El verano sin móvil, una oportunidad para el desarrollo social de los niños

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El verano sin móvil, una oportunidad para el desarrollo social de los niños

Notas de prensa | Comments are Closed | 4 agosto, 2026 | 0

  • Con más de 375.000 menores pasando horas solos frente a la pantalla durante el verano en España, Cipri Quintas, experto en Inteligencia Relacional, alerta de que el problema de fondo no son las horas de exposición, sino las habilidades de conexión humana que los niños no están teniendo ocasión de practicar.

Con la llegada del verano, el debate sobre niños y pantallas vuelve a ocupar titulares. El Gobierno de España ha anunciado medidas para restringir el acceso de menores de 16 años a redes sociales, siguiendo los pasos de Australia y Francia. Pero para Cipri Quintas, referente en Inteligencia Relacional en España, el debate está mal planteado. «La pregunta no es cuántas horas pasa mi hijo con el móvil. La pregunta es: ¿qué habilidades para relacionarse con otras personas está dejando de aprender mientras lo hace?»

Un verano con las pantallas como canguro

Según un informe de la ONG Educo, más de 375.000 niños y niñas de entre 6 y 13 años pasan horas solos en casa durante el verano porque sus familias no pueden acompañarles. En ese tiempo, el móvil o la tablet actúa como sustituto de la compañía adulta. Lo que los datos revelan, según recoge el mismo informe, es que casi el 40 % de los padres no percibe ninguna relación entre el uso de pantallas y el aislamiento social de sus hijos, a pesar de que los profesionales que trabajan con infancia sí la observan de forma clara.

La directora general adjunta de Educo lo ha resumido con una frase que ha recorrido los medios especializados: «La soledad no ha desaparecido, sino que se ha transformado adentrándose en el mundo digital.» Durante el verano, la falta de actividades estructuradas y de presencia adulta multiplica las horas de exposición y agrava este efecto.

«Más del 40 % de los adolescentes dice sentirse solo, el doble que hace 15 años. Y la paradoja es que nunca habían estado tan conectados digitalmente. El problema no es la tecnología: es que nadie les ha enseñado a relacionarse de verdad, y el móvil ha ocupado ese espacio vacío.» — Cipri Quintas, Experto en Inteligencia Relacional

Lo que los niños no aprenden mientras miran una pantalla

Cipri Quintas lleva más de una década estudiando los mecanismos que hacen que las relaciones humanas sean fuentes de bienestar, oportunidades y crecimiento. Desde esa perspectiva, señala que los meses de verano —con su tiempo libre, sus encuentros espontáneos y su menor estructura— son históricamente el mayor laboratorio de aprendizaje relacional de la infancia.

«Negociar con quién se juega, gestionar el conflicto cuando alguien no quiere seguir las normas, aprender a esperar tu turno, consolar a un amigo o hacer las paces después de una pelea: todo eso sucede de forma natural en el juego libre entre iguales. Y todo eso desaparece cuando el tiempo libre se sustituye por horas de scroll», explica la experta.

Investigaciones publicadas en el ámbito de la psicología del desarrollo confirman que el adolescente español es el más adicto de Europa a internet, con un 21,3 % frente a una media europea del 12,7 %. Un 44 % de los jóvenes reconoce que se conecta para no sentirse solo, sin ser consciente de que el uso compulsivo de redes sociales es precisamente uno de los principales factores de aislamiento social documentados.

Qué pueden hacer las familias este verano

Cipri Quintas propone un cambio de enfoque: en lugar de gestionar el tiempo de pantalla como una batalla de control, convertir el verano en una oportunidad activa para entrenar las habilidades relacionales que sus hijos necesitarán toda la vida.

  1. Crear situaciones de contacto real. Excursiones en grupo, comidas familiares sin móviles, tardes con primos o vecinos. No hace falta que sean actividades costosas: lo que activa el aprendizaje relacional es la presencia y la interacción sin mediación de pantalla.
  2. Hablar sobre las relaciones, no solo de los móviles. Preguntar a los hijos cómo se sienten con sus amigos, qué les gusta de estar con ellos o qué les cuesta. Las conversaciones sobre vínculos son más formativas que cualquier restricción tecnológica.
  3. Dar ejemplo de presencia. Los menores imitan lo que observan. Un adulto que está presente, escucha y prioriza la conversación sobre el scroll está enseñando Inteligencia Relacional sin saberlo.
  4. No demonizar la tecnología: contextualizarla. El objetivo no es que los niños odien el móvil, sino que tengan tantas experiencias relacionales satisfactorias que el scroll les resulte menos necesario como refugio emocional.

La ley puede poner límites. La Inteligencia Relacional construye alternativas

La propuesta de regulación anunciada por el Gobierno —que busca restringir el acceso de menores de 16 años a redes sociales y exigir sistemas de verificación de edad reales a las plataformas— es bienvenida por Cipri Quintas como señal política necesaria. Pero advierte de que la ley sola no resuelve el problema de fondo.

«Prohibir no educa. Lo que educa es construir en los niños la capacidad de relacionarse de forma auténtica, de sentirse vistos y de ver a los demás. Un adolescente que sabe hacer eso no necesita las redes sociales para sentirse acompañado. Y ese es exactamente el trabajo de la Inteligencia Relacional: no gestionar el síntoma, sino

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