En América Latina y el Caribe, más del 50% del empleo es informal. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el empleo informal implica ausencia de contratos, falta de acceso a la seguridad social o protección social, y una mayor vulnerabilidad frente a abusos, precariedad, inestabilidad e incluso violencia laboral.
En la práctica, esto significa que millones de personas en todo el continente trabajan sin acceso a las garantías básicas o marcos formales de protección de sus derechos humanos o laborales.
República Dominicana no es ajena a esta realidad. Según datos de la OIT, en el país caribeño, en torno al 54% de la población ocupada, es decir, más de la mitad, trabaja en condiciones de informalidad. Esto es un reflejo del carácter estructural de este fenómeno en la economía nacional. Solo en 2026, más del 80% de los nuevos empleos han sido informales en el país.
Más impactante que la cifra en sí, es el impacto desigual de este fenómeno, donde son las mujeres quienes enfrentan mayores niveles de precariedad laboral, menores ingresos y una menor cobertura de protección social. Además, esta situación incrementa su exposición a distintas formas de violencia y explotación en el ámbito laboral.
Este componente de género en el empleo, como no podría ser de otra manera, incrementa la brecha de protección social, de ingresos y también la exposición a la explotación o a la violencia laboral que viven las mujeres.
En este contexto, y ante las dificultades para acceder a un empleo digno que garantice derechos laborales y humanos en el país, es que se celebra el primer Encuentro Nacional de Promotoras Comunitarias. Más allá del encuentro, el intercambio de experiencias y la generación de conocimientos colectivos, se trata de un espacio que se configuró como una forma de construcción colectiva de discurso, conciencia y de transformación social entre las trabajadoras del sector informal en República Dominicana.
El objetivo del Encuentro fue analizar los contenidos a abordar en círculos de estudio con sus comunidades, desafíos y necesidades comunes, contextos específicos de cada comunidad y hacer una breve iniciación a derechos laborales y sindicales, capacidades organizativas y de liderazgo
Celebrado en el marco del proyecto “Promoviendo el trabajo decente y libre de violencia para las trabajadoras del sector informal”, puso de relieve una realidad incómoda y persistente: las mujeres siguen enfrentando mayores niveles de precariedad, de invisibilidad y de violencia en sus entornos laborales.
El proyecto se enmarca en una apuesta por una cooperación feminista, que sitúa a las mujeres como sujetas de derechos y protagonistas del cambio. No se trata únicamente de mejorar sus condiciones laborales, sino de fortalecer su capacidad de organización, su liderazgo y su voz colectiva.
Desde este enfoque, abordar la informalidad implica también enfrentar las múltiples formas de desigualdad y violencia que atraviesan la vida de las trabajadoras, especialmente en contextos donde la falta de derechos laborales se combina con brechas de género estructurales.
En línea con los principios promovidos por la OIT, el proyecto contribuye a avanzar hacia el trabajo decente, entendido no solo como acceso a empleo, sino como garantía de derechos, protección social, igualdad de oportunidades y entornos libres de violencia.
Como ejercicio colectivo, el encuentro también abrió espacio para algo de igual o mayor relevancia. Las participantes, como protagonistas del proceso, comenzaron a elaborar respuestas desde sus propias experiencias, transformando vivencias individuales en demandas comunes.
Durante el encuentro, las participantes analizaron sus contextos, identificaron problemáticas comunes y compartieron experiencias que permitieron convertir experiencias aisladas en conciencia colectiva. Este proceso, impulsado junto a CNUS, CASC y CNTD, a través de CIMTRA y con la financiación de la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AACID), contribuye a transformar vivencias y realidades invisibilizadas en propuestas para avanzar hacia el trabajo decente.
En este sentido, el proyecto no solo busca mejorar condiciones laborales, sino también transformar narrativas. En otras palabras, pasar del aislamiento a la organización; de la individualización a la colectividad; del silencio a la voz colectiva; y, de la precariedad normalizada a la exigencia de derechos.
Porque cuando una trabajadora conoce sus derechos, cambia su realidad. Pero cuando lo comparte, organiza y comunica con otras, cambia su comunidad. Y cuando esa transformación se construye desde un enfoque feminista, no solo mejora las condiciones de trabajo, sino que cuestiona las desigualdades que las sostienen.