Dos tópicos muy comunes en la profesión periodística han ganado gran popularidad, aunque nosotros mismos sabemos que son falsos. Uno es considerar el verano como un período sin noticias; otro, es ese ideal del periodista que sigue informando casi hasta el último día de su vida.
Lamentablemente, este no fue el caso de Miguel Ángel Belloso, quien nos ha dejado a los 61 años. Una enfermedad lo mantuvo recluido durante sus últimos meses y tuvo que conformarse con un rol que nunca le fue propio: el de espectador pasivo.
Miguel Ángel fue muchas cosas, como lo atestiguan los mensajes de despedida aparecidos hoy en medios y redes sociales, pero pasivo nunca fue una de ellas. No lo fue cuando comenzó en la profesión, ganando alguno de los premios más prestigiosos del periodismo económico. No lo fue como director de Expansión, donde respaldó y protegió a sus periodistas para publicar exclusivas de gran impacto. Tampoco lo fue en su dirección de Actualidad Económica, a la que condujo hasta su cincuentenario. Y definitivamente no lo fue en su última etapa como columnista y tertuliano en Voz Populi, OK Diario y la cadena COPE, donde siempre cumplió con sus compromisos y nunca dejó un acontecimiento importante sin cubrir.
Existe una tercera creencia sobre el periodismo: su evanescencia. Lo que se publica o emite hoy, se olvida mañana, y en estos tiempos, quizá incluso antes. Este tópico es cierto, aunque no del todo. Porque el trabajo de un periodista perdura en las enseñanzas que deja a quienes vienen después, en la ayuda y el conocimiento que brinda a quienes trabajaron con él y bajo su batuta. Esa parte del legado de Miguel Ángel Belloso sigue viva en docenas de profesionales.
Descansa en paz, Miguel Ángel.