Tras un accidente de tráfico, mucha gente suelta una frase automática para quitar hierro al asunto: “fue poca cosa”, “no pasa nada”, “estoy bien”.
Parece educación. Parece sentido común. Pero, si luego aparecen dolores (lo típico: cervicales, lumbar, muñeca, ansiedad al conducir…), esa frase puede convertirse en un problema:
le da munición a la aseguradora para discutir tus lesiones y, en consecuencia, bajar la indemnización.
No es teoría. En la práctica, muchas reclamaciones se debilitan por una mezcla de: palabras mal dichas, pruebas que no se guardan y decisiones rápidas (parte mal hecho, no ir al médico a tiempo, aceptar una oferta “rápida”).
Si quieres proteger tu salud y tu caso, esta guía te ahorra disgustos.
El problema real: “fue poca cosa” suena a “no hubo lesión”
Cuando tú dices “fue poca cosa”, la aseguradora lo puede interpretar (y usar) como:
impacto leve + ausencia de síntomas iniciales + daños mínimos.
Y con eso intentan construir un argumento: “si era poca cosa, no hay relación entre el golpe y lo que dice después”.
Ojo: tú lo dices para tranquilizar. Ellos lo pueden usar para recortar.
Porque en un siniestro hay dos guerras: la del coche (daños materiales) y la del cuerpo (daños personales). Y el cuerpo, muchas veces, no avisa en el minuto 1.
Dónde se te puede escapar la frase (y dejar rastro)
1) En el lugar del accidente
Se lo dices al otro conductor, a la policía, a quien te llama. Luego aparece en versiones, atestado o testimonios.
2) En la llamada a tu aseguradora (muchas veces grabada)
“Estoy bien”, “no me duele”, “solo fue un toque” dicho en caliente puede chocar con lo que declares después.
Esa incoherencia es justo lo que busca la compañía contraria para discutir credibilidad.
3) En el parte amistoso
Un parte no es “un trámite”: es un documento que te perseguirá.
Si escribes valoraciones (“sin daños”, “golpe leve”, “no hay lesiones”) estás regalando una interpretación.
4) En WhatsApp o redes
Mensajes tipo “nada, fue un roce” o fotos haciendo vida normal el mismo día pueden usarse para insinuar que no había lesión real.
No es que no puedas vivir: es que hay que ser inteligente con el rastro que dejas.
Qué decir en vez de “fue poca cosa” (frases que te protegen)
La regla de oro: hechos, no diagnósticos. Tú no eres el médico ni el perito.
Tú describes lo ocurrido y pides valoración.
- “Ha habido un accidente. Necesito asistencia y valoración médica.”
- “Ahora mismo no puedo valorar si tengo lesión. Me revisaré.”
- “Hay daños en el vehículo. Voy a documentar fotos y hacer el parte.”
- “Prefiero que conste el atestado porque hay discrepancias.” (si no hay acuerdo)
Y evita estas bombas:
“estoy bien”, “no me duele nada”, “fue poca cosa”, “la culpa fue mía” (aunque tengas dudas), “no hace falta policía” (si hay conflicto).
La trampa típica: “daños mínimos” = “lesión imposible” (y no es así)
Hay lesiones que aparecen con retraso (o se hacen evidentes cuando baja la adrenalina): rigidez cervical, dolor lumbar, cefaleas, mareo, hormigueo, ansiedad al conducir, etc.
Y aquí viene el choque: tú sientes algo al día siguiente; la aseguradora intenta agarrarse a tu frase del minuto 1 para decir que es “de otra cosa”.
Por eso, lo que manda no es tu opinión inicial: manda la documentación.
Y cuanto antes empiece, mejor.
Lo que realmente sube (o baja) la indemnización: 5 piezas de prueba
1) Parte médico a tiempo
Si tienes molestias, ve a urgencias o a tu médico cuanto antes.
En muchísimos casos, si pasan días sin asistencia médica, la aseguradora discute la relación con el accidente.
No esperes “a ver si se pasa”.
2) Fotos y vídeo (2 minutos que valen oro)
Haz fotos a: posición final, matrículas, señales, carriles, marcas en el suelo, daños de ambos vehículos (primeros planos y generales), interior si hubo golpe fuerte.
3) Datos de testigos
Si alguien lo vio, apunta nombre y teléfono. Si luego hay “dos versiones”, el testigo puede decidirlo todo.
4) Atestado cuando hay conflicto
Si el otro cambia la historia, se pone agresivo o no reconoce nada, pide intervención.
El atestado no es perfecto, pero evita que todo quede en “tu palabra contra la suya”.
5) Seguimiento médico coherente
Informes, rehabilitación si procede, partes de baja, recetas… Todo suma coherencia.
Si te duele, debe existir un rastro clínico.
Ojo con la “oferta rápida”: puede cerrarte el caso antes de tiempo
A veces llaman pronto con una cantidad “para que te olvides”.
Si aceptas sin revisar, puedes quedarte corto, especialmente si aún estás en evolución o falta documentación.
Lo normal es valorar con calma, con informes en la mano, y entender qué están pagando: días, secuelas, perjuicio económico, gastos, etc.
Además, hay un procedimiento formal: tras la reclamación previa, la aseguradora debe contestar con una oferta motivada (o una respuesta motivada) dentro de unos plazos.
Si te “cierran” por teléfono con prisas, mala señal.
Checklist rápido: qué hacer hoy para no perder dinero mañana
- No minimices: no digas “fue poca cosa”. Di “necesito valoración”.
- Haz fotos y vídeo completos.
- Si hay conflicto, pide atestado.
- Ve al médico cuanto antes si notas molestias.
- Guarda gastos (farmacia, taxis, rehabilitación, etc.).
- No aceptes ofertas rápidas sin revisar.
- Evita declaraciones largas o grabadas sin asesoramiento.
Preguntas frecuentes
¿Y si de verdad parecía poca cosa?
Da igual lo que “parecía”. Lo importante es lo que ocurrió, lo que se documenta y cómo evolucionas.
Un golpe leve puede desencadenar síntomas reales. Lo que te mata el caso no es el golpe: es la falta de pruebas y la incoherencia.
¿Puedo decir “estoy bien” para tranquilizar y luego ir al médico?
Poder, puedes. Pero es un regalo para la aseguradora si luego reclamas lesión.
Mejor una frase neutra: “ahora mismo no puedo valorarlo; me voy a revisar”.
¿Qué pasa si tardé varios días en ir al médico?
Se complica: la compañía puede discutir la relación con el accidente.
Aun así, se puede trabajar, pero necesitas una estrategia de documentación mucho más sólida.
Si te pasó: actúa como si tu “yo de mañana” te estuviera mirando
El “yo de mañana” es el que se levanta con dolor, el que pierde días de trabajo, el que entra en rehabilitación.
Ese “yo” necesita que el “yo de hoy” no diga frases peligrosas y guarde pruebas.
En Fundación AVATA ayudamos a víctimas de accidentes a hacer bien lo que casi nadie hace bien: documentar, ordenar, valorar y reclamar con criterio.
Si te han dicho “no es para tanto” o te han lanzado una oferta rápida, mejor revisarlo antes de firmar nada.