Durante años, la destrucción de productos nuevos que no llegan a venderse ha sido una práctica habitual en algunos sectores, también en el de la moda. Excedentes de stock, devoluciones o costes de almacenamiento, entre otros, han llevado a que artículos en perfecto estado acabaran siendo destruidos en lugar de ser reutilizados, donados o reciclados. Además del coste económico que supone, esta práctica implica desperdiciar materias primas, agua, energía y otros recursos empleados en la fabricación de esos productos, al tiempo que genera residuos que se podrían evitar.
¿Por qué la Unión Europea quiere limitar la destrucción de productos no vendidos?
El objetivo es doble: impulsar una economía más circular y reducir el impacto ambiental del consumo. En este sentido, el Reglamento sobre Ecodiseño de Productos Sostenibles (ESPR) establece la prohibición de destruir determinados productos de consumo no vendidos, mientras que el Reglamento Delegado (UE) 2026/296 concreta qué categorías de productos están sujetas a esta medida y en qué situaciones excepcionales seguirá estando permitida su destrucción.
En definitiva, se trata de evitar que productos nuevos y en buen estado acaben convertidos en residuos cuando todavía pueden tener una segunda vida.
¿Qué productos no podrán destruirse?
En esta primera fase, el Reglamento Delegado (UE) 2026/296 se centra principalmente en determinados productos del sector de la moda, como prendas de vestir, calzado y algunos accesorios. Para evitar dudas, la norma identifica exactamente cada categoría mediante los códigos de la Nomenclatura Combinada (NC), el sistema que utiliza la Unión Europea para clasificar las mercancías.
De esta forma, la prohibición afecta a buena parte de la ropa y el calzado nuevos que no hayan llegado a venderse. Sin embargo, esto no significa que todos los productos textiles o todos los accesorios estén incluidos: solo lo están aquellos que aparecen expresamente indicados en la normativa. En el futuro, la Unión Europea podrá ampliar esta prohibición a otras categorías de productos si lo considera necesario para avanzar hacia una economía más circular.
¿En qué casos estará permitido destruir productos no vendidos?
Aunque la nueva normativa busca reducir al máximo la destrucción de productos nuevos, la prohibición no es absoluta. De hecho, reconoce que pueden darse situaciones en las que destruir un producto sea la opción más adecuada o incluso la única posible.
En términos generales, estas excepciones responden a razones de seguridad, salud, cumplimiento de otras obligaciones legales o a la imposibilidad de dar al producto una segunda vida.
Estos son los principales supuestos en los que sí estará permitida la destrucción de productos de consumo no vendidos y qué condiciones deben cumplirse en cada caso:
Cuando el producto suponga un riesgo para la salud o la seguridad
Es el caso, por ejemplo, de un artículo que presente un defecto de fabricación que pueda provocar accidentes o que no cumpla los requisitos de seguridad establecidos por la legislación europea.
Cuando el producto esté dañado y no pueda reutilizarse
Si un producto ha sufrido daños que impiden su uso previsto o hacen inviable su reparación, reutilización o reacondicionamiento, la normativa también permite su destrucción. No basta con que presente pequeños desperfectos estéticos o que haya perdido valor comercial: debe tratarse de un deterioro que imposibilite razonablemente darle una segunda vida.
Cuando otra norma obligue a destruirlo
Existen situaciones en las que la legislación europea o nacional exige expresamente la destrucción de determinados productos. En esos casos, prevalece esta obligación. Por ejemplo, puede ocurrir con productos retirados por motivos sanitarios, de seguridad o por incumplir requisitos legales para su comercialización o reutilización.
Cuando el producto esté destinado a su preparación para la reutilización o al reciclaje
El objetivo no es conservar productos a cualquier precio, sino evitar que se destruyan sin haber valorado antes otras alternativas. Por ello, si un producto no puede reutilizarse pero sí puede destinarse a procesos de reciclaje, la empresa deberá priorizar esa opción frente a la destrucción, siempre que sea técnica y legalmente viable.
Otras circunstancias justificadas previstas por la normativa
El Reglamento sobre Ecodiseño de Productos Sostenibles (ESPR) también contempla otros supuestos específicos en los que la destrucción puede estar justificada, siempre que la empresa pueda acreditar que se cumplen las condiciones establecidas por la legislación. En todos los casos, estas excepciones tienen un carácter limitado y deben interpretarse de forma restrictiva, ya que el objetivo de la norma es que la destrucción de productos no vendidos deje de ser una práctica habitual y solo se produzca cuando no exista una alternativa más sostenible.
Imagen de Edgar Chaparro vía Unsplash
La prohibición de destruir determinados productos de consumo no vendidos, ¿afecta a todas las empresas?
La aplicación de esta norma no es igual para todas las empresas, sino que depende de su tamaño. El Reglamento sobre Ecodiseño de Productos Sostenibles (ESPR) establece un calendario progresivo y contempla determinadas exenciones, con el objetivo de facilitar que las empresas puedan adaptarse a las nuevas obligaciones.
En la práctica, las grandes empresas serán las primeras en tener que cumplir esta medida, mientras que las pequeñas y microempresas quedan exentas. Las empresas de mediano tamaño también disponen de un periodo transitorio antes de que la prohibición les resulte aplicable. De este modo, la Unión Europea busca impulsar la economía circular sin imponer la misma carga administrativa a organizaciones con capacidades muy diferentes.
¿Qué alternativas tienen las empresas si no pueden destruir los productos?
Es decir, ¿qué pueden hacer con el stock que no venden? La nueva normativa indica que las empresas deberán valorar alternativas como la reutilización, la donación, la reparación, el reacondicionamiento o el reciclaje (cuando no sea posible darles una segunda vida), antes de destruirlos.
En este contexto cobran especial importancia entidades como Moda re-, dedicada a la reutilización y el reciclaje textil, que actúan como un eslabón clave dentro de la economía circular. A través de la recogida, clasificación y preparación para la reutilización de prendas, Moda re- contribuye a que la ropa siga utilizándose el mayor tiempo posible antes de convertirse en un residuo. Y cuando una prenda ya no puede reutilizarse, se destina al reciclaje para recuperar sus materiales y reincorporarlos al ciclo productivo, reduciendo así la necesidad de extraer nuevas materias primas y el impacto ambiental asociado a la industria textil.
Los beneficios de esta medida para la moda sostenible
Más allá de impedir la destrucción de determinados productos no vendidos, esta medida busca transformar la forma en que las empresas gestionan el diseño, la producción y la planificación de sus colecciones. Si destruir el excedente deja de ser una opción sencilla, las marcas tendrán un mayor incentivo para ajustar mejor la producción a la demanda, optimizar la gestión del stock y desarrollar estrategias que reduzcan la generación de excedentes desde el origen.
Al mismo tiempo, la normativa contribuye a consolidar un modelo de consumo más responsable y transparente. Los consumidores demandan cada vez más información sobre el impacto ambiental de las prendas que compran y esperan que las empresas gestionen sus productos de forma coherente con los principios de la economía circular. En este contexto, limitar la destrucción de artículos no vendidos supone un paso más hacia una industria de la moda que priorice el aprovechamiento de los recursos y asuma una mayor responsabilidad sobre el destino de los productos que pone en el mercado.