Cómo adaptar una formación en redes y creación de contenidos a personas con niveles diferentes

Compatibilità
Salva(0)
Condividi

Una formación en redes y creación de contenidos rara vez empieza con todas las personas en el mismo punto. En un mismo grupo puede haber quien publica habitualmente en Instagram, quien ha abierto Canva alguna vez y quien todavía necesita ayuda para guardar un archivo, editar un vídeo o entender qué diferencia hay entre un reel y una historia.

Eso no convierte al grupo en un problema. Simplemente obliga a diseñar la formación de otra manera.

Cuando trabajamos cursos sobre redes sociales, creación de contenidos, vídeo, pódcast o herramientas digitales, el objetivo no debería ser terminar un temario idéntico para todo el mundo. Lo importante es conseguir que cada persona pueda avanzar desde su punto de partida y terminar la formación con herramientas que realmente pueda utilizar.

En Melodijopérez desarrollamos formación práctica en comunicación y contenidos digitales en Asturias para públicos muy diferentes. Y esa experiencia nos ha enseñado que adaptar una formación no significa simplificarla: significa diseñarla mejor.

El primer error: dar por hecho que todo el mundo sabe lo mismo

En una formación digital es muy fácil avanzar demasiado rápido.

Quien utiliza redes sociales todos los días puede considerar evidente cómo subir un vídeo, añadir subtítulos o compartir una publicación. Para otra persona, cualquiera de esos pasos puede ser nuevo.

También ocurre al contrario.

Si dedicamos demasiado tiempo a explicar conceptos básicos, las personas que ya utilizan esas herramientas pueden desconectar.

Por eso, antes de empezar, conviene conocer mínimamente el punto de partida del grupo.

Antes de diseñar el curso, hay que saber quién va a estar delante

No planteamos igual un taller de creación de contenidos para profesionales que una actividad con alumnado de Primaria, un grupo de jóvenes o personas que están empezando a utilizar herramientas digitales.

Antes de preparar la formación conviene conocer cuestiones como:

  • Qué experiencia previa tiene el grupo.
  • Qué herramientas utiliza habitualmente.
  • Qué dispositivos va a utilizar durante el curso.
  • Para qué necesita aprender esos contenidos.
  • Cuánto tiempo habrá disponible.
  • Si la formación será puntual o tendrá continuidad.
  • Qué grado de autonomía se espera al terminar.

No siempre es posible conocer individualmente a todas las personas antes de empezar, pero disponer de esta información general ayuda mucho a ajustar el nivel.

Una misma herramienta puede enseñarse a distintos niveles

Adaptar no significa necesariamente preparar tres cursos distintos.

Muchas herramientas permiten trabajar por capas.

En Canva, por ejemplo, una persona puede empezar aprendiendo a modificar una plantilla, mientras otra puede trabajar composición, jerarquía visual, identidad gráfica o adaptación de formatos.

En CapCut, alguien puede aprender a realizar un corte básico y añadir texto, mientras otra persona puede trabajar ritmo, subtítulos, recursos, transiciones o formatos específicos para redes sociales.

Lo mismo ocurre con el pódcast, la fotografía con móvil o la creación de contenido.

El ejercicio puede ser común, pero el nivel de profundidad no tiene por qué serlo.

El objetivo no es aprender una aplicación: es saber qué hacer con ella

Una formación sobre herramientas digitales puede convertirse fácilmente en una enumeración de botones.

«Aquí se cambia la tipografía», «aquí se recorta el vídeo», «aquí se añade una transición».

Eso puede servir para conocer el programa, pero no necesariamente para crear mejores contenidos.

Nos interesa más que la herramienta esté asociada a una situación real.

Por ejemplo: crear un reel para presentar un producto, preparar una publicación para anunciar una actividad, editar una entrevista, diseñar un cartel sencillo o grabar una conversación para un pódcast.

Cuando existe un objetivo concreto, las funciones de la herramienta empiezan a tener sentido.

En redes sociales, primero el contenido y después la plataforma

En una formación sobre redes sociales es fácil caer en explicaciones demasiado centradas en las funciones de Instagram, Facebook, TikTok o LinkedIn.

Pero esas funciones cambian constantemente.

Hay conocimientos más útiles y duraderos: saber qué queremos contar, reconocer qué puede interesar al público, elegir un formato, escribir un mensaje claro, grabar una imagen útil o aprovechar una misma idea de varias maneras.

La herramienta cambia. El criterio permanece.

Por eso una buena formación debería ayudar también a tomar decisiones, no únicamente a ejecutar pasos.

Hay que dejar espacio para practicar

En creación de contenidos, escuchar una explicación no es suficiente.

Hay que hacer.

Grabar, escribir, diseñar, editar, equivocarse, volver atrás y probar otra opción.

La parte práctica permite además detectar rápidamente dónde están las diferencias de nivel.

Una explicación puede parecer clara para todo el grupo, pero es cuando cada persona empieza a trabajar cuando aparecen las dudas reales.

Por eso preferimos que una parte importante de este tipo de formaciones esté dedicada a ejercicios y no únicamente a exposición teórica.

Los ejercicios deben admitir diferentes grados de dificultad

Una forma de trabajar con grupos heterogéneos es plantear actividades que puedan resolverse de manera sencilla o llevarse más lejos.

Por ejemplo, en un ejercicio de vídeo:

  • Una persona puede aprender a seleccionar y ordenar varios clips.
  • Otra puede incorporar textos y música.
  • Otra puede trabajar el ritmo y la narrativa.
  • Y quien tenga mayor experiencia puede preparar diferentes versiones adaptadas a distintos canales.

Todos trabajan sobre el mismo objetivo, pero nadie tiene que detenerse exactamente en el mismo punto.

No frenar a quien sabe más sin abandonar a quien empieza

Este es probablemente uno de los equilibrios más difíciles.

Si el ritmo se marca únicamente por las personas que avanzan más rápido, parte del grupo puede quedarse atrás.

Si se marca siempre por quien necesita más acompañamiento, otras personas pueden sentir que la formación les aporta poco.

Una solución es alternar momentos comunes con ejercicios que permitan distintos niveles de profundidad.

También puede resultar útil ofrecer pequeños retos adicionales a quienes terminan antes o introducir ejemplos más avanzados mientras otras personas completan una tarea básica.

La formación tiene que adaptarse también a los dispositivos

En cursos de creación de contenido hay una dificultad muy concreta: no todo el mundo trabaja con el mismo teléfono, ordenador o sistema operativo.

Una aplicación puede comportarse de una manera en Android y de otra en iOS. Los menús cambian. Las versiones tampoco son siempre iguales.

Por eso conviene evitar una formación demasiado dependiente de instrucciones milimétricas del tipo «pulsa exactamente este botón que está aquí».

Es más útil explicar qué queremos conseguir y acompañar después las diferencias que aparecen entre dispositivos.

También cambia el ritmo según el público

No todas las personas necesitan la misma velocidad de explicación.

Y esto no tiene que ver únicamente con la edad.

Depende de la familiaridad con las herramientas, de la experiencia profesional, del tipo de dispositivo o simplemente de cuánto se utiliza habitualmente la tecnología.

Una sesión intensiva de cuatro horas con profesionales puede avanzar de una manera muy distinta a un taller educativo o a una formación de iniciación.

El contenido puede incluso ser parecido, pero la manera de llegar hasta él cambia.

Formar a profesionales exige ir rápido hacia la aplicación práctica

Cuando las personas participantes ya trabajan en comunicación, periodismo o contenidos, normalmente no necesitan una introducción extensa sobre por qué el vídeo o el pódcast pueden ser interesantes.

Necesitan avanzar hacia sus posibilidades reales de aplicación.

En el curso intensivo de videopódcast para profesionales de la Asociación de la Prensa de Oviedo, por ejemplo, trabajamos nuevos formatos audiovisuales, posibilidades técnicas y oportunidades del videopódcast dentro del ecosistema digital.

El objetivo era trasladar herramientas y enfoques que pudieran aplicarse al trabajo profesional.

Con personas jóvenes podemos trabajar todo el proceso

Otros grupos permiten plantear itinerarios más amplios.

En el programa desarrollado para el Conseyu de Mocedá de Xixón trabajamos con jóvenes diferentes ámbitos de la comunicación digital: pódcast, contenidos para redes sociales, edición de vídeo y diseño gráfico aplicado.

Las sesiones incorporaron ejercicios prácticos y equipamiento profesional para recorrer el proceso desde la idea y el guion hasta la grabación, la edición y la publicación.

Aquí no se trataba únicamente de aprender una herramienta concreta, sino de entender cómo se construye un contenido digital completo.

Con alumnado, aprender comunicación puede significar crear algo de verdad

Cuando trabajamos con público escolar, la práctica puede convertirse directamente en un proyecto creativo.

En Misión Fontela, desarrollado con alumnado del Colegio de Belmonte de Miranda, utilizamos pódcast, storytelling y producción sonora para construir colectivamente una ficción.

El aprendizaje se integró así en un proceso concreto: trabajar una idea, desarrollar una historia, interpretarla y transformarla en una pieza sonora.

En lugar de explicar qué es un pódcast durante horas, el propio grupo participa en su creación.

También se puede enseñar a analizar lo que consumimos

Crear contenidos es solo una parte de la formación digital.

También es importante comprender la información que recibimos.

Con motivo del Día Mundial de la Radio 2026, desarrollamos talleres para alumnado de Primaria y Secundaria centrados en periodismo, radio e inteligencia artificial.

Las sesiones combinaron teoría y práctica mediante creación de guiones, análisis de información y detección de contenidos falsos, además de trabajar los límites y posibilidades de la inteligencia artificial aplicada a la comunicación.

En este caso, aprender comunicación significa también desarrollar criterio.

No todo el mundo tiene que terminar haciendo lo mismo

Uno de los errores de algunas formaciones prácticas es esperar un resultado idéntico de todas las personas.

No siempre tiene sentido.

Una persona puede necesitar aprender a crear publicaciones sencillas para las redes de su negocio. Otra quiere mejorar los vídeos que ya realiza. Otra necesita entender cómo organizar un calendario de contenidos. Y otra puede estar interesada específicamente en pódcast.

Si el curso lo permite, es útil que los ejercicios puedan acercarse a esas necesidades.

La formación gana valor cuando cada participante puede relacionar lo aprendido con su propia realidad.

Trabajar con ejemplos cercanos ayuda mucho

Los ejemplos demasiado genéricos pueden dificultar la aplicación práctica.

No es lo mismo explicar la creación de contenidos pensando en una gran marca internacional que hacerlo para un comercio, una asociación, un proyecto cultural, una actividad profesional o una iniciativa rural.

Cuanto más próximo sea el ejemplo a la realidad del grupo, más fácil resulta entender para qué sirve cada herramienta.

Por eso conviene conocer antes quién va a participar y adaptar también los casos que utilizamos durante la formación.

Canva y CapCut son herramientas, no el objetivo final

Canva y CapCut permiten que muchas personas puedan producir contenidos sin conocimientos profesionales de diseño o edición.

Son herramientas especialmente útiles para formación práctica porque permiten obtener resultados rápidamente.

Pero aprender a utilizarlas no debería confundirse con aprender diseño gráfico o producción audiovisual profesional.

El objetivo es proporcionar autonomía para determinadas necesidades cotidianas: adaptar una creatividad, montar un vídeo sencillo, incorporar subtítulos o preparar contenido para redes.

Cuando un proyecto necesita una pieza de mayor complejidad, sigue teniendo sentido recurrir a profesionales.

El pódcast es una herramienta formativa especialmente completa

El pódcast permite trabajar muchas competencias dentro de una misma actividad.

Hay que encontrar una idea, investigar, escribir, estructurar un guion, hablar, escuchar a otras personas, grabar y editar.

Si además incorporamos vídeo, aparecen también cuestiones relacionadas con imagen, realización y lenguaje audiovisual.

Por eso resulta especialmente útil tanto en contextos educativos como profesionales.

La formación práctica necesita tiempo para equivocarse

Cuando el programa está demasiado lleno, existe la tentación de explicar muchas herramientas en poco tiempo.

Pero aprender a crear contenidos necesita espacio para probar.

Muchas veces tiene más valor salir de una sesión sabiendo hacer tres cosas de manera autónoma que haber visto quince funciones sin poder repetirlas después.

La cantidad de contenido impartido no es necesariamente una buena medida de la calidad de una formación.

Es mejor priorizar lo que realmente van a utilizar

No todas las funciones de una herramienta tienen la misma utilidad para todas las personas.

Si un grupo necesita crear vídeos sencillos para redes, probablemente sea más útil trabajar grabación, selección de planos, cortes, texto y subtítulos que dedicar mucho tiempo a efectos que apenas utilizará.

Si necesita mejorar su comunicación en Instagram, quizá tenga más sentido trabajar ideas, formatos y planificación que recorrer cada opción disponible en la aplicación.

Elegir también forma parte de diseñar una buena formación.

Los materiales deben permitir continuar después

Una formación no debería desaparecer cuando termina la última sesión.

Disponer de materiales de apoyo, referencias, ejemplos o pequeñas guías ayuda a recuperar posteriormente los pasos que se han trabajado.

Esto es especialmente importante en herramientas que quizá una persona no vuelva a utilizar hasta varios días después.

El objetivo es favorecer la autonomía, no generar dependencia de quien imparte el curso.

Cómo saber si una formación ha funcionado

En este tipo de cursos no nos interesa únicamente preguntar si la sesión ha gustado.

También podemos observar si las personas son capaces de aplicar lo aprendido.

¿Han podido crear una pieza? ¿Entienden por qué han elegido ese formato? ¿Pueden repetir el proceso? ¿Saben dónde acudir cuando tengan una duda? ¿Han ganado autonomía?

Esas preguntas dicen mucho más sobre el resultado que la cantidad de diapositivas que se han mostrado.

Una buena formación no convierte a todo el mundo en profesional

El objetivo tampoco debería ser prometer que unas horas de curso convierten a cualquiera en especialista en redes, diseño, vídeo o pódcast.

Una formación práctica puede aportar conocimiento, criterio y autonomía para resolver determinadas necesidades.

También puede ayudar a entender cuándo una tarea puede realizarse internamente y cuándo resulta más eficiente recurrir a un perfil profesional.

Ambas cosas son compatibles.

Cómo adaptar una formación cuando los niveles son diferentes

Si tuviéramos que resumir nuestra forma de plantearlo, partiríamos de varias ideas:

  1. Conocer al grupo antes de diseñar el contenido.
  2. Definir qué necesita ser capaz de hacer al terminar.
  3. Trabajar sobre situaciones y contenidos reales.
  4. Combinar explicación y práctica.
  5. Crear ejercicios que admitan varios niveles de profundidad.
  6. Adaptar el ritmo sin convertir la sesión en varios cursos simultáneos.
  7. Priorizar autonomía y criterio frente a memorizar funciones.

No se trata de conseguir que todo el mundo llegue exactamente al mismo sitio.

Se trata de conseguir que cada persona avance desde el punto en el que empezó.

Formación en redes y creación de contenidos en Asturias

En Melodijopérez desarrollamos formaciones en comunicación y creación de contenidos en Asturias adaptadas a empresas, entidades, asociaciones, profesionales, jóvenes y otros colectivos.

Trabajamos ámbitos como redes sociales, creación de contenidos, vídeo, pódcast, storytelling, Canva, CapCut y otras herramientas digitales, planteando los contenidos según el nivel y los objetivos de cada grupo.

La tecnología es importante, pero nuestra prioridad es que las personas entiendan para qué utilizarla y puedan seguir haciéndolo una vez terminada la formación.

Si estás organizando una formación y necesitas adaptarla a un grupo concreto, cuéntanos qué quieres trabajar y con quién.

Preguntas frecuentes sobre formación en redes y creación de contenidos

¿Se puede impartir un curso cuando las personas tienen niveles muy diferentes?

Sí. Es importante diseñar ejercicios que permitan distintos grados de profundidad y combinar explicaciones comunes con momentos de práctica en los que cada persona pueda avanzar desde su nivel.

¿Qué se puede trabajar en una formación de creación de contenidos?

Dependiendo del grupo, pueden abordarse redes sociales, planificación de contenidos, fotografía y vídeo con móvil, edición, Canva, CapCut, pódcast, storytelling, escritura y otras herramientas digitales.

¿Hace falta tener conocimientos previos?

Dep

Recapiti
Lorena