«La Medicina de Familia es una especialidad absolutamente clave para la salud de la población y para el equilibrio del sistema sanitario»

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El gerente de Atención Primaria del Servicio Cántabro de Salud, José María Pérez Ramos,  aborda la actualidad del primer eslabón del Sistema Sanitario  

El doctor José María Pérez Ramos es licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Cantabria,  se formó  como especialista  en Neurología en el Servicio Cántabro de Salud y  es experto en trastornos del movimiento,  como el Parkinson. En el  2021 asumió la gerencia de la OSI de Álava tras haber sido subdirector médico de ese Servicio durante dos años, periodo en el que gestionó los desafíos derivados de la pandemia de COVID-19 y participó en el comité asesor del departamento vasco de Sanidad. Hace unos meses dejó su cargo en Osakidetza  y aceptó la gerencia de la Atención Primaria del SCS. En esta entrevista para el COM Cantabria con motivo del Día del Médico de Familia analiza la realidad del primer eslabón del Sistema de Salud.

-El 19 de mayo se celebra el Día del Médico de Familia. Una especialidad que no pasa por su mejor momento. ¿Por qué cree el máximo responsable de la Atención Primaria de Cantabria que la mayoría de los médicos jóvenes no quieren ser médicos de familia?

Permíteme, antes de nada, matizar esa afirmación. No comparto del todo la idea de que la Medicina de Familia “no pasa por su mejor momento”. Es una especialidad absolutamente clave para la salud de la población y para el equilibrio del sistema sanitario, y sigue estando en manos de profesionales altamente comprometidos, capaces y vocacionales. Otra cosa es que el entorno en el que se desarrolla no siempre permite desplegar todo su potencial.

En cuanto al escaso atractivo que parece tener en los últimos años para muchos médicos jóvenes, sinceramente creo que no hay una única causa -y si la hubiera, seguramente ya habríamos podido intervenir sobre ella con más eficacia-. Influyen cuestiones como la percepción social y profesional de la especialidad, un ejercicio de la especialidad posiblemente demasiado reactivo a patologías sobrevenidas y que muchas veces deja poco espacio a la planificación y a la promoción de la salud, la burocracia que rodea a día de hoy los actos médicos en general, y también creo que influye cómo se enseña la Medicina de Familia en las facultades.

-¿Cómo podríamos cambiar esta tendencia?

No hay soluciones mágicas ni inmediatas, pero se me ocurren varias medidas que sí podríamos implementar. La primera es reconocer el problema y abordarlo con honestidad. La Medicina de Familia necesita recuperar espacio, autonomía y tiempo para hacer lo que mejor sabe hacer: acompañar a las personas a lo largo de toda su vida, desde una mirada integral y cercana.

Para que vuelva a ser una opción atractiva para los jóvenes, lo primero es cuidar a quienes ya están dentro. Y en ese sentido creo que ya se han dado pasos los últimos años mejorando las condiciones laborales de nuestros profesionales, aunque hay que seguir con otras medidas como reducir la carga burocrática, o facilitar el acceso a la formación y a la investigación, y así conseguir que los centros de salud sean lugares donde apetezca trabajar y crecer profesionalmente. También es fundamental repensar cómo se enseña la Atención Primaria en las facultades y cómo se transmite su valor desde el propio sistema sanitario.

-Son muchos los profesionales que creen que el modelo actual de AP está agotado. ¿Usted también?

Es una percepción que entiendo, pero considero más bien que lo que está agotado es el modo en que se ha gestionado durante demasiado tiempo. La Atención Primaria tiene una base muy sólida: equipos multiprofesionales, trabajo comunitario, continuidad asistencial, accesibilidad… Lo que necesita es una actualización que le devuelva el sentido y la capacidad de hacer bien su trabajo. No se trata de empezar de cero, sino de liberar todo el potencial que tiene y que a menudo se ve frenado por inercias del sistema. Y para eso hace falta escuchar más, confiar más en los equipos, y darles las herramientas que necesitan para responder a una sociedad que ha cambiado mucho en los últimos 40 años.

-¿Cuál es la realidad a día de hoy de la AP en Cantabria? ¿Qué es lo que más necesita?

La realidad es compleja. Tenemos una Atención Primaria con profesionales comprometidos, que siguen sosteniendo la atención sanitaria más cercana a la población incluso en condiciones que a veces no son las mejores. Pero también arrastramos problemas estructurales: dificultades para cubrir determinadas plazas, exceso de burocracia,  y poco margen para hacer prevención, trabajo comunitario o simplemente medicina con tiempo.

Lo que más necesita la Atención Primaria en Cantabria es recuperar el equilibrio entre lo asistencial y lo estratégico. Y eso pasa por aligerar las tareas que no aportan valor, mejorar la gestión del tiempo y facilitar que cada profesional pueda aportar desde su perfil con autonomía y reconocimiento.

No se trata de más recursos, sino de dar un paso atrás para repensar qué Atención Primaria queremos construir juntos, y cómo hacemos para que esa visión se sostenga en el día a día.

-¿Y cuáles son sus objetivos principales tras unos meses en el cargo?

Mi prioridad en estos primeros meses ha sido estar cerca de los equipos. Por eso estamos recorriendo las distintas áreas de salud, reuniéndonos con los coordinadores para conocer de primera mano sus necesidades, sus propuestas y también sus preocupaciones. Creo firmemente que no se puede gestionar bien desde un despacho si no se entiende la realidad de cada zona, que en muchos casos es muy distinta entre sí.

El objetivo es claro: ayudarles, facilitar su trabajo y dar respuesta tanto a cuestiones sanitarias como organizativas, buscando soluciones realistas, adaptadas a cada contexto.

-Con respecto a la coordinación entre Atención Primaria y Hospitalaria, ¿cómo va en Cantabria?

La coordinación entre niveles es uno de los grandes retos -y también una de las grandes oportunidades- del sistema sanitario. En Cantabria estamos dando pasos para mejorarla, porque entendemos que esa relación debe ser más fluida, más horizontal y más centrada en las necesidades reales de los pacientes.

No se trata solo de crear más comisiones o redactar documentos, sino de facilitar el contacto directo, generar espacios de confianza entre profesionales y promover una verdadera cultura de corresponsabilidad. Es importante subrayar que ésta no es solo una visión de la Gerencia de Atención Primaria: los gerentes hospitalarios de la región comparten también este enfoque. Estamos trabajando juntos para reforzar los puentes que nos unen, con el objetivo de que esa visión compartida se traduzca en acuerdos concretos y colaboraciones reales en el día a día.

-Para terminar, ¿cómo se plantea el verano en los centros de salud con las vacaciones y la actual falta de médicos?

Afrontamos el verano con realismo. Sabemos que será un periodo complicado -como en muchas otras comunidades- porque la escasez de médicos en las bolsas de contratación es, a día de hoy, una realidad incontestable. No es que no queramos contratar, es que en muchos casos, sencillamente, no hay a quién contratar.

Aun así, llevamos semanas trabajando en la planificación del periodo estival, ajustando los recursos disponibles para garantizar la atención esencial, sobre todo en las zonas con mayor presión asistencial. Además, queremos ser transparentes, tanto con los responsables políticos como con la ciudadanía, explicando con antelación, y de la forma más fiel posible a la realidad, las dificultades que afrontamos y las medidas que estamos poniendo en marcha.

No es la situación ideal, pero tampoco nos resignamos. Nuestro compromiso es que la gestión del verano se realice de forma ordenada, dialogada y con la máxima transparencia hacia los equipos.

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