a cualquier otra persona, "les enriquece, les hace crecer". 

Desde Plena Inclusión, también están trabajando con una academia privada para hacer una formación en idiomas específica para ellos y ampliar su formación en arte, en música, que también les está vetada, como insiste Galván, "no porque las personas con discapacidad intelectual no tengan ganas ni talento, sino porque el sistema está totalmente constreñido. Hay muy poca ambición, muy pocas expectativas de lo que puedan hacer las personas con discapacidad intelectual".

Hay una deuda de formación con ellos muy grande y para eso están trabajando con Función Pública, "para ampliar los perfiles profesionales en los que puedan estar personas con discapacidad intelectual más allá del perfil actual, que es de apoyo a oficinas. Tenemos que ver otros nichos de empleabilidad, como temas de apoyo a situaciones como inteligencia artificial, el uso de tecnología, el tema de reacondicionamiento de elementos tecnológicos, de sostenibilidad… Hay una tarea grande que hacer en formación profesional y eso es lo que esperamos con el plan de inclusión que nos ha anunciado el Ministerio de Educación, para que podamos avanzar en estos temas".

Hay muy poca ambición de lo que puedan hacer las personas con discapacidad intelectual, y no os hacéis una idea de las ganas que tienen de aprender

Oportunidades hay, solo hay que buscarlas y apostar por ellas desde todos los ámbitos, incluso transformarlas. Por ejemplo, se pueden potenciar los programas de transición a la vida adulta, potenciar la formación profesional que habilite, que dé titulación, y que su formación no termine a los 21, pues como explica Enrique Galván, que ha trabajado en educación especial muchos años, "ellos necesitan más tiempo, pues sus procesos de aprendizaje y la maduración son distintos".

También habría que dar una vuelta a los centros ocupacionales, pues son espacios diseñados hace 40 años. "Precisan un reenfoque más vinculado a formación, que sean una especie de plataforma de oportunidades para el acceso a la comunidad, al deporte, a la formación... No se trata de crear plazas por crear, sino de crear proyectos de vida en comunidad, que es lo que falta, crear itinerarios formativos vitales para las personas con discapacidad intelectual y sus familias". 

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Plena Inclusión