ACOM (Acción y Comunicación sobre Oriente Medio) se hace eco de la acción legal presentada por nuestro cofundador David Hatchwell contra el abogado Rubén Gisbert Fraile, titular de la cuenta verificada @gisbert_ruben, por calumnias, injurias e incitación al odio, tras meses de publicaciones que lo señalan individualmente por su condición judía.
Durante meses, Gisbert ha presentado a Hatchwell como «línea directa» con servicios de espionaje, como financiador de la compra de voluntades políticas y mediáticas, y como cabeza de un supuesto entramado de desvío de fondos públicos. Son imputaciones de conductas delictivas, formuladas como hechos, sin una sola prueba que las sostenga. A la vez, lo ha descrito como «este ser», como «la infección de España» y como «enemigo de todos los valores cristianos» — pese a que Hatchwell preside la Fundación HispanoJudía y ha dedicado buena parte de su trayectoria pública al diálogo entre las comunidades judía y cristiana en España, con diversos proyectos junto a la red educativa católica Scholas Occurrentes y el Centro de Estudios Judeo-Cristianos, incluida una audiencia con el Papa Francisco. La inversión no es casual: cuanto más se acredita el compromiso real de una persona, más necesario resulta para este discurso presentarla como su opuesto exacto.
No es un ataque aislado a un empresario con el que se discrepa. Es el mecanismo que ACOM lleva años denunciando: convertir a una persona concreta en la personificación de un poder oculto que «controla» la política y la sociedad españolas, hasta reducirla a un símbolo antes que a un individuo. El propio Gisbert cerró uno de sus hilos con la fotografía de Hatchwell superpuesta a una Estrella de David — la imagen deja de referirse a un empresario y pasa a referirse a un judío como tal.
El mismo perfil ha terminado revelando la naturaleza de ese señalamiento. En publicaciones de agosto, Gisbert cuestionó abiertamente la posibilidad material de las cámaras de gas de Auschwitz y calificó el relato del Holocausto de «exageración» y «proyección política del vencedor», mientras acusaba al sionismo de protagonizar hoy un «verdadero Holocausto». No es casualidad que quien dedica meses a señalar a un ciudadano judío por nombre y apellido sea también quien cuestiona el genocidio histórico contra los judíos: es la misma lógica, aplicada primero a una persona y después a todo un pueblo.
Cuando alguien es presentado de forma sostenida y con alcance masivo como el rostro visible de una conspiración, se le expone a un riesgo real que va mucho más allá del debate público. ACOM acompaña a su cofundador en esta acción y seguirá defendiendo a cualquier ciudadano judío español señalado por su identidad, venga el ataque de donde venga y se disfrace del pretexto que se disfrace.