Este contenido no es para PAS (Por la Dra. Lorea Zubiaga)

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Tu problema es tu actitud. Si quieres triunfar, yo te curo… entiéndase “yo te cambio”… para que seas más como yo y menos como tú. Atentamente: tu profesional de la salud mental.Esta entrada de hoy viene a contar una realidad que cada día vivimos más y más personas que nos dedicamos a acompañar a las personas con Alta Sensibilidad: la arrogancia y la intolerancia frente a la diversidad. En el día a día tratamos de romper esquemas (y sobre todo estigmas) sobre la patologización de un temperamento de la personalidad. Y es que aún hoy existen muchos profesionales (de la psicología, medicina, psiquiatría, etc.) buscando definir  la sensibilidad de procesamiento sensorial (SPS) como si se tratase de un estado patológico. Y como no lo es, pues reniegan de su existencia. Me explico, si no aparece en el DSM-5 (manual de los trastornos mentales) pues no existe. Si no es un trastorno y por tanto no hay que hacer una intervención ¿cuál es el sentido de dedicarle tiempo?. Y mi favorito: “si no está roto, para qué arreglarlo”. Son declaraciones preocupantes, pues quieren abordar las situaciones desde la intervención (pura y dura) y no desde la prevención. Prevenir es anticiparse, adelantarse, actuar para evitar que ocurra algo que no queremos que pase… En el caso de la Alta Sensibilidad lo que buscamos es evitar los trastornos de ansiedad, el burnout, la depresión y tantos otros males de la sociedad moderna que se agolpan en las puertas de los centros de atención sanitaria. Y para ello debemos reconocer la individualidad de cada quién y saber acompañarlos desde su propia identidad. Por eso me asombran los profesionales que ofertan “curarte la sensibilidad”.  Hablan de la sensibilidad como “una mala época” algo transitorio que puedes “superar”. Y lo que me parece peor aún, ellos tienen la capacidad de quitarte la “sensiblería esa” que te impide alcanzar tu potencial (productividad en cultura occidental).

Esta forma de pensar es particularmente dañina teniendo en cuenta que en el fondo se le está diciendo a una persona que su temperamento (o forma de comportarse en el mundo, con una base genética y una relación particular con su entorno) está equivocado y que la única forma de progresar es el cambio, aún en contra de su naturaleza o su esencia.  Y así es como cada día proliferan centros de profesionales y pseudo-profesionales que tratan de decirte que hay un remedio para “esa terrible plaga” que es la alta sensibilidad. Y se promocionan con frases como:

“¿Se te saltan las lágrimas por lo más insignificante? ¿Te abruman las emociones?

¿El arte o la naturaleza te emocionan en exceso? ¿Llegas a empatizar tanto que incluso puedes sentir los sentimientos de los demás? ¿Te sientes abrumado por las multitudes, las luces brillantes o los perfumes fuertes? Malas noticias, o quizá buenas. Usted podría ser una PAS o una Persona Altamente Sensible. Esta categoría emergente afecta a entre el 15 y el 30% de la población y es la causa que evidentemente se interpone entre tú y  tus metas. En nuestro centro, usamos la última tecnología en estimulación trasncraneal para re-configurar esta condición y que vuelvas al camino.”

Reflexionando sobre el tema… Si esta es la respuesta de algunos profesionales de la salud mental (por suerte no todos, ni siquiera la mayoría), es decir, de personas que se mantienen informadas y actualizadas, imagina qué dirán los “vendehumos” que proliferan en la red. Sobre todo ciertos influencers, instagramers o periodistas sin escrúpulos que utilizando palabras claves que el algoritmo tiene de moda escriben incongruencias como la siguiente:

“Cuando me topé con el concepto de PAS en un post de Instagram, me sentí irritado y visto a la vez. La lista de las características que describían eran un espejo para mí. Me acosaron las dudas porque en realidad a veces soy un imán para los sentimientos ajenos. Por ejemplo, en una ocasión encontré una galleta gigante de chispas de chocolate en medio de la calle. La pobre solo tenía un mordisco por un lateral. Me la llevé a casa y le dibujé una sonrisa. Chispitas (como la llamé más tarde) estuvo sobre mi escritorio durante años y cada vez que miraba su carita valiente -la cara que yo había dibujado- se me saltaban las lágrimas. Cuando rompí con mi novia, los dos lloramos a mares por la custodia. Creo que ella también era PAS pero nunca había surgido el tema entre nosotros”.

¿Qué os puedo decir? Así es el mundo en el que vivimos. Un lugar en el que con la buena o mala intención de hacerse viral, siempre habrá argumentos para apoyar o ridiculizar un tema.
¿Y por qué aparecen estos ataques contra quienes trabajan el tema de la Alta Sensibilidad? ¿De qué parecen quejarse quienes ven el término PAS como una “moda de la generación de cristal”?
→ No, no. no, no… No se quejan de nada. Ni tampoco se sienten atacados o menospreciados por no saber reconocer que las personas pueden ser diferentes. No. Creo que el punto de incomprensión va más allá de eso. Me parece que en muchos casos solo son ganas de “montarse en el carro” de una terminología que cada vez es más tecleada en los buscadores. El término o el hashtag de “sensibilidad” tiene millones de entradas. Y si personajes como Alanis Morissette o Nicole Kidman se han identificado públicamente como PAS pues era cuestión de tiempo que muchos se subieran a la ola y surfeasen en el mar de la confusión. Y como lo de ser altamente sensible no es algo que se pueda fingir, pues si no puedes unirte a ellos…, los combates.

El objetivo final es estar dentro de la lista de las palabras claves de búsqueda de los algoritmos de las diferentes plataformas. De manera que al final ocurre lo que viene pasando desde hace un tiempo: la polarización. La tecnología nos muestra lo que más “nos apaña” según nuestras preferencias y nos oculta lo que asume que no nos gusta. Y así es como sabemos de un tema pero ignoramos el otro lado de la moneda. Así, vamos por el mundo creyendo que el planeta solo lo conforman 2 bandos: progresistas o conservadores, del Barça o del Real, de derechas o de izquierdas, pro y antivacunas, etc. Lamentablemente, con la idea de crear un mundo “más a tu gusto” las plataformas tecnológicas están logrando que la intolerancia y el grado de crispación aumenten cada día más. Y lo peor es que el objetivo final no es que “te sientas más gusto contigo mism@” sino que todo tiene una finalidad de mercadeo puro y duro (que es lo que hacen las plataformas de la red con tus datos y preferencias).  Tenemos que reconocer que la diversidad de opiniones es lo que le da “vidilla” a la estructura social pero si bien las polarizaciones están en la sociedad desde hace siglos, lo que es cierto que en los últimos años la tensión y división entre la sociedad ha ido aumentando debido a diversos factores. Entre ellos, la facilidad de acceso de toda la población a los medios de “desinformación”.

De hecho, desde PAS ESPAÑA si hay algo que hemos querido evitar desde nuestros inicios es promulgar una realidad sectaria. Es decir, hablar del rasgo de la Alta Sensibilidad como si se tratase de una lucha de minorías. No. Nada más lejos de nuestra visión. La realidad que buscamos es la re-integración del término sensibilidad en la sociedad dándole su justo valor como cualidad humana. A fin de cuentas todos los seres humanos tenemos nuestro grado de sensibilidad. En mayor o menor grado. Y esa cualidad es una de las partes esenciales de las relaciones interpersonales. Al dar a conocer el rasgo de la alta sensibilidad lo que se busca es ayudar a entender, a aceptar y a valorar a ese porcentaje de la población que por su configuración neuronal ve el mundo con otros filtros. Pero ni mucho menos se intenta promover un bando por encima de otro. Nuestro lema es compartir en lugar de competir. Pues a la hora de la verdad todos necesitamos de todos. Es por ello que hablamos de complementariedad. El carácter reactivo necesita del reflexivo y viceversa.

Sin embargo, parece ser que darle voz a la gente sensible que aparentemente siempre estuvo callada, ya no es del gusto de algunos renglones de la sociedad. Y que cada día haya más y más trabajos científicos que apoyen la diversidad por encima de un solo patrón de conducta (normalmente el agresivo como única vía al éxito) empieza a trastocar los planes de algunos de la rancia escuela de “todos somos iguales”. Y aquí están otras dos palabras claves: luchar por el igualitarismo o la equidad. Más abajo, te dejo un dibujo que resume claramente la idea.

Mientras, continúo poniendo frases de algunos de estos influencers que pretenden que sus seguidores sigan apoyando ideas como las siguientes:

“Nunca pensé que escribir sobre el tema de los ofendiditos me diera tantos comentarios en mis redes. Trato de contestar a todas pues veo que el tema da de sí. Y además es que algunas me hacen reír. Un chico afirma que su principal reto del día a día es: “¡Todos los aspectos de la vida! Es demasiado”. María, por su parte, siente los sentimientos de los demás, hasta el punto de que se entristece cuando otra persona está triste. Pero su principal problema son los ruidos. ¡Escribe RUIDOS en mayúsculas! Le pregunto: “¿Es posible que sólo tengas sentimientos y que los ruidos fuertes… te molesten?”, le respondo. (Quizá soy menos empático de lo que creo). Pero no se inmuta y vuelve al ataque en su descripción de todas las cosas que le abruman. La gente que se identifica con esta personalidad lo hace en distintos grados y, para algunos, es simplemente el término más disponible. Las personas creativas son más porosas (o piel fina). Pues PAS suena mejor ya que me ayuda a no sentirme un bicho raro porque me preocupa la última judía asada que queda en el plato.”

Sí. Puede que María solo tenga sentimientos. Pero en una sociedad que desde hace tiempo trata de ocultar los sentimientos y relegarlos a la categoría de debilidad desechable, pues no es raro que María sienta que ser empática sea ser el bicho raro de su entorno. Y si además, si no ha encontrado una persona que la acompañe a comprender y a gestionar sus emociones y sentimientos, no es de extrañar que María esté hecha un lío. Y en la medida en que esa situación se perpetúe en su entorno (sensibilidad ambiental) tampoco nos extrañe que María empiece a engrosar las listas de personas que sufren de ansiedad, depresión o de autolesiones. ¿Exagero? No lo sé. Puede. Pero los últimos informes en salud mental de nuestro país no parecen apuntar a que en temas de gestión emocional vayamos mejorando.

Todo este proceso de reconversión de las situaciones hacia un mundo más tolerante me recuerda a la época donde los fumadores tenían pleno derecho a fumar donde bien les venía en gana pues estaban “en su derecho”. Y allí estábamos los que el humo de tabaco nos dejaba con los ojos llorosos, la voz tomada y el olfato anulado. ¡Ahhh! Pero ni que se te ocurriera decir: “Por favor, ¿puedes fumar en otro lugar?”. Hacer valer tu derecho a respirar aire limpio era mal visto. Pero con el surgimiento de las leyes antitabaco otra canción suena. Y no, no estoy diciendo que haya que perseguir a los fumadores como si de la inquisición se tratase. Ellos tienen todo el derecho de perjudicar su salud como mejor deseen. Lo que no es loable es que perjudiquen la de los demás. Pues con la gestión emocional pasa lo mismo. Los que deseen vivir en un mundo agresivo, estresante y combativo están en su pleno derecho (más de una persona yace en su bonita y costosa  tumba por promover este ritmo de vida) pero que no intenten vestir de “normal” lo que hace “la mayoría”. El criterio de normal es siempre muy relativo y es otro término en el que no vamos a profundizar en esta entrada, porque más que un post de blog, parecerá que escribo un ensayo o disertación.

Pero seguiré aprovechando los comentarios de algunos de estos “periodistas” (los hay que, incluso, tienen hasta el diploma) que sí saben sacarle rentabilidad al tema de la polarización:

“La sobreestimulación es la bestia negra de los sensibles. Me pregunto si yo también lo soy…, ya que de hecho reacciono fuertemente a la cafeína y al alcohol, así que rara vez los bebo. A menudo tengo frío. Algunos ruidos me hacen perder la cabeza. Insulto a los motoristas de los que sospecho que han modificado sus tubos de escape para amplificar sus revoluciones y albergo oscuras fantasías sobre los perros asilvestrados que mis vecinos tienen en el patio y que ladran toda la noche. Pero quizás donde reacciono con más fuerza es a la cafeína y al alcohol (quizás porque no los bebo mucho). En cuanto al otro ejemplo, podría estar respondiendo tanto al egoísmo y egocentrismo de nuestra sociedad que a las molestias percibidas como ruido en sí mismo. Una candidata más obvia a esto de las PAS es mi mejor amiga, Victoria. Victoria se emociona cuando se le pide que imagine los órganos internos de su gato, así que a veces lo hago para divertirme un poco.” 

¡Puff! Hasta los tequeteques estará Victoria de oír  la “bromita”.

Al parecer la SPS tiene un problema de relaciones públicas ya que a quienes la exhiben les avergüenza hablar de ello y quienes no la exhiben se vanaglorian de ello. Y la realidad es que estamos más acostumbrados a ver sus inconvenientes que sus potencialidades. Y es así como en diversos discursos se les dice a las PAS que el punto está en que deberían “ser menos sensibles”.
Sin embargo, esto de cambiar la reactividad del sistema nervioso, no es tan fácil como lo pintan. Es como intentar ser menos alto. Los hombres son especialmente vulnerables al mito de la dureza, sobre todo en un mundo donde aún prevalece que el mensaje social tóxico de expresar sentimientos es igual a debilidad. De hecho, los pocos hombres que reconocen ser PAS lo hacen después de cierta edad. Es por ello que al día de hoy en la Asociación estamos más que orgullosos de que nos hayan contactado hombres (con todas sus letras) que nos cuentan que son PAS y que tuvieron la suerte de crecer en entornos que potenciaron su temperamento. Hombres que al día de hoy son exitosos empresarios que vieron que el gran valor que enriquecía sus vidas era la perspectiva de ayudar a los demás y que gestionando la emotividad no solo han logrado grandes éxitos personales y profesionales, sino que además son referentes de su comunidad. Algunos de estos hombres forman parte de nuestros comités (científico y social) y no se avergüenzan en lo más mínimo de comentar su rasgo en sus webs o redes.

No obstante, sigamos hablando de esto de reivindicar el poder manifestar que se es PAS.  La autora Susan Cain en su libro Quiet  señala que: “Las etiquetas son un arma de doble filo. Si alguien te pone una etiqueta, es doloroso. Si la eliges tú mismo, te da poder”.  Me pregunto si esto es siempre cierto. En una cultura de individualismo, tal vez el cuestionar el mérito de la autoidentificación es una herejía en los tiempos que corren. Es así como entre los detractores surgen cuestionamientos como el lanzado por el psicólogo clínico Fergus Kane: “¿Quién no querría ser PAS? A fin de cuentas es un conjunto de atributos casi totalmente positivos.” Sí, es cierto Fergus. ¿Quién querría identificarse con una forma de ser que está bastante machacada? Y nuevamente es aquí donde abogamos por la complementariedad. No es una idea de PAS (lista de virtudes) contra no PAS (lista de defectos). La idea es que hay espacio para todos, tanto para conductas más reactivas como para las más reflexivas. ¡La lucha es por la tolerancia! … espero que a este momento del texto ya nos hayamos dado cuenta.

¡Ojo! Y la tolerancia trata de buscar la equidad. No la igualdad.

De igual manera vuelvo a insistir. Que una persona descubra que es altamente sensible no la excluye de poder presentar signos y síntomas que hablen a favor de trastornos como la depresión, la ansiedad o el estrés post-traumático. Todos los diagnósticos antes mencionados sí que son trastornos patológicos que necesitan de tratamiento y que se pueden presentar tanto en PAS como los no PAS.  La autoidentificación tiene ante todo un valor no clínico: comprender cómo interactuamos con el mundo y sentir compasión por nosotros mismos. ¡Apúntate esta idea! Y en este texto no entraré en el tema de la autocompasión como una temática ligada al crecimiento personal y no solo como autoindulgencia que es lo que nos han querido vender siempre (aquí: tema para otro ensayo).

Una idea, un concepto o una condición llevada al extremo también trae consigo malentendidos. De hecho, me comentaba una colega que hace poco fue a un espectáculo de un sonado monologuista (me reservo el nombre del cómico) con la idea de pasar una velada de risas. Y sí, la disfrutó. Pero no dejó de llamarle la atención cómo el artista al principio de su espectáculo advirtió de que el contenido del espectáculo NO ERA APTO PARA PAS. La colega pensó para sus adentros: ¿entiende el término PAS?… Va a ser que no. Como tampoco lo entiende una participante de estos concursos de la televisión (estos que eliminan a concursantes por su “falta de ¿carisma?”) que renunciaba a seguir en el programa porque tenía la PAS. ¿La PAS?  Eso casi sonó como tener la peste, la viruela o cualquier otra enfermedad contagiosa. Y ya no digamos de presentadores de concursos similares que humillan en cámara a personas que deciden abandonar el show por el bien de su salud mental. ¡Ea! A ese presentador en particular la palabra empatía le debe sonar como gastropatía. ¡Señor, qué cruz!

Pero con la misma… vayámonos al otro extremo. ¿Se sostiene ya el mito de quitar la agresividad de nuestro medio a toda costa? Hace un tiempo se reveló que en la editorial Penguin se había contratado a “lectores con sensibilidad” pa

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