"La ubicación de la Adega Terras do Sur aporta una singularidad diferencial que hace que los vinos de esta zona tengan un carácter propio dentro de la D.O. Rías Baixas" | D.O. Rías Baixas

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Fundada en 2016, aunque con una historia familiar ligada a la viticultura que se remonta varias generaciones atrás, Adega Terras do Sur representa el compromiso de José Antonio Canda Gil con la elaboración de vinos que reflejan la identidad del Condado do Tea. Desde Crecente, en el extremo más meridional de la D.O. Rías Baixas, la bodega elabora una producción limitada basada en uvas procedentes exclusivamente de sus propios viñedos, apostando por variedades autóctonas como Albariño y la singular Brancellao. Con presencia en mercados internacionales como Noruega y Reino Unido, Terras do Sur continúa consolidando un proyecto familiar que combina tradición, respeto por el territorio y una firme apuesta por la calidad.

Pregunta: Terras do Sur nace oficialmente en 2016, aunque detrás del proyecto hay varias generaciones dedicadas al vino. ¿Cómo fue el camino y que historia hay detrás de Terras do Sur? 

Respuesta: En realidad, la historia de Terras do Sur comienza mucho antes de su inauguración oficial en 2016. Como ocurría en muchas familias de nuestra zona, todas las generaciones de la mía estuvieron vinculadas a la viticultura. Desde muy pequeño crecí viendo la pasión y la dedicación con la que mis familiares y vecinos trabajaban la viña, y eso hizo que me enamorara de este mundo.

Recuerdo especialmente a mi abuelo, en O Freixo. Cuando llegaba el momento de elaborar el vino, aquello era casi una pequeña fiesta familiar: se trabajaba en la bodega, se preparaba bacalao a la brasa y se compartían momentos que dejaron una huella muy profunda en mí. El vino se hacía para el consumo de casa y también se vendía a granel, pero, sobre todo, formaba parte de nuestra forma de vivir y de entender la tradición.

Esa pasión me acompañó siempre. En 1994 realicé mi primera plantación, que fue de Brancellao, y a partir de ahí continué ampliando el proyecto con nuevas plantaciones de Albariño. Con el paso de los años, sentí la necesidad de completar el sueño que llevaba construyendo desde hacía tiempo: crear mi propia bodega. Mientras tanto, elaboré mis vinos en otras instalaciones, hasta que finalmente pude inaugurar Terras do Sur en 2016.

Pregunta: Trabajas viñedos repartidos en numerosas parcelas de distintas parroquias de Crecente. ¿Cómo influye esta diversidad de terrenos y orientaciones en tus vinos?  

Respuesta: Trabajar viñedos repartidos en seis pueblos diferentes es, al mismo tiempo, un gran reto y una enorme satisfacción. Cada parcela tiene sus propias características, pero también una historia detrás. Muchas de las viñas que cultivo hoy pertenecieron a viticultores que, debido a la edad, ya no podían continuar trabajando la tierra, y para mí es muy importante mantener vivo ese legado.

Cada uno de ellos tenía su propia manera de entender y trabajar la viña. Me encuentro con distintos sistemas de conducción, como espaldera, parra o abanico, diferentes tipos de poda, como cordón o guyot, así como marcos de plantación muy variados. Incluso aquellos que habían emigrado o vivían fuera seguían muy pendientes de sus viñas y mantenían sus propias costumbres y formas de trabajo. Yo siempre he intentado respetar y conservar esos sistemas, adaptándome a la manera en la que ellos trabajaban.

Toda esta diversidad, unida a las diferencias de suelo, altitud y edad de las cepas, aporta una gran riqueza al viñedo y se refleja directamente en los vinos, dotándolos de una complejidad y una personalidad muy especiales.

Pregunta: Adega Terras do Sur se encuentra en una de las zonas más meridionales de la D.O. Rías Baixas, muy próxima al Ribeiro. Más allá de la identidad propia del Condado do Tea, ¿qué aporta este entorno concreto a tus vinos? ¿Crees que existe una singularidad diferencial en vuestra zona que se refleje en el carácter de las elaboraciones? 

Respuesta: Nuestra bodega está situada en el extremo más meridional de la D.O. Rías Baixas y es la más cercana a la comarca del Ribeiro, una ubicación que, sin duda, marca el carácter de nuestros vinos. Los viñedos de Crecente están protegidos por la sierra de A Paradanta, lo que hace que registremos menos precipitaciones que otras subzonas de la denominación.

Además, contamos con un clima con mayor influencia continental que atlántica y con el efecto moderador del valle del río Miño. Todas estas condiciones conforman un entorno muy particular, que se refleja en la personalidad de nuestros vinos. Esa menor pluviometría y las características propias de nuestro territorio aportan una singularidad diferencial que hace que las elaboraciones de esta zona tengan un carácter propio dentro de Rías Baixas.

Pregunta: Además del Albariño, has apostado por la Brancellao, una variedad tinta minoritaria y poco habitual. ¿Por qué decidiste trabajar con ella y qué te aporta como elaborador?  

Respuesta: La decisión de apostar por la Brancellao surgió en gran medida gracias a la influencia de Paco Rego, técnico de la Estación de Viticultura y Enología de Leiro. Cuando realicé la primera plantación, en 1994, esta variedad era prácticamente una desconocida y no existían plantaciones de Brancellao en la zona. En aquel momento, el Albariño ya estaba mucho más estudiado y consolidado, pero desde la Estación me animaron a apostar por una variedad con un gran potencial y muy poco desarrollada.

Con el tiempo, esa decisión ha demostrado tener un gran valor. La Brancellao nos aporta exclusividad, precisamente por el escaso número de elaboraciones existentes dentro de la D.O. Rías Baixas. De hecho, cuando comenzamos a elaborarla, no conocíamos ninguna otra bodega que lo estuviese haciendo.

A nivel personal, esta variedad me ha aportado una enorme satisfacción. Hoy en día, muchas personas identifican a Terras do Sur precisamente por su Brancellao, y me hace sentir especialmente orgulloso haber contribuido a recuperar y dar visibilidad a una variedad que durante mucho tiempo estuvo un poco olvidada. Además, creo sinceramente que da lugar a un vino extraordinario.

Pregunta: Terras do Sur se define por el respeto a las variedades autóctonas y a la viticultura tradicional. ¿Cómo se traslada esa filosofía al trabajo diario en el viñedo y en la bodega?  

Respuesta: El respeto por las variedades autóctonas y por la viticultura tradicional es la base de nuestra forma de trabajar, tanto en el viñedo como en la bodega. En el campo procuramos mantener un manejo lo menos mecanizado posible, siempre con el objetivo de respetar el entorno y conseguir que cada parcela siga formando parte del paisaje que la rodea.

Para mí es muy importante conservar todo aquello que forma parte de ese entorno natural. Por ejemplo, si en una parcela hay un carballo u otra vegetación autóctona, la respetamos y la mantenemos. No se trata de aprovechar cada metro para plantar más viña, sino de preservar el equilibrio y la identidad del lugar.

Esa misma filosofía se traslada a la bodega. Trabajamos con métodos de elaboración tradicionales y con la mínima intervención posible. La principal diferencia con respecto a una bodega tradicional es el control de la temperatura durante la fermentación; por lo demás, seguimos manteniendo una forma de elaborar muy cercana a la tradición y al respeto por la materia prima.

Pregunta: ¿Crees que el trabajo de los pequeños viticultores está suficientemente reconocido? ¿Qué papel desempeñan en la conservación del patrimonio vitícola gallego?  

Respuesta: Creo que el papel de los pequeños viticultores ha sido fundamental en la historia de la viticultura gallega y, en muchos casos, el reconocimiento del viticultor pasó a estar en un segundo plano. Fueron ellos quienes mantuvieron vivo el cultivo de la vid durante generaciones y quienes, gracias a su trabajo y a su arraigo al territorio, contribuyeron decisivamente a la conservación de las variedades autóctonas gallegas.

Antiguamente, prácticamente todas las familias tenían viñedo y cada casa elaboraba vino, conservando una gran diversidad de variedades. Con el paso del tiempo, y a medida que la pequeña viticultura fue perdiendo peso, también se produjo un declive de muchas de esas variedades tradicionales. La desaparición progresiva de los pequeños viticultores supuso, en cierta medida, la pérdida de una parte muy importante de nuestro patrimonio vitícola.

Por eso considero que su labor debe ser más reconocida y que es fundamental seguir trabajando en la recuperación y conservación de las variedades minoritarias. Detrás de cada una de ellas hay una parte de nuestra historia, de nuestra cultura y de nuestra forma de entender el vino.

Pregunta: Como bodega pequeña y familiar, ¿cuáles son hoy los principales retos a los que te enfrentas?  

Respuesta: Como bodega pequeña y familiar, uno de nuestros principales retos es conseguir hacernos un hueco tanto en el mercado nacional como en el internacional. Para proyectos de nuestro tamaño, dar visibilidad a los vinos no siempre es fácil, ya que muchas de las herramientas de promoción y comercialización, como la asistencia a ferias, suponen un esfuerzo económico importante.

Otro de los grandes desafíos es poder elaborar toda la uva que producimos, manteniendo siempre la filosofía y el nivel de calidad que buscamos en nuestros vinos. Crecer de forma sostenible y sin perder nuestra identidad es, probablemente, uno de los retos más importantes a los que nos enfrentamos cada día.

Pregunta: ¿Qué importancia tiene para ti mantener una producción limitada y un control directo sobre todo el proceso, desde la viña hasta la botella?  

Respuesta: Para mí, la viticultura no es solo una profesión, sino una forma de vida. Mantener una producción limitada me permite estar presente y tener un control directo sobre todo el proceso, desde el trabajo en el viñedo hasta la elaboración y el embotellado, algo que considero fundamental para poder garantizar la calidad de mis vinos.

Creo que, con una producción mucho mayor, sería más difícil mantener ese nivel de atención y dedicación en cada etapa. Me gusta poder trabajar la viña y la bodega de una manera cercana y personal, disfrutando de todo lo que implica la vitivinicultura y manteniendo siempre el compromiso con la calidad y con la forma de hacer las cosas en la que creo.

Pregunta: Has defendido en varias ocasiones la necesidad de acercar el vino a las nuevas generaciones. ¿Qué está haciendo el sector bien y qué debería mejorar?  

Respuesta: Creo que acercar la cultura del vino a las nuevas generaciones es uno de los grandes retos que tenemos por delante. El sector está haciendo esfuerzos importantes, pero considero que este trabajo debe realizarse de la mano de las administraciones, que tienen una gran responsabilidad en la promoción y difusión de la cultura vitivinícola.

Hay muchas formas de acercar el vino a los jóvenes de una manera responsable y vinculada a la cultura, el territorio y la gastronomía. Las campañas de promoción, una mayor presencia de nuestros vinos en distintos espacios culturales y audiovisuales, o iniciativas que permitan a los jóvenes conocer de cerca el trabajo que hay detrás de una botella pueden contribuir a despertar su interés.

También creo que es muy importante fomentar las visitas y actividades en las bodegas, para que las nuevas generaciones puedan descubrir de primera mano todo lo que representa el mundo del vino: paisaje, tradición, esfuerzo y cultura. Todo ello, por supuesto, siempre desde una perspectiva de consumo responsable y de puesta en valor de un producto que forma parte de nuestra identidad.

Pregunta: Este año Terras do Sur celebra su décimo aniversario. Mirando hacia la próxima década, ¿qué papel te gustaría seguir desempeñando en el paisaje vitivinícola gallego? 

Respuesta: Este año celebramos una fecha muy especial: el décimo aniversario de la bodega Terras do Sur y también los treinta años de nuestro proyecto con la variedad Brancellao. Mirando hacia el futuro, nuestra intención es seguir desarrollando nuevos proyectos, pero siempre manteniendo la esencia que nos ha acompañado hasta ahora y el papel de «colleiteiro» dentro de la D.O. Rías Baixas.

Mi objetivo es continuar cuidando nuestros viñedos y elaborando vinos exclusivamente a partir de nuestra propia uva, manteniendo una forma de trabajar muy vinculada al territorio y a la tradición familiar. Al final, lo más importante para mí es poder preservar el legado que he recibido y que he construido a lo largo de estos años, con la esperanza de que las próximas generaciones de mi familia puedan continuar con este proyecto y seguir escribiendo la historia de Terras do Sur.

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