¿Sabías qué? Los libros de la biblioteca de Gaudí… - Obra Modernista de Antoni Gaudí en Barcelona | Torre Bellesguard

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La semana pasada fue Sant Jordi y recomendamos algunas lecturas relacionadas con Bellesguard. Hoy seguiremos el rastro de los libros del arquitecto. ¿Qué leía Gaudí? Una de sus frases más conocidas habla del libro de la Naturaleza: “El gran libro, siempre abierto y que hay que esforzarse en leer, es el de la Naturaleza”. Pensamiento que reiteró con otra frase popular: “¡Aquel árbol cercano a mi taller: este es mi maestro!”. Ahora bien, Gaudí tuvo otros maestros, todos ellos dentro del ámbito religioso (véase: los amigos espirituales de Gaudí), y también leyó otros libros. ¿Queréis conocer su biblioteca?…

1888-1893. Astorga, obra y conversaciones
Como hemos anticipado, la Naturaleza no fue la única fuente de inspiración de Gaudí. Él mismo lo expresó de la siguiente manera: “También me admira el tacto exquisito con que la Iglesia emplea todos los estilos y recibe el homenaje de todas las artes. La Iglesia se sirve de todas las artes, tanto de las del espacio (arquitectura, escultura, pintura, orfebrería…) como de las del tiempo (poesía, cantos, música…). La liturgia cristiana nos da lecciones de la más delicada estética pura” (1).

Podemos detectar una de las primeras señales de esta creencia en las apasionadas conversaciones que el arquitecto mantuvo con el obispo de Astorga, durante la construcción del Palacio Episcopal de Astorga (1889-1893), León. Allí, el obispo Joan Grau i Vallespinós, nacido en Reus y amigo desde hacía tiempo, instruyó a fondo sobre la liturgia católica al arquitecto Antoni Gaudí. En aquella época, la religión católica recibía aires de renovación gracias a la publicación de una especie de enciclopedia religiosa muy influyente: L’Année Liturgique de Dom Prosper Guéranger, abad de Solesmes, en Francia. Esta voluminosa obra se convertiría, quizá, en el libro más consultado por Gaudí. Él mismo hace una confesión inequívoca: “No he leído nada de lo que dice Bréhier (historiador francés especialista en iconografía bizantina), en las summae, en las specula, ni en las obras de simbolismo medieval. He aprendido la liturgia viva siguiendo el ciclo anual de la Iglesia con los quince densos volúmenes de Dom Guéranger” (2). Libro que, por cierto, Gaudí leía en francés.

Alrededor de esta época, otro libro destacado en la obra de Gaudí fue Las Moradas o el Castillo Interior de Santa Teresa de Jesús, obra cumbre de la literatura mística del Siglo de Oro español y el principal motivo de inspiración detrás de la edificación del Colegio de las Teresianas (1888-1890). Por cierto, Gaudí también mantuvo largas conversaciones con Enric Ossó, el promotor de esta obra y amigo común con el obispo Joan Grau. Dicho de otro modo, las lecturas del arquitecto a menudo estaban enmarcadas dentro de amenas tertulias con amigos que, a la vez que mentores, eran clientes.

1911. Convalecencia en Puigcerdà

Conocemos otras lecturas de Gaudí a partir de uno de los episodios más fascinantes de la vida del arquitecto: su convalecencia de unas fiebres de Malta en Puigcerdà, en la primavera de 1911. En un momento, el estado de su salud fue tan crítico que se llamó a un notario local para que redactase su testamento. Por fortuna, el moribundo se recuperó poco a poco, gracias a las atenciones de su amigo, el doctor Santaló (véase: las enfermedades de Gaudí). De aquella estancia han sobrevivido los siguientes relatos.

Primer relato: San Juan de la Cruz
De nuevo, dejamos que el propio Gaudí cuente la anécdota: “La fachada actual de la Pasión la proyecté en el dolor, en 1911, cuando estaba enfermo en Puigcerdà, y donde llegué a estar tan grave que, al meterme en el baño, oí que una de las personas que me sostenían decía en voz baja: ¡Ha fenecido! La convalecencia fue larga y tenía como enfermero a un religioso camilo castellano, de Castilla la Vieja, paisano de san Juan de la Cruz, cuyas obras me iba leyendo.

La poesía del santo, que tan bien leía el religioso, no solo me consolaba, sino que iba templando mi espíritu para continuar meditando sobre el portal de la Pasión, que finalmente dibujé sobre el papel. Como la convalecencia fue larga, tuve tiempo para estudiar y meditar dicho portal” (3).

Segundo relato: Verdaguer, Casanovas, Kempis, Torras i Bages…
Poco a poco, el doctor Santaló permitió que los principales amigos visitaran a Gaudí, como Lluís Millet, el músico con quien el arquitecto compartía la pasión por el canto gregoriano, uno de los puntos centrales de la renovación litúrgica que hemos mencionado antes (véase: retorno a los orígenes musicales).

Retorno a los orígenes musicales

La música en temps de Gaudí: retorn a l’origen…  

Esta vez, la anécdota nos la cuenta un biógrafo del maestro: “El período de descanso también le permitió el lujo de dedicarse a la lectura. Seguía teniendo a mano, como siempre, L’Atlàntida y Canigó, de Verdaguer, así como el Misal Romano, el Antiguo Testamento, una colección de ensayos de Ignasi Casanovas, La Imitación de Cristo, de Thomas Kempis, y La Ciencia de sufrir, de Torras i Bages” (4). Este último autor, por cierto, era uno de los principales amigos espirituales de Gaudí, junto con Joan Grau y Enric Ossó. El otro era Verdaguer, cuya obra fue una fuente de inspiración constante en la obra de Gaudí, incluyendo Bellesguard (véase: el jardín poético).

1921. Un periodista visita el taller del artista

Gaudí estaba al corriente de las noticias y de los acontecimientos que ocurrían en el mundo a través de la lectura diaria que hacía de La Veu de Catalunya. Pues bien, un periodista de esta publicación visitó el taller de Gaudí en la Sagrada Familia, en el año 1921, y escribió: “Entre los libros más a mano, en su mayoría litúrgicos, que se ven cerca de la mesa de Gaudí en la Sagrada Familia, destaca especialmente el Caeremoniale Episcoporum, el código protocolario de la Iglesia de Roma. En este libro, publicado por el papa Clemente VIII (año 1600), se recoge toda la tradición romana de las ceremonias celebradas con orden solemne” (La Veu de Catalunya, 24-XII-1921).

En resumen, Gaudí sintió una gran admiración por el gran libro de la Naturaleza, pero no fue el único. Con todo, en el fondo, liturgia y Naturaleza eran lo mismo: una manifestación de Dios. Todas las lecturas del maestro, a menudo relacionadas con sus principales amigos y clientes, le permitieron crear una arquitectura plena no solo de formas admirables, sino también de sorprendentes significados. ¡Al final, sus edificios se han convertido en la fuente de inspiración de innumerables libros!

Notas

(1) Puig‑Boada, Isidre (1980) El pensamiento de Gaudí. Compilación de textos y comentarios, Barcelona, Publicacions del Col·legi d’Arquitectes de Catalunya, p. 201.

(2) Ibíd., p. 218‑219.

(3) Ibíd., p. 200.

(4) Hensbergen, Gijs van (2002), Antoni Gaudí, Debolsillo, Barcelona, p. 272.

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